Corazón que no siente (o cómo reformar el Estado de Bienestar)

En su última recomendación al Gobierno de España (Mayo 2016), la Comisión Europea pide que se sigan adoptando medidas estructurales necesarias para corregir el déficit excesivo. A pesar del esfuerzo, España no ha cumplido. Cuando tengamos nuevo gobierno, éste tendrá que tomar nuevas medidas que consigan equilibrar la balanza presupuestaria. También dice el documento de la Comisión que hay que mejorar la integración en mercado de trabajo, corregir la dualidad, facilitar la transición educación-empleo, mejorar las políticas de apoyo a las familias y garantizar el acceso a servicios de calidad para el cuidado infantil y los cuidados de larga duración. Total, la cuadratura del círculo: muchos problemas y más ajustes.

En términos absolutos, el esfuerzo de gasto público no sólo no ha disminuido sino que ha aumentado un poco. Considerando la caída del PIB, el porcentaje de gasto público que dedicamos hoy es mayor que antes de que comenzara la crisis. Pero como explica muy bien Daniel Fuentes Castro en su reciente artículo esto no quiere decir que el ajuste presupuestario de los últimos siete años sea un cuento chino. Los datos desagregados por partidas de gasto muestran una subida espectacular en (por este orden) pensiones, deuda y subsidios al desempleo y una caída no menos espectacular, que compensa la subida anterior, en educación y cultura, sanidad e inversión pública. En otras palabras, la Seguridad Social se come buena parte del pastel mientras que el resto de pilares del Estado de Bienestar se achican (véase informe Fedea para una descripción detallada de la evolución del gasto). Esta situación tiene al menos tres lecturas relevantes:

En primer lugar, la desproporcionalidad de los recursos públicos que dedicamos a pensiones, deuda y desempleo está directamente relacionada con la recesión y la austeridad. Es cierto que en el caso de las pensiones el envejecimiento demográfico desequilibra la balanza, pero la presente insostenibilidad financiera del sistema tiene que ver también con la escasez de contribuyentes.

En segundo lugar,  con la excepción de pensiones y desempleo, los años de ajuste presupuestario nos devuelven a niveles de hace más de una década cuando estábamos más bien a la cola de los sistemas de bienestar europeos. En prácticamente todas las partidas de gasto la pauta es siempre la misma: durante los años inmediatamente anteriores a la crisis ‘crecimos’ más que la media UE-15. Esto nos situó en un umbral de gasto que nos permitió acortar las distancias. A partir del 2010, el crecimiento se paraliza hasta que empieza a retroceder. En cuestión de dos, tres o cuatro años perdemos la distancia que previamente habíamos conseguido recuperar.

Por último,  el peso de los tijeretazos ha estado muy descompensado entre las distintas administraciones públicas. La “crecida” de la Seguridad Social por pensiones y desempleo hace que la Administración Central recupere el protagonismo mientras que las Comunidades Autónomas sufren las consecuencias de los recortes en partidas que representan el 70% de su gasto (a pesar de que malabarismos contables parecen indicar lo contrario, véase el artículo de Eloisa del Pino y J. Manuel Díaz Pulido), mientras que las administraciones locales “aguantan” pese a sufrir más que ninguna otra, las diversas situaciones de emergencia social.

La pregunta es ¿y ahora qué? Pues es muy probable que ahora nada. Quitamos de aquí, ponemos de allá y mantenemos más o menos un nivel parecido de gasto público confiando en que el péndulo vuelva por la senda expansiva. Ojos que no ven. Aplazamos sine die debates de fondo que serían sin embargo inaplazables: qué modelo productivo necesitamos para sostener nuestro Estado de Bienestar; qué ofrecemos a las generaciones jóvenes (y no tan jóvenes); cómo garantizamos la igualdad de oportunidades y corregimos niveles insostenibles de desigualdad. A qué idea de ‘buena sociedad’ –si acaso- aspiramos. Podremos cuadrar las cuentas, podremos conformarnos con compensar pérdidas, pero en el horizonte tendríamos que ser capaces de imaginar algo más, algún corazón que sienta. 

Autoría

1 Comentario

  1. FRANCESC GIL
    FRANCESC GIL 07-04-2016

    Efectivamente, aplazamos sine die debates inaplazables, la pregunta que hago es si sabemos hacerlo colectivamente y si existe esa colectivadiad para poder hacerlo.

    Atentamente

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