Brasil: ¿por qué no cae Bolsonaro?

A continuación se presentan las principales conclusiones del conversatorio ‘La política latinoamericana durante la pandemia: Brasil’ (16 de julio de 2020), en el que participaron María Herminia Tavares de Almeida (Cebrap), Adriana Abdenur (Plataforma Cipo) y Magna Ignacio (UFMG- Red de Politólogas) y organizamos con Daniela Campello. La iniciativa cuenta con el respaldo del Graduate Institute, la Fundación Getulio Vargas, la Red de Politólogas, Agenda pública y el Observatorio de Reformas Políticas de América Latina.

Los contagios se cuentan ya por millones y los muertos superan los 100.000 (en el momento de grabar la conversación), con un líder de ultraderecha y negacionista. Las perspectivas para la democracia y los derechos humanos no son buenas. Pero no todo son sombras: señalan las analistas que en Brasil había una capacidad instalada del sistema de salud que permite una mayor llegada al territorio, en comparación con otros países de la región. Apuntan también que si nos atenemos a las medidas tomadas, el rumbo marcado no ha sido muy diferente del observado en otras partes: confinamiento, cancelación de eventos públicos, cierre de escuelas. Sin embargo, las medidas son menos efectivas porque hay un presidente negacionista y que no muestra ninguna empatía con el sufrimiento de la población, falta coordinación entre niveles de gobierno y el Ejecutivo usa sus competencias para la confrontación. Hay más: aumentan la corrupción y el crimen organizado, que involucra a miembros de la familia del presidente. Si éste no tiene partido y está cada vez más aislado, ¿por qué no cae, en un país que tiene experiencia previa practicando el impeachment? Dos respuestas posibles y complementarias tienen que ver con su agenda económica ultraliberal, que genera apoyos en una élite que quizás no quiera a Bolsonaro pero no tiene a mano a nadie mejor para impulsarla; y la fuerte presencia de los militares que –en palabras de Herminia Tavares– “complica todo, incluso la posibilidad de un impeachment”.

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1.- Medidas similares en contenido a las tomadas en otros países, pero a destiempo y sin coordinación

Las medidas económicas y sanitarias tomadas no son muy diferentes de las de otros países. Lo que sí destaca es la falta de coordinación y coherencia. Por ejemplo, un Estado obliga a usar mascarilla y el presidente veta la medida. El ministro de Salud ha sido destituido por contradecir el negacionismo del presidente y volverse más popular que él, y aún no ha sido reemplazado. No hay políticas claras. La presencia del presidente en eventos públicos sin mascarilla y sugiriendo medicinas no aprobadas por la OMS ni por la comunidad científica (como la cloroxidrina) tiene efectos negativos en el cumplimiento de las medidas por parte de la población. Ariadna Abdenur incide en la falta de empatía de Bolsonaro, que en sus comparencencias no hace referencia alguna a los que han perdido familiares o están sufriendo las consecuencias económicas de la pandemia.

2.- Capacidades estatales instaladas

Hay una capacidad instalada del sistema de salud que se ubica por encima de la media latinoamericana. Aun así, se registran enormes diferencias entre territorios y hay zonas muy vulnerables ante un incremento de los contagios, especialmente en el nordeste. Esa capacidad instalada ha facilitado una respuesta no sólo en lo sanitario, sino también en la disponibilidad de un registro de personas en situación de vulnerabilidad económica a la que se puede llegar más rápido con las ayudas.

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3.- El Poder Legislativo y el Judicial intentan funcionar como contrapeso al presidente

El presidente Jair Bolsonaro ha intentado concentrar poder y ha activado lo que Magna Ignacio denomina “unilateralismo administrativo”, pero afronta la resistencia tanto de la Corte de Justicia como del Poder Legislativo. En el ámbito concreto de las ayudas ofrecidas a la ciudadanía afectada económicamente, el Legislativo ha logrado mejorar la propuesta inicial del Gobierno.

4.- Corrupción y crimen organizado

Hay un debate sobre el incremento actual de la corrupción en el contexto de la pandemia. Las analistas señalan la vinculación de Bolsonaro y su familia con el crimen organizado e, incluso, con el asesinato de activistas como Marielle Franco.

5.- ¿Por qué no cae Bolsonaro?

Porque sigue habiendo una élite ultra-liberal que apoya sus medidas y/o no encuentra otro actor para reemplazarlo. Su programa de achicamiento del Estado está pendiente y la pandemia ha remado en la dirección contraria, a aprobar más ayudas. Éstas han hecho subir el apoyo de Bolsonaro entre los sectores populares más vulnerables, que hasta ahora habían sido votantes del Partido de los Trabajadores y/o de la izquierda. Si bien el juicio político no se vislumbra con claridad en este escenario sumamente volátil, se habla constantemente de su posibilidad. El apoyo de los militares es incierto, porque tienen presencia fuerte en el Gobierno, pero también hay disgusto con su gestión. Su presencia incluso complica la perspectiva del impeachment. Bolsonaro podría intentar negociar con otros partidos en el Congreso, lo que podría reforzarlo.

Ante la cita de las elecciones municipales, que funcionan como un test del Gobierno, habrá que ver lo que ocurre. Se producirán en un contexto de incertidumbre, con un presidente sin partido y con apoyos volátiles y cambiantes.

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