COP 25, ¿una cumbre del clima ‘azul’?

Chile, con más de 4.000 kilómetros de costa, es uno de los países del mundo con mayor acceso al mar. Este atributo geográfico le ha permitido crear 33 áreas marinas protegidas y desarrollar actividades económicas ligadas al océano, fuente indiscutible de su desarrollo económico. La proximidad al mar y su dependencia del mismo es, seguramente, lo que llevó a Chile a llamar a la Cumbre del Clima 25 la COP Azul, una cumbre destinada a recordar la importancia de los océanos en la lucha contra el cambio climático y la necesidad de tomar medidas para su protección.

Finalmente, debido al estallido social que afronta el país, ésta se celebrará en Madrid, si bien Chile asume su Presidencia y mantiene así su compromiso con el planeta azul. Y es justamente en los océanos donde Chile deberá librar su batalla más importante contra la crisis climática.

En 2015, los Acuerdos de París fueron un hito en el compromiso global de lucha contra el cambio climático. No obstante, hubo sectores que, aun teniendo gran responsabilidad en la situación actual, se quedaron fuera de esos acuerdos. El transporte marítimo mundial fue uno de esos sectores. Esta industria, a nivel global, emite 10 veces más gases de ‘efecto invernadero’ que la totalidad de la economía chilena. Para hacernos una idea de la dimensión del problema, si el transporte marítimo fuese un país, sería el sexto responsable del cambio climático.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Al quedar fuera de los Acuerdos de París, los compromisos para descarbonizar este sector se debaten en la Organización Marítima Internacional (OMI), donde, además, están sobre la mesa medidas relativamente sencillas y de aplicación inmediata como la reducción en un 30% de la velocidad de los buques de aquí a 2030. Y es aquí, también, donde Chile cae en contradicción. Un país que preside una COP Azul, comprometido con sus océanos y con la lucha climática, está bloqueando esta medida. Y no sólo él, también Perú se opone a esta política bajo el argumento, o el miedo, de que sus exportaciones de fruta no lleguen a tiempo a sus destinos.

Sin embargo, estos temores son infundados. Y se sabe porque la velocidad de los buques ya se disminuyó de forma generalizada tras la crisis de 2008 para evitar la sobrecarga del mercado y el comercio de fruta chileno no se vio afectado. De hecho, la velocidad de los buques sigue siendo menor de la que era antes de 2008, emitiendo un 18% menos de CO2 que antes de la crisis, y ello a pesar de que la industria se ha incrementado un 60% desde entonces.

La reducción gradual de velocidad del 30% de aquí a 2030 contribuiría a la reducción de emisiones de CO2 del tráfico marítimo en una media anual de 193 millones mt, equivalente al cierre de unas 50 plantas de carbón. Chile sólo tiene 28 y planea cerrar ocho en el próximo lustro.

En abril de 2018, los países reunidos en la Organización Marítima Internacional (Londres) adoptaron una estrategia inicial para la reducción de gases de efecto invernadero de los buques. Dicha estrategia incluye la referencia a ser «un itinerario de reducción de emisiones de dióxido de carbono coherente con los objetivos de temperatura del Acuerdo de París», y hoy sabemos que la reducción de velocidad es una medida muy efectiva que no daña la economía.

Según una investigación de la Consultora CE Delft, «los impactos económicos de esta medida son modestos: en términos de exportación, como máximo, se reducirían un 10% para el total de América del Sur».

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Esta semana continúan en Londres las sesiones de trabajo sobre transporte marítimo y emisiones de gases de efecto invernadero y, allí, la agrupación de ONGs Clean Shipping Coalition ha vuelto a presentar esta medida a los 60 países miembros de la OMI. Chile tiene la oportunidad de apoyarla y decidir en favor de su economía y del clima.

La crisis climática requiere acciones urgentes, y esta medida podría aplicarse en el corto plazo adaptada a cada tipo de buque. Aun así, en el caso de que decidieran bloquearla, todavía hay otras regulaciones posibles: la transparencia en la eficiencia operacional aplicada a todo tipo de naves, defendida por España, Dinamarca y Alemania, podría recortar la misma cantidad de CO2 que la reducción de velocidad, e incluso más según algunos analistas. Sin embargo, Chile, hasta la fecha, tampoco es favorable a esta medida.

Chile invitó a la COP del mes que viene a ministros de transporte de todo el mundo para formar parte de las negociaciones que tendrán lugar en Madrid. Nunca antes había ocurrido. Hubiera sido un gran paso para caminar en la descarbonización de uno de los sectores más contaminantes y con mayor impacto climático a nivel global. Sin embargo, este encuentro ha sido cancelado en el último momento. Aun así, esperamos que los acuerdos alcanzados legitimen llamar a esta Cumbre del Clima la COP Azul. Razones no faltan y cada vez son más urgentes.

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