4.427: entre la barbarie nazi y el olvido

El Boletín Oficial del Estado (BOE) del pasado 6 de agosto publicó un edicto de la magistrada-juez encargada del Registro Civil Central al que acompañaba una lista de 4.427 nombres de republicanos españoles asesinados en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen. El 5 de mayo de 1945, las tropas de los Estados Unidos liberaban estos centros de la barbarie nazi bajo la célebre pancarta escrita en castellano y situada en lo alto de la entrada de Mauthausen: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras».

Ha pasado la friolera de 74 años para que en España, en un documento de publicidad de los actos del poder público, a través del diario oficial en el que se expresa la voluntad del Estado, se den a conocer las defunciones de ciudadanos que nunca fueron inscritas en el Registro Civil. Han transcurrido nada menos que 41 años desde que se restauró la democracia con la Constitución de 1978. Que la dictadura franquista hiciese caso omiso de los oficios recibidos en 1951 de Francia proporcionado esos datos, para acto seguido arrinconarlos en el registro de la calle de la Montera en Madrid, resultaba coherente con la miseria moral de un régimen de infausto recuerdo. Una miseria que, en este caso, ejemplificó Serrano Suñer, a la sazón ministro de la Gobernación, quien, con la colaboración de Pétain, acordó con los nazis que los españoles refugiados en el sur de Francia fuesen a parar a los campos austríacos. Y cual apátridas, lisamente los ignoró cuando, acabada la II Guerra Mundial, los campos de concentración fueron liberados por las tropas aliadas.

Pero lo que de ningún modo resulta admisible es que, hasta ahora, los diversos gobiernos democráticos surgidos tras primeras elecciones del 15 de junio de 1977 no hayan hecho nada al respecto. Unos, a pesar del largo tiempo transcurrido con responsabilidades ejecutivas, por una incomprensible omisión política dada su tradición republicana. Otros, con menos escrúpulos respecto al pasado franquista, con el obsceno argumento que esto de la memoria democrática no le interesa a la gente; que le preocupan otros problemas y, además, divide a los españoles.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

La aplicación efectiva y no retórica de la llamada Ley de Memoria Histórica de 2007, a pesar de su tardanza y limitadas pretensiones, fue un positivo punto de partida que, junto con las iniciativas llevadas a cabo por diversas comunidades autónomas, debía y debe de permitir la reparación moral y política de la dignidad de las víctimas de la barbarie y del menosprecio que significa el olvido. Y no sólo eso, sino también de dar sentido, desde el Estado y los poderes públicos representativos que lo conforman, a la memoria de la cultura democrática de la lucha contra el fascismo que encarnaron los casi 10.000 republicanos españoles recluidos en los campos de concentración nazis. Y, por supuesto, también de los muchos que pasaron y murieron en los que el régimen de Franco creó en la postguerra.

Hablamos de unos republicanos que, después de alcanzar territorio francés tras la victoria militar de Franco (con el imprescindible apoyo de Hitler y Mussolini), lucharon contra el fascismo hasta que ejército del III Reich ocupó Francia. Y hablamos también de una Francia de la III República de León Blum y después de Daladier que, junto a la Gran Bretaña de Churchill y posteriormente de Chamberlain, dejaron al pie de los caballos primero a la República de Checoslovaquia, con el vergonzoso pacto de la política de apaciguamiento (Munich,1938), y después a la II República española; por un lado al impedir la venta de armas a los gobiernos de Largo Caballero y Negrín y, por otro, al facilitar la exportación de ingentes toneladas de petróleo a la rebelión de Franco.

Ambas repúblicas eran regímenes democráticos abandonados a su suerte por las democracias occidentales y los Estados Unidos que se quedaron mirando para otro lado; y cuando las tropas americanas –¡¡no el ejército francés¡¡, ni tampoco sólo los parisinos a los que invocaba De Gaulle en un demagógico discurso– liberaron París en mayo de 1945. En aquel París que –no se olvide- no opuso resistencia en junio de 1940 al ejército hitleriano, entre aquellas tropas que entraron por la Porte d’Orleans el 25 de agosto de 1944, integrados en la División Leclerc, se encontraban tanques con republicanos españoles que ondeaban la bandera tricolor de la II República y de Francia.

Ésta fue una digna y gloriosa colaboración de ciudadanos españoles, y entre ellos de tantos y tantos ciudadanos catalanes, a la liberación de París y a la derrota del fascismo. No eran apátridas, como los consideraba Serrano Suñer; dato elemental que no debiera ser ignorado por nadie, y menos por el actual titular de la Presidencia de la Generalitat, tras las recientes y ominosas afirmaciones realizadas acerca de la contribución española en la II Guerra Mundial, impropias de la dignidad que merece la institución política que preside.

Con la publicación del edicto, se abre un plazo para que descendientes de los fallecidos presenten las alegaciones que crean oportunas. La devolución de la dignidad que comporta la publicación de sus señas de identidad, fecha y lugar de la muerte, ha de servir para que estas personas abandonen el limbo jurídico en el que se encontraban en su propio país; además de ampliar el listado de víctimas de los campos nazis, con la necesaria colaboración entre todas las administraciones públicas, entre las cuales es preciso retener la importante labor llevada a cabo por el Memorial Democràtic de la Generalitat de Catalunya, creado por el Gobierno tripartito en 2007 bajo la dirección del entonces conseller Joan Saura.

En la política memorialística de las administraciones públicas, los símbolos tienen también relevancia. El edicto del BOE, aunque tardío, la tiene como reparación y respeto a las víctimas frente a la barbarie y el olvido local.

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.