Claves para que la campaña sea también europea

El próximo 26 de mayo, los españoles podrán participar en tres elecciones: las municipales, las autonómicas y las europeas. Los ciudadanos suelen tener grandes dificultades para entender lo que está en juego en estos últimos comicios, lo que promueve la abstención o el voto con una motivación nacional. Sin embargo, el primer riesgo no parece tan grave en el caso de España, puesto que aquellos ciudadanos que acudan a votar en las municipales y autonómicas previsiblemente aprovecharán el viaje para participar también en las europeas. Pero se acentúa el segundo.

Podría parecer, quizás, que esto no es tan grave. Al fin y al cabo, los partidos nacionales participan en familias europeas que tienen ideologías más o menos afines. Sin embargo, el buen funcionamiento de la democracia europea requiere de un debate político transnacional que confronte las distintas alternativas políticas sobre los temas en los que la Unión tiene competencias legislativas. En este sentido, las campañas informativas de la Comisión y del Parlamento Europeo va a ser trascendental, pues constituyen las principales fuentes oficiales europeas para los medios que cubran la campaña. De acuerdo con los Presupuestos para 2019, la Comisión ha previsto 84.921.000 euros para acciones comunicativas durante el año, mientras que el Parlamento Europeo ha presupuestado 97.110.300; unas partidas más que suficientes para desarrollar una estrategia consistente. 

El Parlamento Europeo, por lo que se ha observado hasta el momento, ha decidido enfocarse en promover una participación muy amplia entre los jóvenes. Para ello, ha lanzado la iniciativa estavezvoto.eu, mediante la cual insta no sólo a votar, sino a influir en los grupos a los que pertenecen. Es decir, quieren que los jóvenes pidan a sus conocidos y allegados que voten, conscientes del poder amplificador de un emisor con credibilidad –ya lo teorizó Schram en su modelo de comunicación de 1954, en el que abordó conceptos de tanta actualidad como la re-interpretación de los mensajes mediáticos en los grupos privados o el papel del líder en ese proceso–.

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La Comisión sigue todavía sin una actividad clara de cara a elecciones, puesto que incluso el ‘spitzenkandidaten’ se sigue poniendo en duda. Por tanto, se puede prever que su estrategia se centrará en promover el conocimiento sobre los grandes hitos de la Unión. Y no se puede pedir a las instituciones europeas que no hagan propaganda de sus logros. Promover las virtudes propias es un precepto de la comunicación política y sería ingenuo esperar lo contrario. Deben hacerlo, pero eligiendo el momento y los temas que les permitan optimizar el impacto en la ciudadanía. Es decir, deben atender a los asuntos más candentes de la agenda mediática en el periodo pre-electoral para contar por qué la Unión es importante para sus vidas. 

Aprendamos de lo ocurrido en las elecciones de 2014. De acuerdo con un estudio propio, descubrimos que los cinco asuntos que más impulsaron las instituciones públicas que emitían mensajes sobre asuntos europeos, desde septiembre de 2013 a diciembre de 2014, fueron: la economía (283 notas de prensa), los fondos procedentes de la UE para los estados (204), la política de competencia (188), la política medioambiental (115), y las ayudas económicas y materiales a terceros países (105). Para ello, analizamos las notas de prensa de la Comisión, el Consejo, el Consejo Europeo, la Comisión, la Representación de la Comisión, el Parlamento Europeo, la Oficina del Parlamento Europeo y el Gobierno de España.

De todos ellos, el único que también aparecía en los medios de comunicación en el mismo periodo fue la economía. Por tanto, el impacto de la agenda institucional en la mediática fue mínimo. De hecho, sólo una parte de las notas sobre economía consiguieron cobertura en los medios, ya que éstos solían cubrir los asuntos relativos a las medidas de gobernanza económica. 

De estos datos también se desprende un interés institucional por transmitir aquellos hitos que podían conducir al ciudadano a simpatizar con la Unión (fondos de cohesión, ayuda al desarrollo, etc.). No obstante, la efectividad de este esfuerzo es limitada si no consigue un impacto en el público objetivo a través de los medios, al igual que las acciones destinadas a que los ciudadanos conozcan la historia de la integración.

La triple cita electoral pudiera ser motivo suficiente para frenar las temidas cifras de abstención. Por tanto, el foco en España debe estar en incluir una perspectiva europea en los temas que se debatan, para evitar la monopolización de fuentes nacionales en los medios de comunicación.

Está claro que la inmigración, por ejemplo, va a ser un asunto central. La Comisión y el Parlamento Europeo deben tener un mensaje al respecto cuando el tema sea clave en la agenda. Es cierto que las competencias con las que cuentan son limitadas, pero quizás ése sea el mensaje que deben repetir en ese ámbito. O aportar las cifras de lo conseguido hasta el momento y explicar lo que se ha propuesto, o cuáles son los principales problemas actuales para conseguir los objetivos marcados.

Las instituciones supranacionales deben asumir una voz activa en los temas de actualidad que estén en la agenda mediática durante el periodo pre-electoral en España. Y deben hacerlo por tres motivos:

Primero, porque seguirán abordándose estos temas en los medios, aunque las instituciones europeas no participen. De este modo, se permitirá que las posiciones de aquéllos que quieren culpar a la Unión Europea de los fracasos propios tengan un altavoz. También aquellos que no entienden bien cómo se gestionan determinadas políticas o incluso quienes mienten deliberadamente –ya se ha puesto de manifiesto el miedo de las instituciones a la desinformación en estas elecciones–.

Segundo, porque ya se comprobó en las elecciones de 2014 que, en tiempos de redes sociales, la tendencia a reducir la actualidad a cinco o seis temas y discutir sobre ellos en distintas plataformas es aún más acentuada. Los medios se adaptan a los temas de moda y siguen siendo una fuente esencial para el usuario que quiere seguir la última hora sobre el mismo. 

Y tercero, porque permite instrumentalizar la comunicación institucional de una manera sólida. No es lo mismo hablar de las consecuencias de que salga un Estado miembro de la UE en 2019, año del Brexit, que cuando se intentaba explicar en 2014 y era una situación hipotética. Las instituciones deben adaptar sus mensajes al momento preciso en el que puedan tener más efectividad.

En condiciones de normalidad, la comunicación de las instituciones europeas no puede depender de los temas que seleccionen los medios, sujetos a criterios de rentabilidad que en ocasiones permiten dudar de su misión de servicio público. Pero en este periodo pre-electoral, con el riesgo que existe de que muchos partidos extremistas tengan un asiento en el Parlamento Europeo, estamos ante una situación completamente excepcional. A medio plazo hay que seguir educando a los medios para que informen con responsabilidad sobre los asuntos europeos, promoviendo con paciencia todos los temas claves de la agenda europea. Pero a corto plazo, en esta campaña electoral, hay que ser pragmáticos

El efecto de los medios en los ciudadanos será inmediato y altamente emocional. El Parlamento Europeo y la Comisión tienen que adaptar su esfuerzo comunicativo para participar en los temas más relevantes de la agenda mediática. Conseguir que la perspectiva europea esté presente es el único camino para promover un voto informado. 

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