Argentina enfrenta la pandemia sin plan

A continuación se presentan las principales conclusiones de la conversación “La política latinoamericana durante la pandemia: Argentina” (4 de junio de 2020), en que participaron María Esperanza Casullo (Universidad de Río Negro y Red de Politólogas)  y Elsa Llenderrozas (UBA), y organizamos con Daniela Campello. La iniciativa cuenta con el respaldo del Graduate Institute Geneva – Albert Hirschman Centre on Democracy, la Fundación Getulio Vargas, la Red de Politólogas, Agenda Pública y el Observatorio de Reformas Políticas de América Latina. 

El 12 de marzo con 31 personas infectadas el gobierno argentino suspendió los vuelos desde todos los países de Europa, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, China e Irán, y pocos días después las fronteras se cerraron por completo. El jueves 19 de marzo, con 128 casos, se declaró el estado de alarma (a modo de referencia, en España esta medida se toma unos días antes, con cinco mil positivos y casi 200 muertos). Aunque el presidente Alberto Fernández apareció rodeado de autoridades y miembros de la oposición, hasta julio todas las medidas se habían tomado por Decreto. Tiene compentencias para hacerlo, especialmente mientras dure el estado de alarma. Sus primeros anuncios tuvieron un alto nivel de consenso y se basaron en la comunicación informal entre las autoridades, mientras que se priorizó el asesoramiento de los científicos. El sistema de salud es híbrido, combina unidades públicas y privadas e incluso si está peor preparado que los de la mayoría de los países europeos, se ubica mejor que muchos latinoamericanos. La mayor parte del manejo de la pandemia ha estado a cargo del sector público. El confinamiento ha sido estricto. En junio, a pesar de estas medidas, el contagio se estaba extendiendo en el área metropolitana de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires. Para agosto la situación no parece mejorar.

1. La democracia no está en peligro

Las expertas coinciden en su evaluación del estado de la democracia en el país. No ven peligro de un retroceso democrático o una interrupción institucional. El proceso de toma de decisiones está concentrado en el presidente pero en conversación con los gobernadores y alcaldes y con una fuerte presencia del comité de expertos que los asesora. Maria Esperanza Casullo señala que Argentina es un país federal y el nivel subnacional debe tenerse en cuenta para comprender el funcionamiento de la política. Elsa Llenderrozas destaca que el gobierno tiene competencias para legislar con poderes excepcionales en una emergencia como la actual.

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2. La gobernabilidad está en riesgo

Si bien la democracia como conjunto de instituciones no corre peligro, las analistas coinciden en identificar una potencial crisis de gobernabilidad derivada de la crisis económica. La caída del PIB se estima en un 10% y el 50% de la población se encuentra por debajo del umbral de pobreza. El estado no tiene la capacidad para apoyar a los grupos vulnerables de manera adecuada y la inversión en ayudas sociales no es suficiente para paliar esta situación. La máxima tensión se observa en el área metropolitana de Buenos Aires, que tiene la mayor concentración de pobreza y exclusión. El de Fernández es un gobierno peronista, que cuenta con organizaciones de base de la sociedad civil para contener la presión social pero la dureza de la situación es excepcional. Llenderrozas destaca que dos tercios de los adultos reciben ayudas estatales (21 millones de personas, antes eran 17 millones) preguntándose cómo se puede reactivar la economía bajo esta presión.

3. La polarización (‘la grieta’, como se llama en el país) se ha dejado de lado temporalmente

La ‘grieta’ habla de una fractura entre peronistas y antiperonistas que ha caracterizado con mayor o menor intensidad a la política argentina durante mucho tiempo y con especial fuerza durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Ahora hay un núcleo fuerte de oposición radical a las medidas tomadas por el gobierno pero representado por quienes no gobiernan. Quienes ocupan puestos directivos eligen la colaboración. Prevaleció la idea de ‘ir juntos’, dejando de lado las disputas y los enfrentamientos. La imagen de los gobernantes es alta, tanto del presidente (peronista) como del asistente porteño que es del partido opositor (Cambiemos). Llenderrozas sugiere que de alguna manera esto es resultado de la gestión federal de recursos que genera incentivos para que las provincias y los gobiernos locales colaboren para acceder a la financiación. Casullo coincide en observar que la coordinación es muy alta en este momento. Ella piensa que esto es parte de la situación excepcional y una vez que la política normal regrese, la discusión política volverá a emerger con mayor intensidad. (Nota: en agosto, mientras dura el confinamiento y el estado de alarma ya ha surgido protestas y marchas contra el gobierno)

4. No hay un plan de salida al confinamiento.

Existe un amplio apoyo social a la cuarentena, pero también una demanda de que sea compensada económicamente. Ambas académicas coinciden en el valor del confinamiento como la principal medida disponible para prevenir el contagio, pero existe una demanda de compensación económica que está generando tensión. Los empresarios también reclaman subvenciones.

5. No hay plan

Esta crisis llegó cuando el nuevo gobierno acababa de asumir el cargo. Ha ayudado a proporcionar capital político. Sin embargo, la crisis económica era evidente antes de la crisis y todos los proyectos se limitan a la renegociación de la deuda externa. Aún está pendiente un acuerdo y en tal situación no hay plan, solo una crisis excepcional.

* Una versión en inglés de este sumario puede consultarse en esta página del Albert Hirschman Centre on Democracy y un resumen del video aquí.

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