Bolivia: «La postulación de Añez ha sido tóxica”

A continuación se presentan las principales conclusiones del conversatorio ‘La política latinoamericana durante la pandemia: Bolivia’ (23 de julio de 2020), en que participaron Fernando Mayorga (Universidad Mayor de San Simón), María Teresa Zegada (Universidad Mayor de San Simón, Red de Politólogas) y Carlos Cordero (analista político) y organizamos con Daniela Campello. La iniciativa cuenta con el respaldo del Graduate Institute, la Fundación Getulio Vargas, la Red de Politólogas, Agenda pública y el Observatorio de Reformas Políticas de América Latina.

El 20 de octubre de 2019 hubo elecciones generales en Bolivia. La mayor incógnita estaba en si el oficialismo ganaba en primera vuelta o se iba a balotaje. A medianoche se suspendió el recuento de votos. Cuando se restableció, los datos indicaban que había triunfado el MAS en primera vuelta. Las denuncias de fraude y la cuestionada actuación de la OEA encendieron aún más los ánimos. Las protestas derivaron en enfrentamientos violentos. El 10 de noviembre el presidente Evo Morales renunció y se fue del país. La interpretación de estos hechos generan controversia no sólo en Bolivia, sino también en la región y el mundo occidental. Para unos hubo fraude del Gobierno, para otros un golpe de estado de fuerzas opositoras. La mayoría coincide en observar que la institucionalidad democrática está seriamente herida y que las elecciones son indispensables para comenzar a normalizar la situación. El Tribunal Supremo Electoral las anunció para el 3 de mayo de 2020, pero las aplazó por la pandemia para el 6 de septiembre y en medio del crecimiento de contagios y muertes ha vuelto a suspenderlas para el 18 de octubre. Nuestros analistas mostraron muchas diferencias en sus posiciones, pero acordaron sobre unos cuántos puntos que se enumeran a continuación.

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1.- Uso político y electoral de la pandemia

Los tres analistas mostraron claras disidencias a la hora de evaluar la situación política previa (si hubo o no fraude en las últimas elecciones y si la dimisión de Morales fue producto de un golpe de estado o de una crisis institucional), pero coincidieron en señalar que el Gobierno de Jeanine Añez se ha extralimitado en el ejercicio de sus funciones. Si su rol era, en teoría, convocar unas elecciones justas y libres, al postularse como candidata ha hecho lo opuesto, añadiendo aún más oscuridad a una situación que ya era muy tensa y compleja. Carlos Cordero define la postulación de Añez como “tóxica”.

2.- Corrupción

La inédita situación provocada por la conjunción de la pandemia con un Gobierno transitorio que centralizó la toma de decisiones sin contar con legitimidad para liderar la emergencia y tendiendo, más bien, a utilizarla para sus fines electoralistas se traduce, además, en procedimientos de compras del Estado caracterizados por la corrupción. Hubo un uso discrecional de decretos y recursos que, aunque también ha sido el mecanismo predominante en otros países, en Bolivia ha funcionado como amparo a la corrupción (similares denuncias se ha hecho en otros casos, entre los que destacan Paraguay y Ecuador).

3.- Acuciante situación sanitaria y económica

El sistema de salud boliviano no estaba preparado para afrontar la pandemia; los hospitales están colapsados. Ya estaba presionado por su baja capacidad de respuesta a otras enfermedades crónicas y estacionales antes de la pandemia. Las ayudas económicas son insuficientes para acompañar las medidas de confinamiento en un país cuya economía informal supera la mitad de la población trabajadora.

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4.- Violencia institucional

Como hemos visto en otros países, la violencia institucional se hace presente poniendo en evidencia que hay cierta proclividad en instituciones como las Fuerzas Armadas y/o la Policía a activar la violencia contra los más vulnerables, sean los pobres, las mujeres, los indígenas o los grupos LGTBI. Además, señala Fernando Mayorga, en los últimos meses han surgido en Cochabamba “grupos paramilitares, grupos de choque que no existían antes y expresan el lado negativo de la polarización; su deriva peligrosa, la que conduce a la negación del otro”.

5.- Las elecciones como una solución posible

Los tres analistas coinciden en observar que el MAS sigue siendo un actor de peso en el panorama electoral, pero difícilmente podrá ganar las elecciones en la primera vuelta, lo que llama la atención sobre la necesidad de un acuerdo político que permita que los comicios sean el mecanismo para salir de las crisis. La ciudadanía boliviana todavía confía, y mucho, en la democracia y en las instituciones. Los actores políticos deberían operar con responsabilidad para generar un marco de acuerdo para el proceso electoral y evitar que se desacrediten sus resultados. Si los perdedores no los aceptan, la deriva sería irreversible. María Teresa Segada señala que una salida de una naturaleza diferente a la electoral sería masivamente rechazada por la sociedad boliviana.

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