Bienvenidos a la ‘política Instagram’

Decía Joe Trippi, en su imprescindible The revolution will not be televised (2004), que el tiempo de la televisión como medio casi único para informarse sobre lo que pasa en la arena política terminaría un día y que sería sustituido por internet. Así, del mismo modo que la aquélla acabó con el predominio de la información escrita, el reino catódico sucumbiría a la red global. Y de esta forma, la política moldeada por la televisión daría paso a otra forma de política, que en su libro Trippi imaginaba más libre, horizontal y democrática.

Quince años después de la publicación de ese rabioso manifiesto contra la televisión, los datos empiezan a dar señales evidentes del cambio que aventuraba Trippi. Como toda transformación sólida, este cambio no es ni mucho menos repentino. Son las cohortes crecidas en el nuevo entorno que generan los cambios tecnológicos las que protagonizan estas transformaciones. El desplazamiento de los usos antiguos se produce a medida que sus usuarios van abandonando la escena y son reemplazados por los nuevos. En este caso, por los individuos que han aprendido a informarse y relacionarse mediante internet y las redes sociales.

Los datos de la encuesta postelectoral de las elecciones generales de abril de 2019, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre una muestra de 5.943 entrevistas, desvelan que la televisión es el medio preferido del electorado español para informarse de la actualidad electoral. Así lo manifiesta el 66% de los encuestados. Este porcentaje no ha variado prácticamente en los últimos 10 años. En la postelectoral de 2008, el 65% de los entrevistados había respondido lo mismo.

 A finales de la semana pasada, el CIS hizo pública la encuesta postelectoral de las generales de noviembre, pero aún no hay acceso a los datos en bruto.

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Más allá de esta aparente estabilidad en el dominio del medio televisivo, la comparación entre 2008 y 2019 detecta el surgimiento de internet como medio de información electoral. En el primero de los años, sólo el 6% de la muestra declaraba informarse a través de este medio, 11 años después, ya es un 33%. La aparición de internet y su extensión a prácticamente todos los ámbitos de la vida humana en los últimos años es la responsable de este incremento, pero es interesante ver cómo la red penetra en el mundo de la información electoral, porque esto da una idea no sólo de la situación actual sino, sobre todo, de la proyección a futuro. Son las cohortes más nuevas las que muestran una mayor penetración del medio digital, mientras que ésta es claramente inferior entre los nacidos antes de 1960.

Los datos del CIS parecen corroborar la hipótesis Trippi: a pesar de su aparente mantenimiento, el reinado de la televisión como medio casi exclusivo de información electoral está siendo contestado contundentemente por internet y las redes sociales. Los nacidos a partir de 1976, a pesar de que siguen informándose a través del medio rey (aunque significativamente menos que sus padres), declaran utilizar internet en la misma proporción. Esto se debe a que el CIS pregunta por los distintos medios en preguntas diferentes, de manera que los encuestados pueden señalar, y de hecho señalan, varios medios a través de los cuales se informaron en la campaña. No es, pues, que se deje de utilizar la televisión, sino que se emplean más medios. La dictadura televisiva, como había predicho Trippi, se ve contestada por los nuevos medios. Su predominio apabullante entre los más viejos ya no se da en los más jóvenes.

Entre las cohortes crecidas antes de la llegada de la televisión (las nacidas antes de 1960), ésta triplica a cualquier otro medio como fuente de información electoral. En la primera generación catódica (los nacidos entre 1961 y 1975), la televisión duplica a las redes sociales. En las cohortes más recientes, el uso de ambos canales es casi idéntico.

La encuesta del CIS no se detiene ahí y pregunta a través de qué tipo de páginas digitales se informa el elector. Se percibe otra diferencia entre las cohortes: mientras las más antiguas dicen informarse mayoritariamente a través de las webs de los medios de comunicación, las más jóvenes tienden a utilizar más las redes sociales, hasta el punto de que la cohorte de los nacidos a partir de 1996 dice informarse más a través de éstas que por las webs de los medios tradicionales.

Es decir, parecería que el uso de internet para obtener información electoral entre las cohortes mayores respondería a un cambio del medio, pero no del contenido, puesto que usan internet principalmente para informarse a través de los medios de comunicación tradicionales: radios, periódicos y televisiones.

En cambio, entre los más jóvenes el uso de internet no responde sólo a un cambio de soporte (del papel al digital), sino a un cambio en el contenido, puesto que abandonan los medios de comunicación tradicionales por las redes de intercambio de información. En una reciente encuesta sobre el electorado catalán, realizada en noviembre pasado por el Centre d’Estudis d’Opinió, se constataba que Instagram se había convertido en el medio más utilizado para obtener información electoral entre los nacidos a partir de 1996.

Esta cohorte, que en 2019 agrupaba al 6% del censo electoral, va a representar el 22% en una década, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), de manera que si se mantiene el ritmo de penetración de las redes sociales como medio de información política, internet se consolidará como la alternativa al dominio de la televisión para el año 2030; es decir, pasado mañana.

Este cambio va a implicar la emergencia de una nueva manera de hacer política y de relacionarse con ella, del mismo modo que la televisión impuso una nueva manera de consumir (y, por tanto, de hacer) política.

Seguramente la nueva política, la política Instagram (o cualquiera que sea en ese momento la aplicación de moda) no suponga un cambio completo de los modos de hacer en este campo, sino una evolución. Algunos elementos de la política televisiva se mantendrán, como el predominio de la imagen, la simplificación de los mensajes o la emotividad por encima de la racionalización. Esto no es nuevo ni fruto de las redes sociales: llegó con la televisión y seguramente permanecerá.

Lo que muy probablemente aporte esta nueva política Instagram va a ser una mayor multiplicación de canales y emisores y una aceleración en la producción y consumo de mensajes. Esto obligará a todos los actores de la arena política (partidos, instituciones y medios tradicionales) a modificar la forma en que comunican, la manera de hacer campañas y de trasladar públicamente políticas. Romperá los equilibrios entre los actores y, probablemente, acabará con la influencia de las televisiones como intermediarios ineludibles para los políticos. Y, muy posiblemente, someterá al elector a un bombardeo continuo de mensajes personalizados de los cuales le será complicado conocer su origen; y no digamos ya su veracidad.

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1 Comentario

  1. Joan torrescarol
    Joan torrescarol 01-27-2020

    Molt be

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