Cómo cambiar las ciudades para la sostenibilidad

Desde 2015, son muchos los esfuerzos que numerosas ciudades han desarrollado en el ámbito de la sostenibilidad, intentando vincular sus esfuerzos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La CGLU, conjuntamente con Un-Habitat y con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo establecieron una ‘taskforce’ específica sobre localización de los ODS, con importantes herramientas para su puesta en marcha. En España, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha desarrollado su propia estrategia y son muchas las ciudades que han establecido un marco específico de referencia. La Red Española de Desarrollo Sostenible, por su parte, publicó un informe sobre la situación de las principales ciudades españolas en materia de cumplimiento de los ODS, que fue presentado el año pasado. Y Sevilla acogió en marzo el encuentro Localizando los ODS con la iniciativa Local2030 de Naciones Unidas. En otras palabras, España se encuentra francamente comprometida con el impulso hacia la localización de los objetivos de desarrollo sostenible.

Hasta el momento, el resultado de estos esfuerzos ha sido, en el mejor de los casos, mixto. La localización, como la propia Agenda 2030, es un proceso complejo, que requiere un nivel de compromiso público, liderazgo político y complicidad ciudadana muy altos. Existe cierta cacofonía en la divergencia de metodologías, impactos, procesos y ofertas de trabajo para los propios ayuntamientos y diputaciones regionales, no siempre con los mejores resultados en términos efectivos.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Tras cuatro años de trabajo desde la proclamación de los ODS, y a modo de decálogo, se podrían plantear las siguientes ideas para la localización:

1.- La localización de los ODS es un proceso, no un ‘entregable’ ni un informe. Lo importante de una estrategia es que se ejecute, no que se presente. Numerosas estrategias locales de ODS ponen demasiada atención en la alineación de las políticas municipales con los objetivos y las metas, sin contar con los métodos adecuados (cuadros de mando) y, sobre todo, con la cooperación de los departamentos municipales sectoriales encargados de la ejecución. Es necesario examinar adecuadamente cuál es el nivel de compromiso y receptividad de los diferentes departamentos antes de ponerse a alinear los objetivos y las metas.

2.- No todo es prioritario. Quien tiene 17 no tiene ninguna. Aunque la agenda es integral, las ciudades tienen prioridades propias, en función de su realidad específica. Es preferible plantearse dos o tres grandes prioridades movilizadoras que un plano de 17 objetivos sobre los que es imposible concentrar esfuerzos.

3.- La Agenda 2030 no sustituye a la planificación estratégica de las ciudades. Aquéllas que ya tienen un plan consensuado y trabajado con los actores principales no deben incorporar la localización como un añadido extra. Es preferible medir el impacto de su propio plan sobre los ODS antes que provocar una proliferación de estrategias urbanas.

4.- Hay que contar con todos los actores. Una buena práctica es establecer, dentro del marco de las directrices de participación ciudadana, un espacio específico para la reflexión compartida sobre la localización y lo que representa. Un trabajo de gabinete realizando en un despacho no llegará muy lejos. La localización debe verse acompañada con este marco de sensibilización, movilización y participación de los actores relevantes: públicos, ciudadanos y socioeconómicos.

5.- No hagas un plan de localización si no cuentas con estructuras legitimadas que puedan liderar su implementación. La ejecución de un plan requiere de muchos más esfuerzos que su propia elaboración. Y la Agenda 2030 es una carrera de fondo. Si se quema la oportunidad con una estrategia irrealizable o no asumible, el proceso de localización restará más que sumará.

6.- Evita la cacofonía de instrumentos de movilización ciudadana. Nuestros ayuntamientos tienen ante sí el reto de la localización, pero también se encuentran con la puesta en marcha de agendas urbanas locales, la implementación de los Pactos de Alcaldes contra el Cambio Climático, planes de economía circular, estrategias de desarrollo urbano sostenible, etc… Buscar la coherencia entre todos estos instrumentos de sostenibilidad no siempre es fácil. Es preferible alinear con los ODS lo ya existente antes que hacer una nueva estrategia que añada complejidad a la reflexión sobre el municipio.

7.- Presta mucha atención a los indicadores. La mayoría de los indicadores existentes no son replicables a nivel municipal, y en muchos casos su recolección implica unos costes que no son asumibles. Es preferible utilizar (los) pocos indicadores que se puedan recoger actualmente que una batería que no tiene recorrido.

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8.- Comunica tus progresos. Establece una comunicación transparente sobre el avance en los indicadores. Planifica informes de progreso para trasladar a la ciudadanía. Una web con un plan de localización, donde no se muestran progresos o donde no hay debate sobre los mismos, es una estrategia de localización fallida.

9.- Es mejor internalizar el proceso que externalizarlo. Evita los procesos de localización llave en mano. Si necesitas ayuda para determinados momentos, es mejor pedirla sobre entregables concretos (un diagnóstico, una consulta, un benchmarking), o sobre un asesoramiento permanente (acompañamiento a largo plazo) que sobre toda la elaboración estratégica.

10.- Evita las modas y el ‘SDG washing’. La agenda 2030 es un poderoso instrumento de políticas públicas, y puede ser muy útil para fijar prioridades y establecer alianzas con los actores municipales. Pero conviene ser honesto y no generar falsas expectativas: llenar la comunicación municipal del símbolo de los ODS, si no están acompañada por un progreso real, terminará afectando a la capacidad de movilizar a los actores en otras ocasiones.

En conclusión: el objetivo de la Agenda 2030 no es establecer un nuevo plan de ciudad, sino un nuevo modelo de ciudad. Antes de someterse a un proceso de localización, es necesario examinar adecuadamente las motivaciones, capacidades y existencia de antecedentes en el municipio, aprovechar lo que ya se tiene y construir desde ahí, siendo consciente de que el objetivo último de la localización no es tener un bonito documento que presentar o un bonito encuentro que inaugurar, sino generar cambios efectivos en la sostenibilidad y la calidad de vida de la ciudadanía.

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