Alemania retrasa el cierre del carbón hasta 2038

La salida de la energía nuclear (Atomassustieg) en Alemania ha supuesto el fin de la otra guerra de los 30 años; así lo tituló el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Fue un conflicto generacional y democrático, más allá del ideológico. En 2001, el SPD y Los Verdes dieron un giro a la política energética. Dos años antes, habían aprobado el programa de 100.000 tejados solares y la reforma fiscal ecológica; en 2000, la ley de energías renovables (EEG, en sus siglas en alemán), y en 2001 se alcanzó el consenso sobre un calendario para el cierre de las nucleares.

El cierre del carbón quedó pendiente. Se trata de un conflicto que se inició en los años 70. En su programa de 1998 (Empleo, innovación y justicia), el SPD afirmaba: “Queremos una era solar para el siglo XXI”. Sin embargo, en el acuerdo de la Gran Coalición (CDU + SPD) se evitó poner fecha a la salida del carbón (Kohleausstieg) y el compromiso del Gobierno se quedó en crear una comisión de expertos que tomara esa decisión. Ha sido en enero pasado cuando esta comisión, tras unas sesiones maratonianas, propuso, entre otras medidas, poner fecha (2038) al cierre de la última central de carbón. Ha sido una decisión controvertida y difícil, que ha tardado un año más de lo previsto. 

Antecedentes

Tras las elecciones de 2017, se intentó formar un Gobierno entre CDU, Verdes y Liberales, una inédita coalición jamaicana a nivel federal. Los Verdes reclamaban, por un lado, el cierre inmediato de 20 centrales de carbón, las más contaminantes, y de este modo lograr los objetivos de cambio climático para 2020: reducir un 40% las emisiones de CO2 y abandonar esta fuente de energía en 2030. Sus socios ni siquiera aceptaron incluir en el acuerdo el término salida del carbón. ¿Cómo evitar el término (Kohleausstieg) y, a la vez, acelerar el final de la producción de energía a base de este material?

[En colaboración con Red Eléctrica de España]

Rainer Baake, hasta 2014 secretario estado de Energía de Los Verdes, y Stefan Kapferer, director de BDEW de la CDU, buscaron un compromiso. Mientras, Francia decidía poner fin al uso del carbón en 2025, al igual que Portugal, Austria, Dinamarca, Islandia, Reino Unido y Suecia, mientras Italia y Canadá esperarían hasta 2030, viendo en esto una oportunidad para sus economías. 

Nace la ‘comisión del carbón’

La comisión del carbón de la Gran Coalición se constituyó en marzo de 2018. Debía ponerse a trabajar antes de verano para lograr llevar una decisión de cierre a la Cumbre del Clima, pero enseguida se vieron los problemas para avanzar y el 22 de noviembre se daba por muerta. Sin embargo, en enero pudo finalmente concluir sus trabajos. 

Greenpeace y Amigos de la Tierra resaltaron algunas medidas positivas, como que la comisión les daba la razón y salvaba el bosque de Hambach, donde se había proyectado una mina a cielo abierto. Oliver Krischer, portavoz de cambio climático de Los Verdes, señaló que “tras años de estancamiento de la política climática, Alemania tiene por fin una salida para el carbón… es un primer paso”. Sin embargo, esto no oculta que abandonar esta fuente energética en 2038 es demasiado tarde para el clima.

La reforma de la EEG en 2013 sustituyó los precios regulados o primas por precios competitivos a partir de subastas. Ni siquiera se lograban cubrir los objetivos de las subastas, quedando una parte desierta y otra sin ejecución.    

Balance de la ‘comisión del carbón’

La comisión propuso compensar con millones de euros a la industria por los costes de sustituir la energía a base de carbón por energías renovables. Esto significará trasladar, de nuevo, esos a los ciudadanos, ya que dejarán de pagar peajes de acceso. No hace ningún favor a la industria electro-intensiva, que había mejorado años atrás la eficiencia energética y competitividad, siendo Alemania el campeón de las exportaciones (a costa de abultados déficits de sus vecinos). 

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Esta política parte de una premisa errónea. Cuando el precio de mercado es muy bajo, se incrementa la tasa EEG (aumenta lo que se ha de cubrir entre el precio regulado y el de mercado), y si éste último sube se reduce la tasa EEG. En los últimos años, los elevados precios de mercado hicieron descender ligeramente la tasa EEG. Peter Altmaier, según señala Claudia Kemfert, parece que empieza a entender el mecanismo del Merit-Orde-Effekts (que se muestra abajo): las renovables hacen descender el precio de mercado de la electricidad al desplazar tecnologías más caras. La ola de frío que ha atravesado Europa ha permitido a Alemania, con elevada generación eólica, tener precios bajos y, en ocasiones, negativos; mientras Francia superaba los 90 euros/MW, y eso que contaba con ocho GW de importación alemana.

Este gráfico hace incomprensible que la industria se beneficie del descenso de precio provocado por las energías renovables, no contribuya a su desarrollo al no tener que pagar la tasa EEG y, encima, obtenga millones por supuestos costes de la transición energética. Son ayudas de Estado a partir de errores de concepto. 

Claudia Kemfert, del DIW (Instituto Económico Alemán) y autora de El imperio fósil contraataca, está atenta a cómo el Gobierno implementará rápidamente las recomendaciones de la comisión. Significa el cierre gradual; en 2018-2022, 12,5 GW (logra reducir un 45% emisiones CO2); en 2023-2030, 17 GW ( un 62% menos de emisiones CO2, nueve de lignito y ocho de GW hulla). Las medidas se revisarán en 2023, 2026 y 2029. Supone lograr un 65% de la electricidad renovable en 2030 (del 36% en 2017, 112 GW de 216 GW conectados a la red). 

Desde 2007, las energías renovables se han triplicado, con precios descendentes. Para 2030, sólo se duplicarán; lo cual, con precios menores, es factible. Han desaparecido nueve centrales nucleares. Hasta 2021, lo harán otras siete. Por tanto, la última central de carbón cerrará en 2035-2038. 

¿Cómo abordará el Gobierno el cierre gradual de las minas de carbón y la expansión, más rápida, de las energías renovables? Svenja Schulz, ministra de Medio ambiente del SPD, reclama un desarrollo de las renovables sin los techos que establecen las subastas. «¡Necesitamos una expansión más rápida!”, señala un estudio publicado por el Ministerio. Es la cuestión clave.

Ahora, el Ejecutivo no tiene excusa para no actuar. Kemfert llama la atención sobre la propuesta de fondos adicionales para expandir las energías renovables; no sólo en generación eléctrica, también en movilidad, aportando millones de baterías para su conexión a redes descentralizadas. La energía fotovoltaica puede ganar productividad sin el rodeo innecesario, anti-económico, de las redes centralizadas.

Berlín ha instalado 10 MW solares en viviendas sociales gracias a la reforma de la ley de renovables. Los antiguos programas de techos solares se transforman en demanda flexible que permite no sobredimensionar las instalaciones de esta fuente. De su éxito depende la transición energética y la política climática, sin olvidar la salud de las personas: evita más muertes que por accidente

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