Arrimadas, apuesta contra el voto dual en Cataluña

El salto de Inés Arrimadas desde la jefatura de la oposición en el Parlament catalán a cabeza de lista de Ciudadanos por Barcelona para las elecciones generales coincide con una dinámica descendente de la formación naranja en las encuestas. Se puede interpretar, por tanto, que este fichaje estrella en un partido que hasta la moción de censura era la primera fuerza, a cierta distancia del PP y PSOE, y que aglutinaba votos a ambos lados del espectro ideológico se plantea como un revulsivo ante el que podría ser el enésimo choque entre las expectativas electorales ciudadanas y su resultado real.

Como podemos observar en el siguiente gráfico de Kiko Llaneras para El País, el partido ascendió electoralmente a lo largo de 2016 y 2017 hasta llegar a ser la primera formación en estimación de voto. Sin embargo, la citada moción de censura truncó esa dinámica y Cs inició una caída acusada en su apoyo electoral. En los últimos nueve meses, ha pasado de ser la primera fuerza en estimación de voto a caer al tercer lugar.

Ahora bien, ¿qué puede aportar a esta candidatura para que sea presentada como algo disruptivo?

Desde el punto de vista del liderazgo político, Arrimadas tiene dos características que en el escenario actual pueden favorecer a Ciudadanos. La primera de ellas es su aura de vencedora contra las fuerzas independentistas. Lideró el partido en las elecciones del 21-D y consiguió la mayor victoria electoral de un partido no nacionalista en Cataluña, con más de un millón de votos. En un escenario de polarización alrededor del eje nacional en esta comunidad autónoma, Arrimadas consiguió aunar la defensa del statu quo autonómico.

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Esta legitimidad contra el independentismo le es útil a Ciudadanos en unas elecciones generales que estarán fuertemente marcadas por el juicio del caso procés y por la competición de las tres derechas sobre el eje nacionalista español, donde se está produciendo una subasta nacionalista de manual como la acaecida en Cataluña hasta la fecha. Arrimadas, por lo tanto, es un buen activo en esta batalla sobre quién lidera el nacionalismo español en los próximos comicios. Con esto no sólo intentan parar las fugas hacia Vox, que el último CIS sitúan en un 8,9%, sino que intentan robarle de nuevo votos al PP, que ha reducido su pérdida de apoyos hacia Ciudadanos en dos puntos en el último mes.

Además, Arrimadas puede ayudar a resolver el problema que Ciudadanos tiene con el voto femenino. Como muestran Elsa García y Borja Andrino en un análisis sobre este asunto en las próximas elecciones generales, el 60% de los indecisos son mujeres. En un contexto en el que las movilizaciones del 8 de Marzo han sido multitudinarias y en el que la irrupción de Vox ha supuesto un ataque directo a los consensos existentes en materia de género, el voto femenino será decisivo. Ciudadanos se lanza a ganarlo con Arrimadas y su campaña en defensa del feminismo liberal.

Sin embargo, su presentación como primera espada por Barcelona va más allá. Con su incorporación, Ciudadanos intenta revertir una tendencia histórica del comportamiento electoral catalán. Como analizamos Macià Serra y un servidor en la obra colectiva ‘Política i Govern a Catalunya. De la transició a l’actualitat’, desde la recuperación de la democracia éste se ha caracterizado por su dimensión dual.

Tradicionalmente, el partido que ganaba las autonómicas no era el mismo que ganaba las generales en Cataluña: hasta las generales de 2011, CiU ganaba los comicios al Parlament y el PSC los generales. Sólo en esta convocatoria se truncó esta tendencia: CiU salió victoriosa en ambos. Salvo en esta ocasión, en las últimas convocatorias se volvió a lo acostumbrado: las generales de 2015 y de 2016 fueron ganadas por la coalición de izquierdas En Comú Podem (ECP) y las autonómicas de este periodo supusieron una victoria para la lista independentista unitaria Junts pel Sí en 2015, y para Ciudadanos en las del pasado 21 de diciembre de 2017.

Este fenómeno se producía porque un gran contingente de electores cambiaba el voto de una convocatoria a otra y porque existía un votante que no participaba en las elecciones al Parlament, pero sí en las generales. Esto permitía al PSC ser el partido hegemónico en las generales y, posteriormente, dio la victoria al espacio del cambio.

Ciudadanos, que fue primera fuerza en las catalanas con más de 150.000 votos sobre la segunda opción, quiere trasladar este resultado a las generales del próximo 28 de abril. La candidatura liderada por Arrimadas intentará mantener el más de un millón de votos que obtuvo el pasado 21 de diciembre, lo que le permitiría un resultado espectacular en las generales.

Pero lograr esto es difícil. El resultado de Ciudadanos en las pasadas autonómicas se debió a que funcionó como coagulante de la mayor parte de voto no independentista existente en Cataluña. Se erigió como voto útil unionista y absorbió casi un 40% de los votantes ‘populares’, un 22% de voto socialista y la mayor parte de votante abstencionista (15,7%) que, en unas elecciones con una participación récord, le supuso un empujón electoral considerable. Esta coalición de intereses electorales es puramente coyuntural, fruto de un momento de máxima polarización, y parece que se resquebraja: las tendencias electorales en Cataluña apuntan a que Ciudadanos cae en estimación de voto desde la celebración de las elecciones.

Pero no sólo eso. El análisis del comportamiento de los votantes de Ciudadanos de las elecciones del 21 de Diciembre en unas hipotéticas generales muestra un re-alineamiento de las preferencias. Un análisis del último barómetro del CEO (noviembre de 2018) establece que el 68,9% de los que votan a Ciudadanos en los comicios autonómicos repetirían en las generales; pero un 6,8% apostaría por el PSC, un 2,3% por ECP, un 1,5% por el PP y, sobre todo, un 12,9% se muestra indeciso. La distinción que hacen los votantes de las diferentes arenas electorales y la variación de su esquema de preferencias afecta de lleno a la intención de Ciudadanos de emular su resultado autonómico en las generales.

El análisis muestra que Ciudadanos tiene difícil llegar a buen puerto dadas las características del sistema político catalán. Pese a los intentos de polarizar la campaña alrededor de la cuestión nacional (la visita a Puigdemont en Waterloo sólo puede entenderse en ese contexto) es difícil que Arrimadas pueda revertir esta tendencia histórica. Otra cosa es lo que pueda sumar en la competición contra Vox y en el voto femenino. El 28 de abril saldremos de dudas.

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