¿Afronta América Latina un problema de legitimidad?

Si bien las violentas protestas en Ecuador y Chile han ocupado recientemente los titulares, la crisis en América Latina va más allá de esos dos países. Múltiples crisis, de distinta índole, están sucediéndose simultáneamente en diversos países de la región latinoamericana. Empezando por el norte del continente, el enfrentamiento armado entre el Gobierno y el narcotráfico en México el 18 de octubre dejó al descubierto la debilidad institucional en ese país. En Centroamérica, las protestas en contra de los presidentes de Honduras y Nicaragua, cuya ideología es opuesta, vienen ocurriendo desde hace más de un año. Algo similar ocurre en Haití.

En América del Sur, Venezuela es el caso más crítico, y millones de ciudadanos se han visto forzados a dejar su país. Pero en Ecuador el alza de los precios de la gasolina causó múltiples protestas en octubre, y están las violentas protestas contra el encarecimiento del metro en Chile. En Perú, la crisis es más bien de índole institucional, con un enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el legislativo, aunque los ciudadanos salieron a las calles a demostrar su apoyo al presidente. En Bolivia, el cuestionamiento de las elecciones presidenciales del 20 de octubre está causando enfrentamientos entre seguidores y detractores del presidente Evo Morales. En El Salvador, Guatemala, Uruguay e incluso Argentina, las recientes elecciones han contribuido a la distensión, por lo menos de momento.

En resumidas cuentas, pocos países de la región transitan actualmente por un periodo de estabilidad política, y más bien pareciera que los conflictos se multiplican y están surgiendo en los lugares más inesperados, caso de Chile. Diversos analistas han señalado a la desaceleración económica como el principal detonante. Otros han indicado que el factor subyacente es la mala distribución del ingreso.

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Ante la situación, cabe preguntarse si los conflictos son de índole temporal o, más bien, el reflejo de un problema más profundo de deslegitimación de la democracia y/o las instituciones. El informe del Barómetro de las Américas publicado recientemente muestra que en 2019 hay un deterioro de la legitimidad de la democracia en la región. En este análisis centramos el foco en cuatro de los países que están afrontando problemas más serios: Chile, Ecuador, Perú y Bolivia.

Es importante distinguir, como sugiere Pippa Norris, entre cinco niveles de legitimidad de la democracia: la comunidad política, el régimen político, la satisfacción con el desempeño del régimen, las instituciones políticas y las autoridades de turno. Dicha distinción es fundamental porque las consecuencias de la legitimidad débil de un presidente son muy distintas a las que puede tener la debilidad del régimen democrático en su conjunto. A efectos de este artículo, se discuten los resultados de la encuesta de 2019 del Barómetro de las Américas en relación a la legitimidad del régimen democrático, la satisfacción con su desempeño, la legitimidad de ciertas instituciones y la del Ejecutivo en los cuatro países antes señalados.

En primer lugar, los resultados de los niveles de legitimidad más difusa: el apoyo al régimen democrático y la satisfacción con el desempeño de la democracia. En el Gráfico 1 puede verse que el porcentaje de apoyo hacia el régimen democrático es más alto que el de satisfacción con el desempeño de la democracia en todos los países, lo que indica que, si bien muchos ciudadanos están descontentos con la práctica de la democracia, no todos están necesariamente en contra de que el régimen democrático continúe.

Sin embargo, sí es preocupante que en el porcentaje de los ciudadanos que considera que la democracia es mejor que otros regímenes es relativamente bajo en los cuatro países; en particular, en Bolivia y Perú. En cuanto a la satisfacción con el funcionamiento de la democracia, tres de los cuatro países analizados en este artículo (Chile, Ecuador y Bolivia) obtienen resultados similares: alrededor de un 40% de los ciudadanos dice estar satisfecho con la democracia, aunque en el caso de Perú el porcentaje es marcadamente inferior (solamente un 27,7% lo está).

Con relación a niveles menos difusos de legitimidad, la de las instituciones democráticas y del presidente electo, en el Gráfico 2, y a la pregunta general acerca del respeto hacia esas instituciones, los porcentajes son más altos en los cuatro países en comparación con las específicas acerca de la confianza en el Congreso, el Ejecutivo y los partidos políticos. Aunque no hay aquí espacio para discutir en detalle estos resultados, cabe resaltar tres cosas: 1) Perú, nuevamente, se ubica por debajo de los demás en las cuatro mediciones; 2) Chile, que como se vio en el Gráfico 1 apoya en mayor medida el régimen democrático, denota niveles más bajos de respeto que Ecuador y Bolivia hacia las instituciones políticas y de confianza en instituciones específicas; 3) el Poder Ejecutivo genera más confianza entre los ciudadanos que el Legislativo, con excepción de caso de Ecuador, donde son evaluados en forma similar.


¿Qué factores inciden en la débil legitimidad de la democracia en los cuatro países? Si analizamos uno de los predictores más importantes (la satisfacción) en función del modelo de regresión estadística, hay varios factores que, potencialmente, pueden tener influencia. Algunos son las variables socio-demográficas, mientras que otros se relacionan con la percepción de la economía, la inseguridad física y la corrupción. Se incluye también la opinión que los encuestados tienen acerca del papel del Estado en la reducción de la desigualdad económica, así como lo que en Ciencia Política se denomina la eficacia externa (la percepción de que quienes gobiernan están interesados en lo que piensa a gente) y la interna (la percepción de que el encuestado entiende los problemas más importantes del país). Finalmente, y a modo de control, se incluye la variable de aprobación presidencial en cada país. En la Tabla 1 se observan los resultados por país.

Las variables que aparecen como predictores de la satisfacción con la democracia en todos los países son la percepción sobre que A los que gobiernan el país les interesa lo que piensa la gente como usted y la aprobación del trabajo de presidente. La clara relación entre la primera y la satisfacción con la democracia se muestra en el Gráfico 3.

La economía también es un predictor común en la mayoría de países. Los ciudadanos que perciben que la de su país está mejor que hace 12 meses denotan mayor satisfacción con la democracia, tal como se muestra en el Gráfico 4. Esta relación también se observa en Bolivia, aunque no es estadísticamente significativa en ese país.

Otro factor que explica por qué algunos ciudadanos están menos satisfechos con el desempeño de la democracia en su país es la victimización por delincuencia. Como se observa en el Gráfico 5, eso es lo que les ocurre en tres de los cuatro países a quienes fueron víctimas de algún acto de este tipo en los últimos 12 meses. Dicha relación se observa también nuevamente en Bolivia, aunque tampoco es estadísticamente significativa.

Adicionalmente, los ciudadanos de Chile y Ecuador que perciben menor corrupción entre los funcionarios públicos de su país son proclives a sentir mayor satisfacción con el desempeño de la democracia. Las características socio-demográficas de los entrevistados varían de país a país en cuanto a su relación con la satisfacción con la democracia: en Ecuador y Bolivia, las mujeres están menos satisfechas, y también quienes tienen menor nivel socio-económico denotan mayor satisfacción; lo mismo para quienes tienen un menor nivel educativo en Perú y Bolivia. En el caso de Perú, quienes están entre 18 y 25 años muestran una satisfacción ligeramente mayor al resto de la población adulta del país. Curiosamente, en el caso de Chile ningún factor socio-demográfico se asoció a la percepción positiva sobre la democracia.

Para concluir, puede decirse que los cuatro países analizados afrontan serios problemas de legitimidad democrática en sus distintos niveles. Los datos provenientes del Perú son particularmente preocupantes para la estabilidad de la democracia en ese país. El hecho de que factores como la economía, la delincuencia o la corrupción se asocien a una menor satisfacción con la democracia no es sorprendente; los datos de opinión pública confirman empíricamente los análisis de los conocedores de la región y diversos medios de comunicación. Sin embargo, el análisis estadístico realizado añade que hay otros factores que tienen impacto en la legitimidad de la democracia; en particular, la percepción de que los gobernantes se interesan por la gente. En la medida que los presidentes y los políticos traten de comprender genuinamente el sentir y los problemas del ciudadano común, esta variable se fortalecerá. Y por el contrario, aunque los problemas económicos y de otra índole disminuyan, si los representantes electos son percibidos como distantes de la realidad de sus electores, se dificultará la que la democracia latinoamericana recobre su imprescindible legitimidad.A

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