2019: un año de resistencia global

No hay ofensiva sin resistencia y la agenda internacional no será una excepción. Donald Trump, con sus acciones, gestos y declaraciones está menoscabando el multilateralismo, pero también unas alianzas y unas normas que su país contribuyó a construir hace más de 70 años. ¿Qué agencias o tratados abandonará Estados Unidos en 2019? ¿Cuál será el desprecio más sonoro contra los aliados? ¿Qué tuit incendiará la agenda internacional? En 2019 podremos empezar a valorar si el daño es irreparable o si, por el contrario, está reforzando las defensas en el resto del sistema. En el mejor de los casos, lo que aumentará es la conciencia de cuán peligroso es que la única regla válida sea la del más fuerte.

También genera resistencias el auge de movimientos políticos y sociales que invitan a escoger entre seguridad para nosotros o derechos para el resto. Si en 2011 una ola de protestas emancipadoras atravesó medio mundo –¿se acuerdan de la Primavera Árabe?–, desde 2016 se entró en una fase de repliegue. Brexit, Trump o Bolsonaro son tres buenos ejemplos de su plasmación en la agenda internacional. En 2019 veremos si la tendencia se mantiene. Las elecciones europeas de mayo o a las canadienses de octubre serán dos laboratorios importantes. Un destello de optimismo sería si en éstos u otros comicios se consolida un fenómeno observado en las elecciones al Congreso de Estados Unidos de 2018: la emergencia de figuras carismáticas que ofrecen un nuevo relato, una alternativa positiva, que se reivindican en la diversidad y que, en vez de conformarse en la defensa de derechos amenazados, apuestan por ampliarlos. Son viejos combates con protagonistas renovados, entre los que el feminismo volverá a marcar el rumbo.

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Resistencia es lo que tendría que haberse desarrollado para afrontar en mejores condiciones la próxima crisis económica. En 2019 se discutirá intensamente sobre cuándo estallará, sobre cuál será el detonante y si se han aprendido las lecciones de la crisis anterior. Se especulará sobre los riesgos del enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China, sobre el contagio desde y entre las economías emergentes o sobre los flancos débiles de la construcción europea. Y mientras tanto, se lamentará que no se hayan tomado medidas para reducir los efectos de la próxima turbulencia económica, para reducir el volumen de todo tipo de burbujas o para aliviar los estragos de la crisis anterior en forma de fracturas generacionales o territoriales.

Resistencia es no olvidarse de conflictos que, en algunos casos, llevan años abiertos. En 2019 volverán a ponerse sobre la mesa propuestas de paz cuyo objetivo no será el fin de la violencia, sino su contención. Podríamos hablar de Yemen, Siria, del conflicto árabe-israelí o el de Sudán del Sur. Cunde la fatiga y se rebajan las expectativas. Además, no sólo se están normalizando los conflictos, sino también sus efectos: catástrofes humanitarias, estados fallidos o desplazamientos forzados, entre muchos otros. Resistencia será acordarse de éstas y otras víctimas. Hay muchas violencias que a menudo tienen difícil encaje en la lógica clásica de los conflictos armados. Y una cicatriz de estas violencias son los muros que se erigen por doquier. En 2019 se celebrará el 30º aniversario de la caída del muro de Berlín, pero otras vallas seguirán alzándose y fortificándose, a menudo por encargo de otros países que intentan mantener los efectos de la violencia lo más lejos posible de sus territorios.  

Resistencia es intentar romper las barreras del tribalismo digital. Si en años anteriores hemos hablado de posverdad y de desinformación, en 2019 centraremos la atención en las cajas de resonancia, en la creación de identidades digitales alimentadas por el consumo de información y opinión que reafirma las creencias propias y desprecia al que piensa distinto. Los intermediarios están en crisis: la política profesional, los expertos o el periodismo, entre otros muchos. Sin confianza y sin otra lealtad que a la tribu propia, es cada vez más difícil articular respuestas para abordar colectivamente los retos no sólo en la agenda global sino también en la local.

Y, para terminar, una pequeña curiosidad. Cien años atrás, conmovidos por los costes de la Primera Guerra Mundial, varios expertos empezaron a reflexionar sobre la necesidad de articular otro tipo de relaciones internacionales. En una cena celebrada en París el 30 de mayo de 1919 surgió la idea de crear dos de los principales think tanks globales: Chatham House en Londres y el Council for Foreign Relations en Nueva York. Y por esas fechas también se fundó en Aberystwyth, en el País de Gales, el primer departamento universitario dedicado a la política internacional. En 2019 seguirá siendo necesario comprender qué fuerzas mueven el sistema internacional y cómo pueden encontrarse mecanismos que promuevan la cooperación y reduzcan el riesgo de conflicto. Luchar por unas relaciones internacionales más justas y más cooperativas volverá a ser un acto de resistencia.

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