Bolsonaro no felicitará a Alberto Fernández

Tras un período preelectoral que se le hizo eterno al presidente y candidato por Juntos por el Cambio, Mauricio Macri, las elecciones argentinas del 27 de octubre le dieron un triunfo contundente a Alberto Fernández, del Frente para Todos (48%, frente al 40% otorgado a su rival). No habrá segunda vuelta, porque según la legislación argentina si un candidato supera el 45% o supera en más de 10 puntos al segundo no hay necesidad de ballotage.

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso), pese a ser “tan sólo” unas primarias, habían descubierto las cartas y generado enorme desazón tanto en el oficialismo como en los medios de comunicación con mayor peso y en las empresas encuestadoras, que no lo vieron venir, o quizás sí y especularon con que lo que no se verbaliza no existe, tema para otro análisis.

Macri cometió muchos errores, fallaron sus medidas económicas y también la comunicación, aunque entre las Paso y la elección de este domingo logró subir ocho puntos. Los volátiles mercados parecieron hacer saltar todo por los aires el lunes posterior a las primarias (el dólar subió un 23%, pasando de 46 pesos a 57), pero finalmente volvieron a la anormal normalidad de la Argentina actual y todo sigue como estaba: o sea, mal.

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Sin ninguna duda, la economía no va bien y todo hace prever que irá a peor en el corto plazo. Sin embargo, hay otros aspectos que hoy los demócratas pueden celebrar, con independencia de que su proyecto político haya ganado o perdido. Tres reflexiones en contexto: las instituciones no están cuestionadas, los partidos interpelan a la ciudadanía (con mayor o menor éxito, los canales de la representación no están rotos) y la extrema derecha no ha logrado expandir sus discursos de odio.

1.- Hace apenas una semana hubo elecciones en Bolivia. El recuento se hizo entre quemas de edificios públicos, denuncias de fraude del líder de la oposición, anuncios de triunfo por parte del presidente antes de la publicación de resultados definitivos, intervención de la Organización de los Estados Americanos y enormes dosis de desconfianza de todos contra todos. En Argentina, el resultado electoral no ha sido cuestionado por nadie. A esto se añade que el 10 de diciembre se cerrará un ciclo de casi un siglo desde la última vez que un presidente no peronista dejó su cargo en el período establecido. No ocurre desde 1928 (antes del surgimiento del peronismo); desde entonces, golpes, renuncia o adelanto de la investidura.

2.- En Chile, como poco antes en Ecuador, sectores importantes de la población salieron a la calle a expresar su hartazgo con políticas excluyentes. No es lo simbólico (aunque también cuente, y mucho, la ceguera de los políticos en situaciones específicas: Piñera comentando “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, como ejemplo destacado), es la vida cotidiana, cada vez más difícil para sectores importantes de la población, la dificultad para llegar a fin de mes, para pagar los servicios básicos, los medicamentos o el alquiler.

En ese contexto, Argentina votó y tradujo la demanda de cambio en una opción electoral. Los partidos han canalizado las demandas ciudadanas. Pero cuidado, que no hay cheque en blanco y la paciencia es cada vez más limitada.

3.- Si en Brasil a la larga gestión del Partido de los Trabajadores le siguió la reacción de una extrema derecha recalcitrante, promotora de discursos autoritarios y excluyentes, en Argentina surgió, frente al kirchnerismo, una opción de centro o centro-derecha encarnada por los distintos sectores de Cambiemos que permitió, por ejemplo, una discusión generalizada sobre la legalización del aborto. En esta campaña electoral surgieron posiciones de extrema derecha, que proponían invertir en las fuerzas de seguridad y lanzaron consignas contra la ideología de género. Los candidatos de Unite y Frente Nos, que compitieron por separado, sumando apoyos apenas superan el 3% de los votos y se quedan en los márgenes.

El presidente de Brasil, Jaïr Bolsonaro, dice que no felicitará a Fernández. Dichosamente, a la mayor parte de la población argentina eso habla mal del primero más que del segundo, mientras para Macri había sido un apoyo incómodo. (Esto no implica mirar para otro lado, porque Brasil es un socio comercial clave para Argentina. Los funcionarios y diplomáticos tendrán trabajo ahí).

Toca organizar un traspaso de poder que haga mejor honor a la calidad de la democracia en Argentina y evitar escenas de culebrón (que no de tango) como las vividas en la última investidura en que Cristina Fernández de Kirchner se negó a entregarle el bastón presidencial a Macri. Alberto Fernández tiene un reto enorme por delante y no las tiene todas consigo. La economía, ya se ha analizado con detalle aquí, va muy mal y requiere de reformas. La pobreza (también discutida en estos días) obliga a una acción urgente. El peronismo se reunificó, pero los gobernadores no se alinean gratuitamente y habrá que negociar y ofrecer.

En diputados, el kirchnerismo tiene 120 escaños y Cambiemos 119, lo que obligará a negociar. Habrá que ver también cómo se da la convivencia en el Ejecutivo, con una vicepresidenta que sabe cómo y cuándo mover sus fichas (ahora, para qué querrá moverlas es algo que está por verse). La paciencia de la ciudadanía, en Argentina y en todas partes, parece que se agota cada vez más rápido. Para empeorar las cosas, el contexto internacional no hace prever repuntes de la economía. Pero hoy cabe alegrarse por este pequeño triunfo de la institucionalidad.

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