¿Coalición gubernamental o repetición electoral?

España se debate entre una coalición de gobierno entre PSOE y Podemos este mes, con el apoyo de nacionalistas e independentistas, o una repetición electoral en noviembre. Dada la tendencia de la historia a repetirse, sería bueno que nuestros políticos la tuviesen en cuenta para aprender de ella.

1.- España: antecedentes históricos

Para encontrar un precedente de elecciones consecutivas en España no debemos remontarnos muy atrás: diciembre 2015-junio 2016; aunque no es ésta la primera vez que algo así sucede en la política española. Entre febrero de 1918 y diciembre de 1920, los españoles fueron llamados a votar cada año. Los paralelismos entre estos dos episodios y la situación política actual son ciertamente sorprendentes.

Como en las elecciones de abril de este mismo año, las de 1918 y 2015 dieron paso a los parlamentos más fragmentados desde la Restauración y la Transición, respectivamente. Ambas elecciones también pusieron fin al bipartidismo que había venido caracterizando la política española en ambos periodos. De igual modo, la formación del Gobierno resultó ser una tarea extremadamente difícil en ambos casos: con seis gabinetes diferentes, cinco de los cuales no duraron más de tres meses, en el primero; y dos investiduras fallidas en el segundo.

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Tratando de poner fin a tal inestabilidad política, el Parlamento fue disuelto en ambas ocasiones, pero las nuevas elecciones devolvieron una legislatura igual de fragmentada. La situacion no cambió ni con una nueva convocatoria electoral en diciembre de 1920 y la solución pasó, como después de 2016, por gobiernos en minoría de corta duración.

Además de los paralelismos citados anteriormente, un análisis histórico de todas las instancias de repetición electoral dentro de un marco de seis meses en los países de nuestro entorno puede arrojar algo de luz sobre la necesidad (o no) de celebrar nuevas elecciones en noviembre.

2.- Los votantes no suelen cambiar sus preferencias

Junto con el caso español ya mencionado, en el periodo comprendido entre 1848 y 2019, elecciones legislativas anticipadas en poco tiempo (medio año) tuvieron lugar en otros siete países: cuatro veces en Grecia, dos veces en Dinamarca y una vez en Alemania, Irlanda, Moldavia, Turquía y el Reino Unido.

La tabla anterior muestra el nivel de volatilidad electoral o cambio agregado en las preferencias partidistas de los votantes entre dos elecciones. Podemos observar que, con sólo tres excepciones, la volatilidad de las preferencias electorales fue mucho menor en el caso de elecciones anticipadas. Además, en 10 de 13 casos, el porcentaje de votantes que emitieron sus votos para un partido diferente no fue superior al 9%. En pocas palabras, debido a la falta de suficientes elementos de juicio o, básicamente, a la falta de tiempo, la mayoría de los votantes decidieron mantener la decisión adoptada seis meses atrás.

3.- El tablero se mantiene igual

De manera similar, la casi inmediata repetición de elecciones tiende a reducir la fragmentación electoral. Así, y tal como se puede observar en la figura de abajo, donde se muestra el número de partidos electorales relevantes en el electorado, sólo en Alemania (1932), Grecia (2015) y Moldavia (2009) las nuevas elecciones arrojaron un mayor número de actores políticos relevantes. Es más, en siete de las 13 elecciones, la identidad de los partidos se mantuvo exactamente igual; y en los otros cinco el número de partidos nuevos nunca llegó a más de dos.

Conscientes de la falta de tiempo suficiente para que los votantes cambien de opinión y conocedores de los efectos mecánicos del sistema electoral, y actuando como verdaderos jugadores de ajedrez, los partidos tratarán de maximizar su respectivo apoyo electoral forjando alianzas que los ayudarán a mejorar sus retornos electorales anteriores. La coalición electoral de Unidos Podemos en 2016 y la más que posible España Suma entre PP, Ciudadanos y Vox son el ejemplo más claro.

4.- Gobiernos: ‘Plus ça change’

Observar la estructura de la competencia en el momento de la formación del Gobierno también confirma los patrones anteriores. De hecho, y como se deduce de la figura 3, que captura el nivel de cierre sistémico (es decir, la continuidad en los patrones de las coaliciones gubernamentales), la estabilidad parece ser la norma; hasta el punto de que, en nueve de las 13 elecciones repetidas, el mismo partido logró ganar las elecciones.

Además, y lo que es aún más notable, en la mayoría de los casos, si la oposición logró la victoria en la primera elección, perdió el Gobierno en la segunda (repetida) elección (por ejemplo, Reino Unido en 1974, Grecia en 2015), mientras que si el Gobierno logró retener el poder en la primera elección, inmediatamente lo perdió en la segunda (por ejemplo, Dinamarca en 1953, Moldavia en 2009). Las únicas excepciones son Irlanda, debido al monopolio gubernamental de la Sociedad de los Irlandeses (CnaG) entre 1923 y 1932, y Portugal, donde la victoria fue para la oposición.

En resumen, viendo los antecedentes, tanto españoles como europeos, parece claro que la solución no está en una convocatoria electoral a tan poco tiempo de la última. Si, como ya dijo Karl Marx “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”, nuestros políticos harían bien en evitarla.

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