Argentina: larga carrera electoral con dos modelos en disputa

El próximo domingo, las urnas responderán en Argentina a una discusión que se viene dando en toda América Latina: si continuará la inclusión que comenzó a principios de este siglo, y que afrontó límites económicos en los últimos años, y si lo hará por el lado de la oferta o por el lado de la demanda.

Nadie en su sano juicio haría campaña diciendo que el objetivo no es incluir a más argentinos en los beneficios del sistema, pero mientras unos hablan del sacrificio que todos los sectores deben hacer para estabilizar las variables económicas, con el consiguiente mayor impacto en la clase media, otros proponen aliviar la crisis por el lado de la demanda, favoreciendo el consumo y redistribuyendo el ingreso. Hay grieta en las propuestas.

Allá por junio, cuando se definieron las precandidaturas presidenciales, la inclusión de Miguel Angel Pichetto en la fórmula de Juntos por el Cambio generó mucho revuelo pues, con esta conformación, el peronismo habitaba las tres fórmulas principales: Macri-Pichetto, Fernández-Fernández de Kirchner, Lavagna-Urtubey. Y mientras muchos discutían con peronómetro en mano cuál era la más peronista de todas, algunos nos planteamos pensar fuera de la caja explorando un realineamiento del sistema político argentino en su dimensión económica izquierda-derecha; algo que el politólogo Diego Reynoso ya venía adelantando aquí a nivel sub-nacional.

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Luego de las primarias del 11 de agosto, y frente a los límites de la gestión económica oficialista que repercutieron en las urnas, este realineamiento floreció de manera muy clara. No sólo por de dónde habían venido los votos de cada fuerza electoral (como muestra aquí Facundo Cruz, la oposición peronista creció en votos donde la crisis económica ha golpeado más fuertemente), sino además por las propuestas posteriores vinculadas a la necesaria estabilización.

En la dimensión económica de ese continuo, las candidaturas se realinearon en términos de qué tipo de políticas son necesarias para capear una crisis que todos los indicadores muestran grave y sin horizonte de resolución en el corto o medio plazos, y a si la solución viene por sostener y reactivar el lado de la oferta o el de la demanda.

Juntos por el Cambio está atrapado en la trampa de los oficialismos: más allá de sus propuestas a futuro, los electores lo evaluarán por una gestión económica muy cuestionada. Y aunque ofreció un cambio de Gabinete y la reorientación de algunas políticas, los electores parecen haberlo percibido como tardío. El discurso posterior a las primarias viró desde el los escuchamos a era necesario un sacrificio, pero ya llegamos al final. Los principales indicadores económicos avanzan una profundización de la crisis en el futuro inmediato, lo que ha contribuido a un escepticismo ciudadano sobre la capacidad de gestionar la crisis por parte del Gobierno. En los grandes centros urbanos es donde más dura será la batalla, donde la crisis se siente con mayor intensidad.

Desde el 11 de agosto, el Frente de Todos ha ido sumando apoyos en los sectores del trabajo informal, en la producción nacional y en los sindicatos, desde donde esperan respaldos fundamentales frente a una posible conflictividad social. A esta amplia coalición de apoyo se añaden los gobernadores (donde el peronismo es mayoría), que adquieren mucha relevancia ante un contexto internacional desfavorable: su estructura es clave, ya que no parece que los dólares que el país necesita para sostener su economía vayan a entrar ni por préstamos ni por exportaciones.

Pero el realineamiento en izquierda-derecha también se ha ido dando paulatinamente en su dimensión social. Mientras en un principio los sectores más progresistas del oficialismo actual tenían un lugar relevante, poco a poco el discurso y los protagonistas de Juntos por el Cambio comenzaron a virar hacia referentes y temas más vinculados a los sectores conservadores: seguridad, defensa de las dos vidas, control de la protesta social y de las manifestaciones. Este viraje apunta directamente a disputar el poco más de millón de votos que las dos fuerzas de derecha (Unite, más liberal en lo económico, y Frente NOS, conservadora en lo social) sumaron en las primarias. Un dato: estos apoyos no acercarían al oficialismo actual a una segunda vuelta, pero sí colaborarían en fortalecer el futuro bloque legislativo si esos votos se moviesen hacia Juntos por el Cambio.

De este modo, el Frente de Todos acaparó el discurso progresista y a sus referentes, quedando en esta dimensión social en el cuadrante de centro-izquierda que sólo podría disputarle el FIT, hipótesis que no parece probable dada la historia política argentina.

En definitiva, este próximo domingo Argentina tendrá dos grandes opciones que, por el momento, parecen concentrar la mayor cantidad de votos a nivel nacional.

Juntos por el Cambio llega a las urnas sin haber podido romper con la percepción del electorado de que ofrecen primero estabilizar las variables macroeconómicas para que las empresas puedan funcionar, para dar trabajo y crecer, y reforzando un discurso conservador en lo social. El límite para esta fuerza se encuentra en que este discurso es reactivo por su composición social en las provincias metropolitanas, claves para una elección presidencial porque concentran la mayor cantidad de electorado. Son los distritos donde más pudo haber crecido, pero no pudo.

El Frente de Todos, por su parte, propone redistribuir el ingreso para aliviar la presión económica y contenerla para los sectores más vulnerables, reforzando su discurso progresista en lo social. Estas propuestas son las que tienen mayor eco en las provincias metropolitanas, sumando a esta gran coalición a la mayoría de los gobernadores. El límite aquí será, como toda gran coalición que se enfrenta a un contexto de restricción externa, que no todos los integrantes verán satisfechas sus demandas al mismo tiempo, a lo que se suma un contexto regional de protesta social de las clases medias. Gestionar las demandas de todos los sectores que la apoyan será el gran desafío.

El próximo domingo se sabrá cuál de las dos propuestas suma la mayoría de los votos. Lo positivo es que, mientras en la región esta disputa entre dos modelos sociales y de crecimiento económico se está dando en las calles, los argentinos podremos resolverla en las urnas y apostar por el compromiso de todas las fuerzas políticas para mantenerla dentro de las instituciones democráticas.

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