¿Ayudará el hidrógeno renovable a unir Europa?

Para que Europa lidere el futuro mercado del hidrógeno verde, es imprescindible una colaboración intensa entre los socios europeos.

Tras meses de pandemia global que han desatado una profunda crisis económica, Europa no puede dejar escapar la oportunidad de iniciar el camino hacia una economía del hidrógeno limpio.

El éxito es posible, pero la transformación requiere que la política, la tecnología, la inversión y la sociedad civil se coordinen estrechamente para evitar caer en los fallos e ineficiencias del pasado. Únicamente trabajando de forma conjunta puede la Unión Europea convertirse en un líder mundial en innovación en hidrógeno limpio y contribuir, al mismo tiempo, a sus objetivos de seguridad climática y energética, a robustecer su economía y a lograr una unión más integrada.

Países como China, Corea del Sur, Japón y buena parte de Europa han anunciado recientemente sus compromisos para eliminar casi todas las emisiones de CO2 de sus economías en los próximos 40 años. Estos ambiciosos objetivos ponen el foco en la descarbonización de todos los sectores económicos y no tan sólo del eléctrico o el del transporte por carretera, lo que ha reavivado el interés por el hidrógeno limpio. Aunque el hidrógeno es parte de las industrias energética y química desde hace décadas, es ahora cuando el renovable disfruta de un apoyo sin precedentes en círculos políticos y empresariales. El hidrógeno renovable es percibido como un vector energético versátil y sostenible que podría ser la pieza que faltaba para completar el puzle de una energía libre de emisiones.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

El hidrógeno producido mediante la electrólisis de agua con electricidad renovable puede emplearse en multitud de aplicaciones, tanto móviles como estacionarias. Su principal ventaja es que puede utilizarse para reducir emisiones difíciles de mitigar en sectores como la producción de acero, el calor para edificios y para procesos industriales de alta temperatura, el transporte aéreo, marítimo y terrestre de larga distancia, que juntos suman más de un cuarto de las emisiones globales de CO2.

El hidrógeno ya experimentó una ola de interés similar a principios de los años 2000 que terminó en decepción. Sin embargo, el creciente número de inversiones en los últimos meses otorga cierta credibilidad a las predicciones más optimistas, que consideran que el hidrógeno limpio está destinado a acelerar la transición a una economía baja en carbono.

El desarrollo de las energías renovables es ampliamente percibido como una oportunidad para romper la hegemonía de los países ricos en combustibles fósiles y democratizar el acceso a la energía. Casi todos los países poseen algunos recursos renovables, como la energía solar y la eólica, y podrían sustituir por suministros locales parte de su dependencia exterior. Nuestros estudios sugieren, sin embargo, que el papel que los países podrían asumir en un futuro sistema de hidrógeno renovable estará basado no sólo en sus recursos naturales, sino también en sus decisiones políticas.

Esto es evidente en Europa, donde los recursos renovables varían notablemente entre sus estados miembros. Muchos países carecen de los necesarios para producir hidrógeno renovable a gran escala. Como consecuencia, las futuras realidades geopolíticas de los países europeos con escasos recursos naturales pueden ser muy similares a las actuales, manteniendo intacta su dependencia de importaciones energéticas.

Un enfoque basado en consideraciones de coste a corto plazo podría conducir a los países europeos a implementar estrategias nacionales con poca o ninguna coordinación entre estados miembros. Mientras cada país tratase de asegurar su propio suministro de hidrógeno renovable al menor coste posible, algunos mercados regionales podrían florecer. Países del norte de África, como Marruecos, tienen una posición ventajosa para ejercer como proveedores de hidrogeno renovable a la UE. En este escenario, las preocupaciones acerca de la flexibilidad de suministro podrían atajarse mediante importaciones por barco desde otras regiones ricas en recursos renovables como Norteamérica o incluso Australia.

Por otro lado, si la cooperación económica y la seguridad energética se erigen como ejes prioritarios de actuación, la Unión Europea podría suplir la casi totalidad de su demanda a partir de hidrógeno europeo. Países como España o Francia tienen el potencial para desarrollar una industria de hidrógeno renovable cuya producción exceda sus necesidades domésticas y les permita exportar sus excedentes. Aunque estos estados carecen de recursos renovables suficientes para convertirse en grandes exportadores internacionales, pueden prosperar como exportadores regionales. La demanda de hidrógeno renovable podría emerger rápidamente gracias a unas políticas coordinadas a nivel europeo que fomentaran el comercio trasnacional y el despliegue de la infraestructura necesaria a una escala suficiente. Esto daría lugar a un mercado europeo de hidrógeno limpio plenamente operativo que profundizase la integración de la Unión.

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A pesar de que todas estas opciones pueden acelerar la transición de la UE a un sistema energético sostenible, sus consecuencias económicas y geopolíticas son notablemente distintas. En última instancia, las acciones de la Comisión y de los estados miembros determinarán qué escenario tendrá lugar. Pero mientras Europa continúa pagando un precio inaceptable por la falta de coordinación real entre sus estados miembros durante la pandemia de la Covid-19, es preocupante observar cómo el futuro del sistema energético de la UE continúa decidiéndose, una vez más, a nivel nacional.

En un mundo cada vez más competitivo, el hidrógeno renovable ofrece una oportunidad única. Hacer que contribuya de forma decisiva al futuro mix energético de la UE no será una tarea fácil. Requiere políticas y estructuras de mercado dirigidas a incentivar la innovación a lo largo de la cadena de valor del hidrógeno mientras las tecnologías crecen en escala y los costes se reducen al mismo tiempo que se despliega la infraestructura necesaria. El éxito es posible, pero exige un esfuerzo coordinado.

¿Se unirá Europa en torno al hidrógeno renovable o caerá de nuevo en las trampas del pasado?

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