A la búsqueda del votante federal en Cataluña

Hace menos de dos meses, aunque parezca una eternidad, se presentaba el denominado ‘catalanismo no nacionalista’, reunido en Barcelona en aras de articular una alternativa electoral que integre a diferentes ofertas partidistas del ámbito catalanista no independentista y no soberanista. Era una especie de alianza de concentración con la que mitigar la alta polarización presente en Cataluña y la política unilateral que está llevando a cabo la Generalitat; con postulados moderados y centristas, sobre la base del reconocimiento y la defensa de la identidad nacional catalana y el autogobierno presentes en el Estatut. Además, defienden que la Comunidad Autónoma debe poseer una fiscalidad propia, con una justa financiación que garantice la equidad y la contribución al resto del Estado español.

Sin embargo, no queda claro qué organización territorial proponen y qué encaje debe tener Cataluña, si atendemos a que éste es el principal debate del conflicto existente. Por los postulados antes mencionados, se puede vaticinar que esta nueva oferta electoral tiene por objeto atraer al elector medio catalán, ése que podemos entender como no nacionalista, con sentimientos identitarios duales (tan catalán como español) y duales asimétricos (más catalán que español) y que desea mayores cuotas de autogobierno. Es decir, un votante de tipo federal.

En una investigación reciente hemos abordado a ese votante, considerado por diversos analistas como la solución al laberinto catalán. La principal característica de este elector estriba en que se posiciona en contra del proceso soberanista pero, en cambio, considera que la autonomía de Cataluña es insuficiente. Además, su identidad nacional es elástica, puesto que fluctúa entre la dual hasta la exclusiva catalana, constatando que poseer sentimientos identitarios exclusivos no conlleva necesariamente una alineación de ruptura con el Estado.

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En primer lugar, en Cataluña la articulación de la identidad nacional ha estado ligada principalmente al reconocimiento por partes iguales del sentimiento catalán y español, lo que se conoce comúnmente como identidad dual o híbrida. Como se observa en el gráfico 1, los niveles de identidad dual han prevalecido de manera sustancial (en torno al 50%), seguidos de los de la identidad dual asimétrica y, desde 2012, de la catalana exclusiva. De manera residual, se pueden encontrar las identidades exclusiva española y la española asimétrica.

Por otra parte, el gráfico 2 muestra las fluctuaciones entre las diferentes alternativas de relación entre el Estado y Cataluña. Se aprecia cómo, a medida que van disminuyendo las alternativas statu quo y federalista, desde 20102 aumenta exponencialmente la de un Estado independiente. No obstante, las valoraciones por un modelo federal se han mantenido por encima del 20% del electorado catalán desde 2006.

Tanto la existencia de identidades anidadas y exclusivas como el deseo por nuevas formas de organización territorial configuran pre-condiciones suficientes para la articulación de alternativas federales que puedan superar el estancancamiento del conflicto territorial. Por ello, es pertinente un análisis sobre el votante federalista en el sistema político catalán que nos lleve a considerar si existe espacio electoral para una nueva oferta partidista.

En el gráfico 3 presentamos el mapa de ubicación en función de las preferencias de organización territorial y según la auto-ubicación en la escala nacionalista (eje vertical) e ideológica (eje horizontal). Como se puede observar, se produce una distribución lógica en el espacio de los diferentes grupos de electores, pero ello no impide las dinámicas de fluctuación entre las distintas posiciones de los dos ejes. Es más, observamos zonas de solapamiento y confluencia entre independentistas, federalistas y defensores del ‘statu quo’, estableciéndose espacios de amplia concurrencia.

Para el votante federalista, observamos cómo es capaz de ocupar posiciones en todos los cuadrantes, en mayor o menor medida, lo que favorece su transversalidad ideológica e identitaria. Esta transversalidad impide, lógicamente, una identificación más clara con algunas de las formaciones políticas catalanas, más aún en un escenario tan polarizado como el actual; aunque bien es cierto que podría favorecer un tránsito hacia una nueva opción de moderación en estos ejes.

Por último, presentamos una sucinta descripción de análisis marginales para el elector federal en función del nivel de autonomía existente en Cataluña (figura 1); a favor o en contra de la independencia (figura 2); identidad subjetiva (figura 3); y la escala españolista/catalanista (de 1 a 10, donde 1 significa máximo españolismo y 10 máximo catalanismo, en la figura 4). Así, podemos observar cómo existe una mayor probabilidad de decantarse por la opción federalista cuando el elector considera que Cataluña posee un insuficiente nivel de autonomía.

Este rechazo hacia el statu quo en materia competencial contrasta paradójicamente con el segundo de los resultados de los análisis marginales, donde se produce un manifiesto rechazo a la independencia. Estos dos hechos sugieren que el rechazo a una Cataluña independiente no exime de desear un modelo diferente al actual, en el que el territorio pudiera tener cuotas mayores de autonomía y un reconocimiento diferenciado.

Por lo que respecta a la identificación identitaria, el análisis demuestra que, según se identifique con la catalana, mayor propensión habrá a decantarse por un modelo federal tanto en la identidad dual como en la exclusiva. Por último, y nuevamente de forma paradójica, se detecta que en las posiciones más catalanistas en la escala nacionalista disminuye de forma considerable el deseo de una relación federal entre Cataluña y España, constatando pues que este elector no se identifica con postulados nacionales catalanes.

Este análisis ha intentado evidenciar que existe una alternativa o ‘tercera vía’ al polarizado conflicto catalán que hasta la fecha no se ha reflejado en los debates mediáticos. Los nuevos movimientos políticos catalanes, como refleja el catalogado catalanismo no nacionalista, llevan a considerar que existe un espacio inexplorado que puede surgir como modelo intermedio o moderado. Nuestros datos apoyarían el surgimiento de una nueva formación y su necesidad de competir en un espacio federal, por el momento, huérfano de opciones claras de representación. Más aún cuando este elector rechaza las posiciones nacionalistas y soberanistas actuales, pero reconoce su identidad exclusiva catalana y la falta de mayores niveles de autogobierno para el territorio. ¿Estamos presenciando la puesta en marcha de una alternativa marcadamente federalista? En poco tiempo la sabremos.

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