México 2019 – El contexto de una elección de luna de miel

El domingo 2 de junio se realizarán elecciones en seis estados de la República Mexicana, y se espera que el partido a cargo de la Presidencia de la Nación, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), continúe capitalizando la inmensa popularidad del presidente, Andrés Manuel López Obrador.

En dos estados se disputa la gobernación: Baja California y Puebla. En Aguascalientes y Durango, se escogen alcaldías. En ,Quintana Roo y Tamaulipas se renuevan las legislaturas locales.

Hasta 2018, en los seis estados la competencia había sido principalmente entre el histórico Partido Revolucionario Institucional (PRI, en el gobierno federal entre 1920 y 2000, y nuevamente con Enrique Peña Nieto, de 2012 a 2018, de centro), y el Partido Acción Nacional (PAN, en el gobierno federal entre 2000 y 2012, de centro-derecha), con un papel marginal para el partido de izquierda más importante, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que fuera miembro prominente el actual presidente (al borde de llegar al poder ya en 2006, en una controvertida y ajustada elección que otorgó la presidencia al PAN).

En todos estos estados la última elección fue ganada por una candidato o candidata postulado por el PAN. En Quintana-Roo y Puebla el PAN triunfó en coalición electoral con el PRD. Estos partidos ya habían presentado candidaturas en común durante los noventa, cuando eran vistas como un medio para expulsar al PRI del poder, que entonces ejerció un control hegemónico sobre los procesos electorales.

Lo que inicialmente fue una estrategia de democratización por vía electoral, en años más recientes se convirtió en un intento de estos dos partidos de ofrecer una alternativa eficaz a la ofrecida por López Obrador y su partido. Así, el acuerdo por el que el PRD y el PAN postularon al panista Ricardo Anaya como candidato a la presidencia en 2018 incluyó acuerdos de coalición para distintas elecciones locales. Bajo esta modalidad obtuvieron el triunfo en Quintana Roo en 2016 (postulando a un ex priista) y en Puebla en 2018, con la candidatura de la panista Marta E. Alonso.

El triunfo de Alonso fue particularmente notable porque la elección al gobierno de Puebla se celebró el mismo día de la elección presidencial y López Obrador obtuvo en el estado más de la mitad de los votos (como en el país). Alonso consiguió el 38% de la votación frente al 34% del candidato de Morena, Miguel Barbosa.

Sin embargo, en diciembre pasado Alonso, ya en la gobernación, falleció en un accidente de aviación. En las elecciones extraordinarias del 2 de junio Barbosa repite como candidato de Morena, pero esta vez como claro favorito: la encuesta más reciente le asigna una intención de voto del 54%, 16 puntos porcentuales más que el candidato del PAN-PRD, Enrique Cárdenas.

Baja California es un caso especial desde el punto de vista simbólico. En 1989 se convirtió en el primer estado mexicano en el que el PRI perdió una elección. A partir de ese año, el PAN ha obtenido el triunfo en todas las elecciones para gobernador. La última de ellas le dio el triunfo al actual mandatario, Francisco Vega, cuyo gobierno es visto como incompetente y corrupto. Tal vez por esto, en las elecciones presidenciales el porcentaje de votación que López Obrador obtuvo en el estado fue incluso superior al nacional, con 63%, mientras que los candidatos de su partido al Senado obtuvieron el 57.3%. Uno de los senadores así electos, Jaime Bonilla Valdez, es el candidato de Morena al puesto de gobernador. Se proyecta que obtenga un triunfo holgado, con una votación de al menos el 50%.

En el resto de los estados, donde se eligen alcaldías o asambleas legislativas, las particularidades de cada localidad podrían tener un papel más relevante. Por ejemplo, ocho de los once alcaldes de Aguascalientes se presentan a reelección, y cada gestión posiblemente tendrá una influencia en el resultado que no depende de las circunstancias de la política nacional. Sin embargo, el grado en que Morena obtenga alcaldías en Aguascalientes y en Durango será una medida del incremento de su fuerza como opción electoral, pues en las elecciones anteriores (de 2016) no consiguió una sola en ninguno de estos estados. Por otro lado, la reciente reducción de la criminalidad en Tamaulipas, uno de los estados que más ha sufrido por la violencia del crimen organizado, es un factor de naturaleza local que tal vez proporcione a Morena una ventaja adicional.

El triunfo de Morena en las elecciones del 2 de junio, especialmente en las dos gubernaturas, reforzará las percepciones de solidez del apoyo popular al mandato del presidente. Asimismo, constituirá un avance en la consolidación del partido como la principal fuerza electoral del país, lo que es un logro especialmente importante si se considera que el partido fue registrado en 2014.

Morena se beneficia del arrastre de López Obrador, cuyo gobierno cuenta con la aprobación de cerca de dos terceras partes de la población. No sólo desplazó al PRD hacia la irrelevancia al ocupar el lugar de la principal fuerza de la izquierda electoral mexicana, sino que además fue el candidato preferido de los independientes en momentos de declive del atractivo de los partidos políticos. Una cuidada imagen de austeridad y honestidad personales le otorgan una considerable credibilidad frente al resto de la clase política tradicional, a la que se tiene como corrupta y cínica, idea que proviene de tiempo atrás pero que se acentuó bajo la presidencia del priista Enrique Peña Nieto.

El efecto electoral de la figura del presidente fue en parte reconocido por la autoridad electoral mexicana, el Instituto Nacional Electoral (INE), cuando ordenó suspender la transmisión de las conferencias de prensa que el presidente imparte todas las mañanas. Estas conferencias le han servido como un medio para dar a conocer decisiones, difundir sus puntos de vista y, no pocas veces, confrontar a sus adversarios partidistas y de la misma prensa. Asimismo, le sirven para justificar decisiones polémicas, como son los considerables recortes al gasto, con efectos como reducción del personal en diversas oficinas y problemas en el funcionamiento en servicios tan importantes como el del sector salud.

Las elecciones del próximo 2 de junio, así, posiblemente darán cuenta del grado en que la población confía en el presidente y la dirección hacia la que se dirigen sus políticas.

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