Coronavirus, ideología y polarización

La crisis del coronavirus ha reforzado tendencias que se venían dando desde hace tiempo. En Estados Unidos, antes de las protestas por la muerte de George Floyd, Donald Trump combinó apariciones públicas llamando al confinamiento con otras apelando a liberar los estados demócratas de las medidas opresivas que habrían tomado sus gobernadores. Su errática gestión creó conflictos con varios gobernadores, incluidos algunos republicanos.

Sin embargo, la forma en que el público ha percibido la gestión que Trump hizo de la crisis sanitaria vino determinada por una lógica anterior a la pandemia: los republicanos la aprueban en su gran mayoría mientras los demócratas la suspenden casi unánimemente. Este fenómeno, que Iyengar y Westwood han llamado ‘polarización afectiva’, tiene efectos tanto en asuntos técnicos como personales. En los últimos años, ha aumentado el número de americanos que declara que no le gustaría que sus hijos se casaran con alguien del otro partido. Como han mostrado Rogowski y Sutherland, la polarización afectiva viene mediada por la ideología: cuanto más se acerca el individuo a un extremo, más desprecia al otro candidato.

La gran polarización afectiva que sufre Estados Unidos tiene consecuencias para la salud pública. Utilizando los informes de movilidad de Google, Lipsitz y Pop-Eleches han mostrado que en los condados demócratas la movilidad se redujo más que en los republicanos, incluso cuando los contagios iban multiplicándose. Los autores señalan que una de las consecuencias de la polarización afectiva es que una parte de los votantes republicanos, alentados por sus élites políticas, no creen en las autoridades científicas. Esta situación, que se explica en parte por el recelo de gran parte del Partido Republicano a tomar medidas contra el cambio climático, está teniendo incidencia en el comportamiento de los estadounidenses.

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Otros estudios encontraron que el factor que mejor explica las diferencias de comportamiento de los ciudadanos durante la primera semana de confinamiento son las preferencias políticas. Para el director de la Organización Mundial de la Salud, la conclusión es clara: «Si los gobiernos quieren evitar ver más bolsas de cadáveres, hay que poner en cuarentena la politización del Covid-19».

En Europa, la polarización afectiva respecto a la gestión del coronavirus varía entre países. En algunos aspectos, España se parece bastante a Estados Unidos. Ya antes de la pandemia, según Torcal, sus niveles en España eran bastante altos. Como ha mostrado Cornago, la manera en que se evalúa en nuestro país la gestión del coronavirus por parta del Gobierno está fuertemente influida por las preferencias partidistas. Además, esto se acentúa con la ideología de los votantes. Según los datos del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de abril, los españoles evalúan la gestión de la crisis de manera diferente según su ubicación en el eje ideológico.

Sucede que la posición ideológica que percibimos en los otros viene marcada en parte por nuestra propia posición. A medida que los ciudadanos se radicalizan, perciben a los partidos de manera diferente: a más extremos, mayor grado de lógica binaria. Por ejemplo, los encuestados que en el CIS se sitúan en la extrema izquierda apenas diferencian entre Vox, Ciudadanos y el PP: para ellos todos están en la extrema derecha. Lo mismo, a la inversa, sucede con quienes se sitúan en el lado opuesto.

Más preocupante es que esta lógica, aunque más matizada, se reproduce entre los que tienen posiciones más moderadas. Según el CIS, ni los votantes de Vox ni los de Podemos se sitúan tan al extremo como los perciben los demás: es como si nos gustara que el extremo sean siempre los otros. No hay duda de que las élites políticas han alentado esta división por cálculos electorales: aún resuenan las alusiones al trifachito y la izquierda golpista de antes de la pandemia.

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En el Gráfico 1, con datos del CIS de marzo de 2020, se puede ver cómo los votantes cambian la percepción de los partidos en función de su posición en el eje ideológico. Los votantes más radicales tienden a ver más hacia el extremo a los partidos que no están en su lado. En otros análisis, hemos controlado también por el partido elegido, y el efecto del extremismo se mantiene.

Por otra parte, la ideología del encuestado afecta a cómo se ha percibido la gestión de la pandemia. El barómetro especial de abril incluye varias preguntas sobre la política llevada a cabo para combatir la Covid-19 en España. En los gráficos 2 y 3 se puede visualizar cómo contestan los encuestados según su auto-posicionamiento en la escala ideológica. Al preguntar sobre la necesidad de las “medidas que se han adoptado”, la mayoría opina que son necesarias o muy necesarias, sin que casi haya diferencias en función de la ideología de los encuestados (Gráfico 2). Esto indica que el consenso sobre la necesidad de las medidas que se han tomado es más o menos transversal.

Sin embargo, en cuanto se hace alguna referencia a las medidas que ha tomado el Gobierno, las respuestas cambian sustancialmente en función de la ideología del encuestado. A la pregunta sobre si “la política que está siguiendo el Gobierno actual para luchar contra la Covid-19 en su conjunto” merece la confianza del encuestado, las respuestas se dividen en función de la ideología: el 70% de los que se sitúan en el 1 tienen bastante o mucha, mientras que solo el 19% de los que se sitúan en el 10 opinan lo mismo (Gráfico 3). Que una gran parte de los encuestados de derechas no confíe en unas medidas que considera necesarias, así como la división existente entre la evaluación gubernamental de los dos bloques ideológicos, sugiere que la polarización afectiva es alta en España. Además, en la línea de Rogowski y Sutherland, la polarización afectiva parece aumentar con el extremismo ideológico.

La cuestión más interesante, y para la que muchos tendríamos una respuesta instintiva, es si han afectado estos niveles de polarización afectiva a la gestión de la crisis sanitaria. A falta de estudios más sistemáticos, tenemos bastantes evidencias anecdóticas de que los partidos políticos han politizado la pandemia: hemos visto tensiones entre el Gobierno central y las comunidades autónomas por cuestiones extra-sanitarias; caceroladas alentadas por distintos grupos políticos; manifestaciones apoyadas por razones partidistas; críticas injustas al adversario.

Sin embargo, aún no disponemos de análisis para saber si ha habido una brecha partidista o ideológica en el comportamiento de los españoles durante el confinamiento. A pesar del parecido con Estados Unidos, en nuestro país había una diferencia fundamental antes de la pandemia: los asuntos científicos como el cambio climático no estaban tan politizados. En el CIS de enero, una inmensa mayoría de los españoles, independientemente de su ideología y preferencia políticas, se mostraba de acuerdo con la existencia del cambio climático. La diferencia entre la izquierda y la derecha en ese tema es menor que en otros países europeos, a pesar de que los votantes de Vox sean algo más escépticos.

Todo esto nos lleva a dos hipótesis, una optimista y otra pesimista. La optimista es que el consenso en torno a temas científicos habría facilitado que los españoles, independientemente de su ideología, siguieran las recomendaciones de las autoridades sanitarias y consideraran necesarias las medidas de confinamiento. La pesimista es que ese consenso podría estar desapareciendo por los episodios de polarización que estamos viviendo. La actuación de la mayoría de las élites políticas españolas durante la crisis del Covid-19 sugiere que cada vez nos parecemos más a Estados Unidos.

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