Bolivia, una elección diferente

Hay que reconocerlo: hubo altura de miras cuando el entonces presidente Evo Morales pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) realizar un informe sobre la integridad de las elecciones de octubre pasado. Los informes de observación internacional, la interrupción del Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (Trep) y el estrecho margen por el que el candidato oficial habría evitado competir en segunda vuelta (aproximadamente 40.000 votos) generaron un entorno de incertidumbre en el país. Una auditoría externa –como la que solicitó el propio Gobierno– generaría elementos técnicos para disipar cualquier duda.

Fue así como la OEA realizó el más riguroso examen de integridad electoral ‘ex post’ que se haya hecho en la región. Treinta y seis especialistas revisaron los sistemas informáticos; la autenticidad de las actas de escrutinio y cómputo y la manera en que se protegió el material electoral de posibles alternaciones. Es decir, se revisaron los aspectos críticos de la elección.

El informe final de la OEA afirma de manera contundente que el 20 de octubre se violaron principios internacionales y la legislación boliviana. Se presentaron irregularidades que no se habían detectado en el subcontinente. En síntesis, fue una elección alejada del estándar regional.

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El informe de la auditoría no discute quién ganó los comicios en primera vuelta. Es indubitable que buena parte del electorado boliviano simpatizaba con el candidato del MAS. Lo que sí quedó en entredicho es que el entonces presidente hubiera alcanzado el 10% de ventaja que la ley boliviana requiere para reelegirlo sin necesidad de ir a segunda vuelta. Las irregularidades documentadas por el organismo americano son graves y extendidas.

El presente artículo explica algunas de esas faltas graves, razonando por qué es imposible saber cuál era la voluntad ciudadana en los comicios de octubre pasado.

Falsificación de documentos

Veamos el caso de las actas levantadas en las casillas. Al equipo que realizó la auditoría le llamaron la atención 4.692 atípicas, incluyendo aquéllas en que el MAS obtuvo más del 90% de los votos. Algunas que fueron incorporadas al cómputo después de la interrupción del Trep daban un 99% de preferencias por el candidato Morales.

Una de cada 20 actas de la muestra tiene irregularidades graves, incluyendo la de ser cumplimentada por quienes no eran miembros de la mesa. Se encontraron centros de votación en los que todas las actas lo habrían sido por la misma persona.

¿Es importante este número? Sí, por dos razones. Primero, porque los votos consignados al partido oficial en estas actas altamente cuestionables otorgan al partido oficial casi 34.000 votos; es decir, casi todos los sufragios que le habrían evitado la segunda vuelta. Segundo, porque, aunque la revisión grafológica fue aplicada a una muestra, permite inferir los hallazgos que se podrían obtener al analizar la totalidad de documentos.

Cadena de custodia

¿Hubiera sido posible analizar el universo completo de actas? Del informe de la OEA se desprende que no. Hubo actas quemadas y están desaparecidas más de 13.000 listas de votantes. El problema es grave, porque la legislación boliviana no prevé la posibilidad de recontar sufragios, de manera que aquéllas y las listas son los únicos documentos que permiten reconstruir lo acontecido en los recintos de votación. En provincias como Santa Cruz, ocho de cada 10 actas de escrutinio están quemadas o desaparecidas.

El tema no puede atribuirse en exclusiva a problemas postelectorales. La OEA no pudo encontrar evidencia de que la documentación electoral hubiera sido custodiada permanentemente por personal militar o policial, ni de que pueda conocerse dónde estaban los documentos en cada momento. Se rompió la cadena de custodia.

El servidor secreto

En casi toda la región, las actas de cómputos se almacenan digitalmente en servidores centrales que sirven, además, para sistematizar los resultados preliminares y realizar las adiciones necesarias. De ahí que los organismos electorales brinden especial atención a los procesos y mecanismos que eviten que algún intruso pueda manipular la información del servidor, o bien que éste pueda descomponerse durante su operación electoral. Los sistemas se revisan y auditan continuamente para garantizar la integridad.

Por eso sorprende tanto lo que aconteció en la elección boliviana. El día después apareció un nuevo servidor que no formaba parte del esquema operativo. Es decir, durante todo el proceso se ocultó que un servidor (ajeno a las autoridades electorales) había estado conectado al servidor central. El informe documenta que mientras el Trep estuvo desconectado, y aun después, hubo flujos de información entre el servidor legítimo y el otro. Más claro, el agua.

El hecho de que el Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares se suspendiera durante varias horas no es sospechoso por el cambio de tendencia para el candidato oficial (su margen de victoria súbitamente pasó del 7% al 10% que necesitaba para evitar la segunda vuelta). Ese incremento es atípico, altamente inusual, pero posible.

Lo que verdaderamente llama la atención es que, durante el tiempo en que el Trep estuvo caído y en los momentos siguientes, el servidor secreto entró en escena y manipuló datos.

De ahí el error en que incurren quienes sostienen que el Informe de la OEA está equivocado porque el cambio de tendencia en el Trep es técnicamente posible. Lo que el grupo de expertos documentó es que la integridad del sistema estuvo comprometida por la introducción de un servidor adicional del que nadie sabía y que no formaba parte de la infraestructura electoral que fue revisada, aprobada y documentada.

¿Cómo fue posible que esa conexión tan burda pasara inadvertida para los custodios de la elección? El Informe de la OEA no resuelve el interrogante, aunque sí anexa un escrito de funcionarios que conocían del asunto y lo ocultaron.

La integridad del cómputo

Puede pensarse que la integridad del cómputo está viciada por los problemas en la cadena de custodia y las alteraciones de documentos, pero no por los problemas suscitados en el Trep. Al fin y al cabo, los resultados preliminares se alimentan de fotos de las actas, mientras que los cómputos lo deberían de hacer con los originales.

No es el caso. El informe de la OEA demostró que el 5% de las imágenes Trep que debían alimentar solamente el sistema preliminar fueron incorporadas al cómputo oficial. Toda vez que aquél estuvo viciado por la introducción del servidor apócrifo, la fidelidad del cómputo está también en entredicho.

Es decir, independientemente de que los problemas que se describieron en este artículo hayan sido deliberados o errores involuntarios, lo cierto es que su gravedad y extensión hacen imposible otorgar certeza a un cómputo cuyas fuentes de información fueron comprometidas en mayor o menor medida.

¿Qué sigue?

Más allá del caso boliviano, la elección de octubre abre un nuevo capítulo para las elecciones en la región. Las metodologías de observación internacional –por robustas que sean– se quedan cortas, a la luz de la necesidad de auditar ex post comicios cuya integridad ha sido puesta en entredicho. Se requieren recursos altamente especializados que difícilmente se pueden generar en periodos cortos.

Conviene, quizás, que los órganos electorales del subcontinente vayan sumando activos que les permitan responder ante una eventual crisis como la que tuvo Bolivia. Hay vacíos de información que pueden afectar la estabilidad política de una nación. En la medida en que se tengan recursos para reconstruir procesos y llenar esos vacíos, mayores posibilidades se tendrán para entender cómo se desarrollan los comicios.

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