Automóvil y revolución verde: una alianza posible

La crisis de la Covid-19 ha acelerado algunas de las brechas geopolíticas que venían desarrollándose en los últimos años: la latente guerra comercial y monetaria entre China y Estados Unidos ha pasado ya una fase explícita en la que la Unión Europea debe saber desempeñar su papel como potencia y aprovechar las oportunidades económicas que se le presentan. Mientras, la polarización entre un capitalismo desregulado como el americano frente al modelo capitalista estatista chino sigue teniendo una tercera vía en Europa que puede ayudarla en la recuperación de su identidad: un libre mercado compatible con la protección social y la defensa de los derechos y las libertades ha sido y sigue siendo posible.

Asimismo, la crisis de la Covid-19 ha vuelto a poner a prueba los cimientos de las instituciones comunitarias: mientras la respuesta a la crisis económica y social parece ir en la dirección de mutualizar la deuda y desarrollar mecanismos para paliar los efectos sociales de la crisis de forma conjunta, los estados han tomado unilateralmente medidas en materia de política económica e industrial que no contribuyen a aprovechar el papel de la Unión Europea en este contexto geopolítico.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Un claro ejemplo de ello han sido las decisiones de países como Alemania o Francia en relación a la industria automovilística, optando por la recuperación de la producción de coches en sus países en detrimento de las fábricas que sus compañías tienen en otros estados de la Unión Europea. Estas decisiones no sólo tienen consecuencias directas en la pérdida de empleo de los trabajadores de esas fábricas, sino también en la destrucción de toda la industria asociada (en este caso, de componentes automovilísticos, donde España es puntera) y en la pérdida de poder adquisitivo de miles de ciudadanos, que difícilmente podrán comprar coches ya sean alemanes o franceses.

Como consecuencia de ello, las instituciones españolas buscan paliar el efecto de la crisis a través de ayudas directas e inyecciones de dinero público para que nuestros ciudadanos compren precisamente esos vehículos cuya producción sus fabricantes se están planteando reubicar. ¿Es éste el mejor y único instrumento imprescindible como solución coyuntural? La situación generada en relación a la industria del automóvil en España sólo puede solucionarse si se apuesta por una política industrial duradera en el tiempo que re-priorice nuestra lógica de alianzas comerciales e industriales. Para ello, es imprescindible pensar en la sostenibilidad como horizonte: tanto por el tipo de solución que se proponga como por el tipo de industria por la que se apueste.

Estados Unidos, al igual que Francia o Alemania, está también desarrollando una política proteccionista en relación a esta industria. Por ello, resulta inverosímil pensar que nuestro país pueda competir para que compañías del sector de estos países apuesten por el nuestro; algo que numerosas empresas españolas visualizan con temor, porque su negocio y su producción dependen de esta industria.

En esta línea, España tiene la oportunidad, en el contexto de polarización entre bloques y de proteccionismo de una parte de Occidente, de ser una puerta abierta al mundo y una pista de aterrizaje para que la industria del automóvil china, que apuesta abiertamente por una nueva movilidad con el coche eléctrico, sea el vehículo más sostenible para seguir teniendo una política industrial ligada al automóvil.

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China no cuenta hoy con una buena reputación en el mundo. Sin embargo, nuestra economía está claramente ligada a su actividad económica y el progreso del que disfrutamos en Occidente no se puede explicar sin el papel del país asiático en el mundo. En un momento de polarización, en el que la reputación de Estados Unidos tampoco pasa por su mejor momento, Europa, y en concreto España, deben saber aprovechar las oportunidades que se presentan y hacerlas compatibles con el desarrollo económico de nuestro país, así como con el compromiso con aquellos retos prioritarios para nuestra agenda: la sostenibilidad medioambiental y la recuperación verde.

Tras la revolución industrial, la revolución tecnológica y la revolución digital, la Covid-19 acelera el proceso de revolución verde al que debemos saber ligar nuestra economía y producción industrial, y aprovechar con ello el contexto internacional para no sólo atraer inversiones a nuestro país sino, sobre todo, para salir más fuertes de una situación en la que sólo se puede analizar la realidad desde su complejidad y operar con la suficiente inteligencia que no hemos tenido en el pasado.

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