¿Cambio de nombre y fin de las disputas entre Atenas y Skopje?

El año 2018 será recordado por la revitalización del diálogo regional en los Balcanes occidentales. Tres son los acontecimientos protagonistas: el anuncio de un diálogo bilateral y sin mediación de terceros entre Belgrado y Pristina, la celebración de las elecciones en Bosnia-Herzegovina y la aplicación de los Acuerdos de Prespa de junio de 2018 entre Macedonia y Grecia sobre la cuestión del nombre del primero.

La publicación, en febrero de 2018, del documento ‘Una perspectiva de ampliación creíble y mayor compromiso de la UE en los Balcanes Occidentales’ y la Presidencia de Bulgaria durante el primer semestre del año han permitido, sin duda, que a lo largo de este otoño se abra una ventana de oportunidad europea para estos países. Pero quizás esté siendo el proceso de cambio del nombre de Fyrom (Former Yugoslav Republic of Macedonia) por el de República de Macedonia del Norte el hecho que pueda inclinar la balanza entre una mayor europeización o el alejamiento de Bruselas por parte de los estados candidatos (Albania, Serbia, Montenegro, Fyrom) o potenciales (Bosnia-Herzegovina y Kosovo). Este último escenario haría que la influencia y presencia de China, Turquía, Rusia o Emiratos Árabes se ampliara de acuerdo con sus intereses geopolíticos. 

El conflicto entre Macedonia y Grecia sobre el nombre del primero no es algo nuevo; dura ya más de 25 años. El no reconocimiento del nombre, Constitución y bandera (utilización del símbolo del Sol de Vergina) por parte del país heleno, que lo consideraba como una injerencia en sus símbolos nacionales, retrasó tanto la entrada de Macedonia en Naciones Unidas hasta 1993 como su adhesión a la OTAN en 2008. Finalmente, tras muchos años de disputas y negociaciones, el 17 de junio de 2018 se consiguió llegar a un acuerdo entre ambos países en lo que se conoce como los Acuerdos de Prespa, en las orillas del lago del mismo nombre. En dichos acuerdos, Skpoje se comprometía a celebrar un referéndum sobre el cambio de nombre y realizar una reforma constitucional, tal y como planteaba Atenas, para evitar posibles reclamaciones irredentistas en el futuro.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

El hecho de que en ambos países, profundamente nacionalistas, se encontraran en el poder socialdemócratas y los partidos albaneses en Skopje, de un lado, y de otro Syriza y los nacionalistas Griegos Independientes (Anel) abrió la posibilidad de un acuerdo entre ambas partes. Macedonia, tras el corrupto Gobierno del nacionalista VMRO liderado por Nikola Gruevski, había dado paso a un nuevo Ejecutivo más pragmático y, por tanto, más favorable a una negociación con su país vecino que le abriera las puertas a la adhesión tanto a la UE como a la OTAN. Grecia, por su parte, arrinconada tras la crisis económica y con un Gobierno también dispuesto a hablar, podía ver cómo terminar con una disputa que ya duraba demasiado tiempo.

A pesar de la voluntad de sus gobiernos, otras fuerzas políticas en sus respectivos países no estaban dispuestos a aceptar ningún tipo de acuerdo. Los nacionalistas extremos, en la oposición, acechaban a uno y otro lado de la frontera, retroalimentándose en lo que se podría denominar una suerte de paradoja balcánica del cuanto peor mejor. El Gobierno de Tsipras tuvo que superar una moción de censura en la que alguno de sus aliados nacionalistas en el Ejecutivo llegó a votar en contra y que superó de manera muy apurada. Posteriormente, tras el inicio de la reforma constitucional en el Parlamento macedonio, en el mes de octubre, el ministro de Exteriores, Nikos Kotzias, de Syriza y hacedor del acuerdo con Macedonia, dimitió tras una disputa con el ministro de Defensa nacionalista de Anel, Panos Kammenos, al no sentirse lo suficientemente respaldado por el presidente Tsipras. Desde entonces, éste último asumió la cartera de Exteriores griega. Todas estas dificultades, sin embargo, no han impedido que el acuerdo haya seguido, hasta ahora, su hoja de ruta.

El mecanismo de reforma que se acordó dejaba la primera pelota en el tejado de las autoridades macedonias. El procedimiento consiste en tres fases: la primera sería la convocatoria de un referéndum junto con la aprobación, por mayoría de tres cuatros, de la propuesta de reforma constitucional; la segunda consistiría en la aprobación de los borradores de las enmiendas constitucionales en el Parlamento con la mayoría simple del mismo; esto es, 61 diputados. Finalmente, la tercera sería una nueva votación sobre las enmiendas de reforma ya en firme y que tendrá que ser aprobada, de nuevo, por las dos terceras partes de la Cámara.

Por el momento, se ha conseguido llegar hasta la segunda fase, aunque no sin dificultades. La primera de ellas fue la celebración del referéndum. Esta consulta de carácter vinculante requería una participación mínima del 50% de la población para su validez. La participación sólo llegó al 36%, si bien más del 90% del voto emitido fue positivo a favor de la reforma constitucional. La baja participación puede explicarse por mor de tres factores: el llamamiento de los partidos de la oposición, fundamentalmente el VMRO, a la abstención; la falta de confianza en los actores que apoyaban al mismo (UE, OTAN, Alemania y EE.UU.) por parte de la población y el voto de castigo al Gobierno.

Este resultado restaba legitimidad no sólo al proceso, sino también al Ejecutivo. Pero a pesar de ello, la voluntad política, a prueba de bombas, del primer ministro Zaev no ha flaqueado y le ha llevado a someter al Parlamento la propuesta de reforma constitucional, argumentando la gran mayoría de apoyo recibida en el referéndum. La votación, que tenía que ser ganada por tres cuartas partes de la Cámara, tuvo lugar el pasado 20 de octubre y se saldó, bajo acusaciones de compra de votos, a favor del Ejecutivo.

Superada la primera fase, se puso en marcha la segunda. En esta ocasión, se someterieron a votación de la Cámara los cuatro borradores de enmiendas de reforma constitucional. El primero, el cambio de nombre (en todo el texto constitucional) por República de Macedonia del Norte, con la excepción del artículo 36 relativo al estatus de las víctimas y veteranos de la lucha por el Estado. El segundo, relativo al Preámbulo de la Constitución, en el que se incorporaba el Acuerdo de Ohrid de 2001 como parte constitutiva del Estado. El tercero se refiere al artículo 3, dedicado a la integridad territorial del Estado y a su independencia en relación con los países vecinos. Por último, el cuarto, reemplazaba el artículo 49 por cuatro secciones nuevas dedicadas a la protección de la herencia cultural del pueblo macedonio; a la defensa de los derechos e intereses de sus ciudadanos en el exterior y al compromiso para no interferir sobre los derechos soberanos de los países vecinos y sus asuntos internos.

De esta manera, quedaba zanjado cualquier intento de reclamación de carácter irredentista y, al mismo tiempo, se preservaban cuestiones culturales y simbólicas relacionadas con su identidad tales como el nombre de la lengua o la denominación de sus habitantes; en ambos casos macedonios. Esta votación tuvo lugar el día 2 de diciembre y requería la mayoría simple de la Cámara de Representantes, y el Gobierno volvió a ganar la consulta.

El resultado fue de 67 votos a favor, 23 en contra y cuatro abstenciones y, por tanto, dan paso a la siguiente fase del procedimiento del cambio de nombre de Fyrom en el ámbito parlamentario. Mientras, desde el día 29 de noviembre se están produciendo disturbios en las calles de Skopje y Atenas en contra de este cambio. Superada la aprobación de los borradores, se ha puesto en marcha ya tercera y última fase del proceso de reforma constituciona. que requerirá la aprobación de las enmiendas en el Parlamento, esta vez por mayoría de dos tercios y que tendrá lugar a finales del mes de enero de 2019.

Si esta fase se supera en firme (algo que, a pesar de las dificultades, Zaev está dispuesto a conseguir a cualquier precio), será Grecia quien tome el relevo del proceso de cambio de nombre y reconocimiento de éste, algo que tampoco será sencillo dado que en la primavera de 2019 se celebrarán elecciones legislativas en el país heleno. Cualquier retraso en los plazos de aprobación podría demorar o incluso (en función del resultado electoral) anular todo el acuerdo.

Por otro lado, no deja de resultar preocupante la ausencia de posicionamiento del ‘spitzenkandidat’ por el Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, en relación con esta cuestión. Es importante recordar que las fuerzas políticas que se oponen al acuerdo por el nombre, el VMRO-DPMNE por parte Macedonia y el Partido Nueva Democracia griego, son ambos miembros del PPE. Y Orban, también miembro de este partido, es el único líder europeo que se ha manifestado en contra de los Acuerdos de Prespa y que ha cuestionado la legitimidad de la condicionalidad europea al otorgar el asilo al ex presidente macedonio Nikola Gruevski. Quizás Weber esté ya en modo electoral y utilice este asunto para ganar posiciones en Hungría y Grecia de cara a las elecciones europeas de mayo de 2019.

Recapitulando lo acontecido hasta el momento, parece que hay margen para el optimismo en la resolución de uno de los conflictos bilaterales más enquistados de la región. Las voluntades de los líderes de ambos países parecen fuertes y resueltas a terminar con una disputa que dura ya demasiado. Si, finalmente, el desenlace se realiza a favor de los Acuerdos de Prespa, puede comenzar una época de más estabilidad, acompañada de un contexto más favorable para la resolución de otros desencuentros regionales que es imprescindible que se resuelvan si de verdad se quiere tomar la ruta que ofrece la perspectiva europea.

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.