¿Cómo podemos fortalecer la democracia electoral a escala europea?

En mi trabajo para el International Institute for Democracy and Electoral Assistance (International Idea) titulado ‘2019 European Parliament elections: engaging young people and women’ propongo ampliar el horizonte temporal de las actuaciones para el fortalecimiento de la democracia electoral en la UE a través de medidas formativas y divulgativas, la creación de uno nuevo think tank en el seno del Parlamento Europeo llamado +Ciudadanos y la constitución de un Consejo de la Juventud de la Unión.

El abstencionismo en los comicios europeos debe estudiarse con cautela

El dato de abstencionismo en las elecciones a la Eurocámara, por encima del 50% a partir de los comicios de 1999, ha sido interpretado como una falta no solo de interés por la actividad de esta institución, sino de apoyo al conjunto del sistema político europeo. Sin embargo, la tendencia descendente en la participación en estos comicios no parece estar asociada con la política de la UE, pues la diferencia entre la abstención en las elecciones generales en los países y los comicios europeos se ha mantenido en el tiempo en 20 puntos porcentuales.

El primer error que debe evitarse en el estudio de las elecciones de eurodiputados es tratar estos comicios como un único evento, cuando en realidad se celebran simultáneamente tantas elecciones europeas como estados componen la UE en cada momento del proceso de integración. El total de países que se compara en el tiempo es variable, y este dato crucial dadas las diferencias interestatales observadas en el comportamiento electoral. El abstencionismo es extremadamente alto en casi todos los estados que accedieron a la Unión en las ampliaciones sexta a octava, desde 2004, sobre todo en Croacia (25,24% de participación en 2014), Estonia (36,52%), Hungría (28,97%), Letonia (30,24%), Polonia (23,83%), la República Checa (18,2%), Eslovaquia (13,05%) y Eslovenia (24,55%). En 2014, la diferencia entre la participación media de los estados miembros de la Unión desde 2004 (33,45%) y de los países de la UE-15 (51,84%) fue también de casi 20 puntos porcentuales. El abstencionismo en países post-comunistas se ha asociado a la debilidad de los vínculos entre electores y partidos, entre otros factores contextuales.

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Asimismo, la baja participación de los jóvenes en los comicios europeos es inquietante. Incluyendo los estados donde el voto es obligatorio (Bélgica, Chipre, Grecia y Luxemburgo), en 2014 el porcentaje de abstención del grupo más joven (16-24 años) fue del 72,2%. En Eslovaquia, en esta franja de edad, votaron menos de seis de cada 100 ciudadanos y en Finlandia sólo 10 de cada 100. La diferencia en la participación del grupo de menor (16-24 años) y mayor edad (55 años y más) superó nuevamente los 20 puntos porcentuales en 16 de los 28 países. En Irlanda, traspasó los 50. Solo en Bélgica, donde el voto es obligatorio, así como en Suecia, los más jóvenes acudieron a las urnas en mayor medida que los mayores.

Gráfico: diferencias en la participación en las elecciones al Parlamento Europeo entre el grupo de 55 años y el de 16/24  

La activación de algunos jóvenes ha ido mejorando

Desde los comicios de 2014, se han ido desarrollando iniciativas para favorecer la participación de los jóvenes en la política de la UE. Por citar algunos ejemplos, la red de ciudades con organizaciones no gubernamentales y consejos de la juventud promovida por la Asociación Europea para la Democracia Local o las actividades de información y debate organizadas por el Foro de Estudiantes Europeos, activistas comprometidos a nivel local o la asociación Servicio Europeo de Acción Ciudadana.

En 2016, en la sede de Estrasburgo del Parlamento Europeo se celebró igualmente un evento donde 7.500 jóvenes definieron prioridades tales como un mayor compromiso con el cambio climático o el desempleo juvenil, una regulación europea más estricta de las condiciones laborales o el establecimiento de un ingreso ciudadano universal.

Además, a pocos días de las elecciones europeas de 2019, deseo poner en valor el esfuerzo de distintas instituciones a la hora de elaborar estrategias más eficaces para convencer a los ciudadanos de la importancia de estos comicios. Algunos de estos proyectos han tenido en cuenta trabajos empíricos y recomendaciones presentadas con anterioridad (por ejemplo, en 2014, en el paper de mi colega Luis Bouza ‘Addressing Youth Absenteeism in European Countries’) como integrar a caras conocidas en las campañas, evitar la repetición de eslóganes o buscar complicidades en grupos de jóvenes tales como estudiantes o primeros votantes políticamente comprometidos, quienes, con la información y motivación necesarias, pueden contribuir a animar a la participación a otros electores menos accesibles directamente para las instituciones.

El trabajo en período pre-electoral es insuficiente

No obstante, resultaría clave seguir apostando por dar continuidad a la implicación de los ciudadanos en la elaboración de políticas de la Unión desde el propio ámbito institucional a lo largo de la próxima legislatura 2019-2024. Esto podría conseguirse mediante la simplificación de la información que difunden el Parlamento y la Comisión y la creación de la unidad +Ciudadanos en la Eurocámara, así como un nuevo programa de familiarización con la UE en las escuelas y un Consejo de la Juventud.

El portal lanzado por el Parlamento Europeo para las elecciones de 2019, ‘Lo que Europa hace por mí’, el cual reúne información acerca de los proyectos y programas desarrollados a nivel regional o la actividad legislativa por temas, podría mantenerse con un lenguaje menos técnico. Asimismo, sería recomendable que la Comisión ofreciese los datos de seguimiento de los programas de trabajo anuales de forma comprensible para todos los ciudadanos sin necesidad de que conozcan en detalle cómo funcionan las instituciones de la Unión.   

El think tank del Parlamento que propongo se llamaría +Ciudadanos para diferenciarlo de la unidad de estudio que se ocupa de informar la actividad legislativa de los eurodiputados y proveer información a un público de especialistas. El nuevo departamento se dedicaría a facilitar la participación y el control de los ciudadanos en el día a día de los procesos de políticas públicas; incluida, y esto es importante, su ejecución en los estados, en el nivel no sólo nacional sino también regional y local.

Al mismo tiempo, podría articularse (sin que esto pueda entenderse como una intromisión en un ámbito de competencia estatal) un programa educativo cuyo objetivo fuese formar a las niñas y niños de forma lúdica en la racionalidad de la elaboración de las políticas comunes y la identificación de los responsables de su diseño e implementación. Se trataría de poner énfasis en aquellos elementos y fuentes de datos que les permitiesen controlar en el futuro las actividades de los decisores públicos europeos.

Finalmente, podría crearse un Consejo de la Juventud de la UE, con una sede próxima al edificio de la Eurocámara en Bruselas y donde, con el soporte documental preciso, se organizasen periódicamente debates acerca de temas ya presentes o que podrían formar parte de la agenda política de la Unión. Asimismo, este actor institucional impulsaría otras iniciativas educativas y lúdicas, incluido el programa de pequeños ciudadanos en las escuelas.

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