A quién afecta más el paro en Estados Unidos

El pasado 2 de octubre se publicó uno de los últimos informes sobre la situación de la economía estadounidense que conoceremos antes de las elecciones del 3 de noviembre: el relativo al comportamiento del mercado de trabajo del mes de septiembre. El otro será el avance del Producto Interior Bruto (PIB) del tercer trimestre, a finales de octubre.

El mercado de trabajo refleja con claridad la contundencia del impacto económico de la pandemia sobre la economía estadounidense, sobre todo en los meses de abril y mayo. Y también muestra la recuperación que ésta ha experimentado a partir de entonces. Sin embargo, como veremos, esa recuperación no ha sido completa, puede estar ralentizándose y no ha afectado por igual a todos los grupos de edad, de género, étnicos o de educación. Y ello podría influir en el sentido del voto, en un contexto, además, de fuerte incertidumbre sobre el futuro inmediato en cuanto a la evolución de la pandemia y a las expectativas de recuperación económica.

Antes de la pandemia, la tasa de paro en Estados Unidos se encontraba en el 3,5%, la más baja desde los años 60. La llegada de la Covid-19, y de las medidas de confinamiento adoptadas, la elevó en abril a su máximo histórico, el 14,7%, lo que supuso alcanzar una cifra de más de 23 millones de parados. El aumento del desempleo afectó a todos los grupos sociales y de edad, pero con más intensidad a los jóvenes entre 16 y 19 años, las mujeres, los hispanos y los afroamericanos; y, además, la incidencia fue mayor cuanto menor el nivel de educación. Por último, sólo en el mes de marzo se destruyeron más de 20 millones de empleos no agrícolas.

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Desde entonces, la evolución del mercado de trabajo ha sido positiva, en paralelo a la recuperación de la actividad ligada a la reapertura gradual de la economía y a las medidas de política económica adoptadas. Así, estos cinco meses han registrado caídas continuadas en el número de desempleados, un total de casi 10,5 millones parados menos, y de la tasa de paro, que en septiembre se situó en el 7,9%. Además, se han recuperado algo más de la mitad (unos 11,4 millones) de los más de 20 millones de puestos de trabajo destruidos en marzo. Por último, estas cifras, de forma consistente, cada mes, han superado las expectativas y corroboran el dinamismo y la capacidad de recuperación de la economía norteamericana.

Sin embargo, la recuperación, sin duda afectada por la incertidumbre sobre la duración de la pandemia, no ha sido completa: siguen sin alcanzarse los niveles previos a marzo en ninguna de las variables analizadas y la situación, por segmentos de población, es muy dispar. Ello se traduce en un consumo aún débil y en una recuperación que puede estar debilitándose. Todo ello podría influir en el voto de noviembre.

En efecto, a pesar de la mejoría, la tasa de paro sigue en niveles inusualmente altos: más de 12 millones de personas siguen desempleadas; la tasa de actividad, que cayó más de tres puntos porcentuales entre febrero y abril (hasta el 60,2%), tan sólo se ha recuperado parcialmente y sigue dos puntos por debajo de la de febrero, lo que supone que 4,4 millones de personas han dejado de buscar un empleo. Además, el ritmo de creación de puntos de trabajo puede estar apuntando a una cierta ralentización: en septiembre se crearon 661.000 empleos no agrícolas, frente a los 2,7 millones de mayo, los 4,7 de junio, los 1,7 de julio y los casi 1,5 millones de agosto.

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Por último, los datos también permiten extraer algunas conclusiones por grupos étnicos y en función del género.

Las mujeres, que experimentaron un repunte en la tasa de paro mayor que los hombres en el mes de abril, han visto un descenso mayor de la misma en los meses siguientes y las cifras de septiembre son muy similares en ambos casos (del 8% para ellas y del 7% para ellos), si bien el diferencial respecto a febrero es algo mayor en el caso de las mujeres (4,6 puntos por encima) que en el de los hombres (4,1). Es el empleo donde las diferencias son mayores. Así, de los 4,4 millones de personas que han abandonado el mercado de trabajo desde marzo, 2,6 millones son mujeres frente a 1,7, hombres.

Centrándonos en el desempleo, el fuerte incremento de abril, como se observa en el gráfico, afectó a todos los grupos, pero el aumento respecto a febrero (el mes anterior a la pandemia) fue mayor en el caso de los asiáticos (12 puntos) y de los hispanos (14 puntos); mientras que el de blancos y afroamericanos fue de unos 11 puntos. Cinco meses después, en septiembre, la tasa de paro que más ha descendido es la de los hispanos (-8,6 puntos) aunque aún se sitúa seis puntos por encima de la de febrero; es, además, el grupo con la mayor tasa de actividad de todos (del 65%), a pesar de que ésta es aún inferior, en algo más de tres puntos, a la que tenían en febrero. La segunda mayor caída del desempleo ha sido la de los blancos (-7,2 puntos desde su máximo), pero aún cuatro puntos por encima de la tasa de febrero. Y la que menos reducción ha experimentado ha sido la de los afroamericanos (4,6 puntos), que aún se sitúa 6,3 puntos por encima de la de febrero; además, este grupo, presenta una baja tasa de actividad del 59,7%, 3,5 puntos por debajo de la que tenían en febrero.

Teniendo en cuenta que el voto masculino blanco tiende a republicano, el voto de color es mayoritariamente demócrata y el hispano también tiende a demócrata, aunque está más dividido, cabe esperar que las expectativas de cada uno de estos grupos sobre la evolución del mercado de trabajo afecten a su decisión de voto. Si la percepción del electorado es de que con Trump la economía irá mejor, Biden tendrá un problema en movilizar a sus electores tradicionales. Si, por el contrario, Biden convence a la base demócrata de que él encarna una mejor recuperación del empleo, conseguirá esa movilización y Trump lo tendrá más difícil.

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