«China intentará quedarse con algunos países europeos”

El pasado 7 de junio, el Real Instituto Elcano organizó en la Fundación Botín un debate sobre el papel de la Unión Europea en la actual guerra tecnológica y comercial entre Estados Unidos y China. Dos de los ponentes, Federico Steinberg y Lourdes Casanova, ambos becarios de «La Caixa» (ver aquí y aquí) aprovecharon después para seguir conversando sobre este asunto y sobre la celebración de la cumbre del G-20 en Japón.

Ésta es la transcripción casi literal y editada de la citada conversación:

Federico Steinberg.- Estamos aquí con Lourdes Casanova, profesora en la Cornell University y directora del Instituto de Mercados Emergentes, especialista en economías en desarrollo y en empresas multinacionales de países emergentes. Vamos a comentar un poco la realidad económica y geopolítica, al borde de la cumbre del G-20, y sobre todo con la atención puesta en la tensión entre China y Estados Unidos. Sabemos que ha habido varios tiras y aflojas entre ambos países y que ahora mismo las negociaciones están estancadas, pero ¿podría haber una distensión en la cumbre? ¿Cómo ves esta dinámica entre China y EE.UU. en la pata comercial, pero también en la más general?

Lourdes Casanova.- Bueno, evidentemente China ha emergido, como muchos dicen, y es en estos momentos, y lo continuará siendo, un rival tecnológico y, donde más le duele a la mayor economía del mundo, en innovación. Algunos opinan que tenía que pasar, aunque parece que ahora Estados Unidos, de repente, se ha dado cuenta de la fuerza de China. Una cosa es ver crecer la economía, pero el fenómeno, el auge de las empresas chinas (acabo de terminar un libro sobre este tema) ha sido una cuestión de 10 años. Usaron la crisis financiera global como una plataforma de expansión. Si miramos el índice, el famoso índice Fortune Global 500, había 20 empresas grandes hace 10 años y ahora hay 111. Si miramos industrias clave como la banca, logística, también telecomunicaciones, en todas tenemos empresas chinas entre las cinco más grandes. El sector bancario es emblemático: cuatro de los cinco mayores bancos del mundo por ventas son chinos. ICBC, por ejemplo, segundo también por capitalización de mercado, un banco estatal y privado al mismo tiempo, está presente en 51 países y territorios; y, por dar otro dato anecdótico, el sueldo de su CEO es de 100.000 dólares. Si lo comparamos con el sueldo del banco mayor del mundo por capitalización de mercado pues, evidentemente, las reglas del juego son distintas, y la colaboración enorme entre los negocios, el Gobierno y la sociedad civil en China es un modelo que ha funcionado y, en mi opinión, sus chinas continuarán creciendo.

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También pretenden crear, como se ha hecho en telecomunicaciones, una red global de electricidad porque tienen una tecnología que pierde menos energía en la transmisión. Esa tecnología no es propia, la tenía Siemens, pero ellos la han implementado y la están ejecutando de una forma increíble, y están interconectando ya redes en Asia.

F. S.- ¿Eso quiere decir que ya no estamos en aquella fase en la que China copiaba, sino que en algunos sectores está liderando tecnológicamente con claridad?

L. C.- Sí. Ésa es la nueva fase, y es la que provoca todas estas tensiones. Sí, China ha copiado, y algunos dirían que mejorado, el tren de alta velocidad, que contiene elementos de los trenes de Siemens, de los de Bombardier y de los japoneses, y es una tecnología propia basada en las otras y mejorada en algunos casos.

Este año, China va a aumentar su red de alta velocidad, va a construir tanto como se ha hecho en España en todos estos años. Ahora se acaba de inaugurar el de Madrid-Granada, 20 años más tarde, y ellos lo van a hacer en un año.

Trenes de alta velocidad, pagos por móvil, coches eléctricos… muy pronto vamos a ver, no tenemos coches tradicionales con marcas globales, pero los coches eléctricos ya van a ser chinos.

F. S.- ¿Y tú eres de las que opinan que esta relación China-Estados Unidos se puede gestionar o que la trampa de Tucídides está ahí y realmente no hay manera? Porque ya sabes que hay dos perspectivas: quien habla de Chimérica, porque la interrelación entre ambos es tan grande que al final entenderán que vale la pena no hacerse daño, y luego los que dicen que Trump realmente está intentando desconectar las dos economías para, eventualmente, poder pasar a una fase de conflicto que vaya más allá de lo comercial.

L. C.- Me voy a quedar, si puedo, en la parte de negocios y economía. El lema de mi instituto es construir puentes e incentivar el diálogo; o sea, que tengamos diálogo. Creo que eso es lo mejor para China y lo mejor para todo el mundo, y ojalá lo logremos. Desenganchar las economías globales va a ser muy difícil, pero evidentemente China se está preparando para eso. Huawei está en estos momentos acelerando su investigación (tenía ya sus chips propios) para poder ser autosuficiente. El made in China 2025 no era otra cosa que nosotros podemos ser autosuficientes. Lo que están haciendo es acelerar esta autosuficiencia.

En Estados Unidos hay dos opiniones: por un lado, los que creen que esta batalla la van a ganar ellos y van a conservar la supremacía. No vamos a subestimar la fuerza de EE.UU., no creo que sea el final de su imperio, todo lo contrario, tiene muchas cosas para continuar manteniéndose como líder mundial; no digamos la fuerza de su economía, la innovación, que todos envidiamos… pero sí, tenemos ahora un nuevo poder que no se va a amilanar, que está ya prácticamente aquí y que va a continuar creciendo. Creo que China está definitivamente interesada en evitar cualquier conflicto más allá de lo que está pasando y se está preparando para ser autosuficiente.

F. S.- Y en esa discusión, ¿podemos movernos hacia un mundo con menos reglas multilaterales, con una OMC que realmente no funcione y, por lo tanto, con dos ecosistemas, uno alrededor de China y otro de Estados Unidos, que obligarían a los demás a posicionarse?¿O crees que podremos sostener un sustrato mínimo de multilateralismo y, evidentemente, sobre eso habrá que alcanzar cuerdos plurilaterales o preferenciales?

L. C.- Está claro que China ha aprovechado muy bien el multilateralismo. Se suponía que iba a favorecer a quienes imponen las reglas, a EE.UU. y a Europa. Y, de repente, como parece que está favoreciendo a otro pues decimos, ¿sabes qué?, lo que dijimos vamos a deshacerlo.

Durante toda la historia económica, ha habido periodos más globales y más integrados y periodos que lo han sido menos. Por ejemplo, antes de la Primera Guerra Mundial fue una época de gran globalización y gran prosperidad. Luego, fue a menos. O sea, yo sí creo que vamos a ir a un periodo más de acuerdos regionales: China ya tiene bastante con Asia, porque es enorme; Europa, que ojalá sigamos bien y unidos y que es otra gran potencia, no lo olvidemos; y Estados Unidos, que vamos a ver, no acabo de entender muy bien por qué esos enfrentamientos con México y con Canadá, que es un gran socio comercial y un gran vecino y aliado. Pero sí, creo que vamos a ir a una época en la cual pudiere haber, está habiendo ya, una cierta desglobalización, los datos lo corroboran, una renacionalización y regionalización.

La globalización está siendo atacada desde diversos ángulos, también por la gente que dice que ha beneficiado sólo al 0,1%. La época en que las gambas se congelaban en un sitio, se pelaban en Tailandia y nos las comíamos aquí, esto se está atacando desde diferentes ángulos. Pero, evidentemente, todos necesitamos comprar y vender.

F. S.- Es interesante esto que estás diciendo, pero al mismo tiempo la tecnología es posible que aumente la globalización en el comercio de servicios, aunque para eso tenemos que mantener un ecosistema de internet común, y eso es lo que está un poco en juego por el enfrentamiento entre China y Estados Unidos.

L. C.- Y también, por ejemplo, si decimos el outsourcing de servicios, hay una parte de localización, es decir, tú quieres ver a la persona que te lo está haciendo. Ahora, EE.UU. está restringiendo los visados a indios que vienen a hacer the last mind en ese proceso de outsourcing. Entonces, sí y quizá no, por lo que dices de que China está intentando, y Rusia también, rompiendo, o protegiéndose, y diciendo que quieren sus propias redes por si acaso; también por los ciber-ataques, etcétera.

F. S.- ¿Y cómo ves la perspectiva de una unificación mayor de Europa, de una política exterior más asertiva?

L. C.- Soy de la generación que ha visto sólo ventajas en la unidad europea. Y ahora, quizás más que nunca, con esas dos grandes superpotencias, creo que Europa debería negociar más como bloque. Porque vemos que China, cuando viene a Europa, empieza a por la periferia y por los países más pequeños, con menos fuerza de negociación. Europa necesita más que nunca unificarse. Ojalá sea así.

F. S.- Para cerrar un poco y mirar a futuro con cierto optimismo, ¿qué esperas de esta cumbre del G-20? ¿Qué puede pasar en la tensión comercial?

L. C.- Tuve el gran honor y privilegio de ser parte del B-20 en la cumbre de Los Cabos. B-20 es la organización paralela de negocios. En aquella cumbre se lanzó una hoja de ruta para que hubiera un poco de accountability; o sea, que lo que se proponga se haga y haya continuidad. Desgraciadamente, luego llegó Alemania, los grupos y las agendas completamente diferentes… o sea, el G-20, para ser relevante, necesita una hoja de ruta, necesita que de una cumbre a la otra haya continuidad.

Proporciona aún un marco de diálogo, pero no ha respondido a nuestras expectativas. Una cosa interesante ha sucedido: cuando se lanzó el G-20. sólo era el G-7, con lo cual. Yo creo que el G-20 es una demostración de la fuerza de China y de otros países emergentes, como Brasil (aunque ahora tiene problemas) y otros. Y eso está bien. Pero subestimamos la dificultad de que 20 países hablen y el diálogo sea efectivo. Sí, hay diálogo, pero en cuanto a implementación, a avanzar, en el que yo participé en 2012 había grandes esperanzas…

F. S.- Sí, de alguna manera sirve para un momento de crisis muy aguda, como pudo ser 2008-2009, pero cuando la situación económica general mejora, poner las prioridades de política exterior y de cooperación internacional cuando eso implica cambiar políticas doméstica, eso es más difícil. Lo que pasa es que justamente en este momento sí que tenemos un problema concreto, que es si la guerra comercial va a más o se frena. Y para eso sí podría servir.

L. C.- Ojalá.

F. S.- Aun así, mi impresión es que en los próximos 10-20 años nos tenemos que ir acostumbrando a picos de tensión y picos de distensión en la relación bilateral China-EE.UU.; comercial y de otro tipo. No sé si estás de acuerdo.

L. C.- Exacto. Creo que vamos… me parece que el presidente Xi habla de la «segunda larga marcha», o sea, que sí, creo que todo el mundo se está preparando para la tensión, y ahí Europa va a sufrir mucha presión de Estados Unidos, para que lo secunde, mientras que Europa, quizás por las circunstancias en las que estamos, preferiría ir por libre, preferiría decir ‘esto sí, esto no’. Pero también va a condicionar más, ya lo está haciendo, las adquisiciones e inversiones chinas. Pero hay ya mucha inversión china en Europa: en Inglaterra, pero también en Portugal, en España, en toda la periferia, y en el Este de Europa también, y esto va a seguir.

Probablemente, Europa será como un campo de batalla para China, que intentará quedarse, de alguna manera, con algunos países y decir, bueno, éste, éste y éste ya están a mi favor. Entonces, va a ser difícil lograr acuerdos europeos con posturas sólidas.

Estamos en «uncharted territory«, como decía mi co-autora Anne Miroux, que ha estado toda su vida en Naciones Unidas: «Yo crecía que las discusiones sobre comercio se habían terminado». A ella le da una pena tremenda porque ha participado en cantidad de negociaciones, de acuerdos, le da pena porque ha costado 40 años construirlo y ahora se está yendo al garete.

Es curioso también (el informe del año pasado lo titulamos ‘Emerging markets reshaping globalisation’) que ahora resulta que los campeones de la globalización son los mercados emergentes.

F. S.- … y no los países avanzados…

L. C.- Exacto. Es curioso, ¿no?

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