Covid-19, acelerador de la transformación del capital humano

Tras la contención de la pandemia de la Covid-19, se inicia la fase de reactivación económica, que debe aprovecharse como oportunidad para impulsar determinadas transformaciones que ya venían produciéndose en nuestra economía y que ayudan a consolidar un modelo productivo basado en sectores de alto valor añadido.

Estamos asistiendo a un cambio de paradigma, con transformaciones sociales que afectan a la economía. Se acelera el proceso de digitalización, o la llamada economía 4.0, en la que los empleos repetitivos y rutinarios son sustituidos por robots. Los cambios en los hábitos de consumo hacia el consumo en línea se han intensificado, el teletrabajo se impone como forma laboral complementaria a la presencial, permitiendo mejorar la productividad, y la educación virtual se generaliza. El coronavirus, gracias a los avances tecnológicos que se venían produciendo, acelera la irrupción de la industria 4.0, basada en una fuerte automatización y robotización de los procesos productivos.

Esta transformación digital afecta de forma transversal a todos los sectores; no sólo a los manufactureros, también a los servicios y al turismo. Y en todos ellos son los activos intangibles los que se tornan fundamentales (la Investigación, Desarrollo e innovación y el capital humano), al permitir elevar la productividad de las empresas y de la economía en general, maximizando el rendimiento de las inversiones en activos físicos.

La economía estará basada cada vez más en el conocimiento, la formación, la creatividad y la capacidad de innovar del capital humano. Esto será lo que distinga a unas empresas de otras, y lo que posibilite el desarrollo económico y social de los países. La Educación y la formación para el empleo adaptado a esa economía 4.0 desempeñarán un papel clave. Son las inversiones más rentables por su impacto social.

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La salida de la crisis económica y social que está generando la pandemia de la Covid-19 exigirá cambiar la economía. Unos sectores deberán reestructurarse y otros reinventarse. Sólo podremos remontar poniendo en valor el capital humano, porque hará falta mucho talento y buenas ideas. La nueva normalidad debe poner en el centro de sus preocupaciones la mejor y mayor cualificación de las personas.

La acumulación de capital humano requiere inversión educativa. Sin embargo, en España el gasto público en educación está en torno al 4% sobre el Producto Interior Bruto (PIB), por debajo de la media de los países de la UE, que se sitúa en el 5%, con Suecia, Noruega, Finlandia a la cabeza (Gráfico 1).

Lo más grave es que la inversión pública en educación en relación al PIB ha ido reduciéndose constantemente en España en los últimos años. En 2009 rozó el 5% del PIB, lo que supuso una inversión de 1.154 euros per cápita; y a partir de ese año ha ido descendiendo sin pausa hasta llegar al 4,21% en el último año disponible, el de 2018, con una inversión de 1.084 euros por habitante (gráficos 2 y 3).

Pero las cifras más preocupantes para España con respecto al resto de países europeos son las del porcentaje de jóvenes (entre 18 y 24 años) que no ha completado el nivel de la segunda etapa e Enseñanza Secundaria y no sigue ningún tipo de educación-formación. Mientras la media de la UE de esta variable se situaba en el 10,3% en 2018, en España llegaba al 17,5%, siendo el país de la UE con la tasa más elevada de abandono de la Educación y la formación más elevada (Gráfico 4); lejos aún del objetivo marcado por la Comisión Europea de que se sitúe por debajo del 10%.

España partía de una tasa de abandono educativo temprano del entorno del 30% hace 10 años, y ha logrado reducirla al 17,3%, según el último dato disponible (Gráfico 5). Sin embargo, aún se precisa un mayor esfuerzo para revertir esta situación, sobre todo considerando que las transformaciones (digital, tecnológica y social) que estamos viviendo en la actualidad, aceleradas por la pandemia, exigen una mejor y mayor cualificación del capital humano.

Más concretamente respecto a la capacitación digital, el Cuadro 1 presenta la proporción de jóvenes y adultos españoles con competencias en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs), según nivel de estudios, y la situación de los desempleados. La proporción de personas con estudios de Educación Primaria que tienen competencias TIC en alguna de las tareas analizadas es tan sólo del 28,4%. Cuando se dispone de un mayor nivel educativo, mejoran las citadas competencias. A medida que las tareas requieren mayores habilidades técnicas, existe bastante margen de mejora; así como en el colectivo de personas paradas, para el que estar formadas en estas herramientas mejora sus oportunidades de empleabilidad (Sorko, S.R.; Rabel, B.; Richter, H.M. y Joanneum, F.H., 2016, year I, Issue 2, pp. 128-131).

La formación del capital humano siempre ha sido relevante para mejorar la empleabilidad, de forma que la tasa de empleo va aumentando según se dispone de mayor nivel de formación (Cuadro 2). Pero en la nueva economía será cada vez más determinante, con la implementación de la digitalización, la continua oleada de tecnologías disruptivas y la generalización de la robotización y la inteligencia artificial que estamos viviendo.

La fase de recuperación tras la crisis sanitaria de la Covid-19 precisa una apuesta si cabe aún más decidida por la Educación y la formación de capital humano, especialmente en cinco aspectos:

1) La Educación debe contar con recursos suficientes para garantizar la calidad de la enseñanza y la igualdad de oportunidades; también en la formación de habilidades digitales, donde todavía existe una brecha entre los estudiantes en función de su poder adquisitivo. El impacto de la pandemia ha supuesto la aparición de un nuevo escenario educativo en todos sus niveles, desde la etapa de Infantil hasta la Universidad, que ha puesto de relieve con crudeza las debilidades de nuestro sistema. Se necesitan más recursos humanos y materiales para preparar a la población española para las transformaciones sociales y económicas.

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Parte de los recursos del fondo europeo de recuperación de 750.000 millones de euros, de los que España contará con 140.000 millones, debiera destinarse a un ‘plan Marshall’ para la Educación, formación y re-cualificación del capital humano.

2) Combatir el abandono temprano, que no sólo se consigue invirtiendo más recursos en Educación. Además de impulsar un sistema de becas que permita reducir esos niveles de abandono, es preciso introducir mayor flexibilidad en el sistema de formación reglada, estableciendo pasarelas de acceso entre formación profesional y entre formación profesional dual, y facilitando el acceso a los programas formativos mediante el reconocimiento y validación de la experiencia laboral previa. También es importante mejorar la información y orientación, servicios indisociables de la formación, y la prospección y la adecuación de los programas educativos, para lograr reducir las elevadas tasas de abandono escolar temprano.

3) El sistema debe adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral. La pandemia ha intensificado la transformación de nuestra economía hacia la 4.0., y ello requiere una adaptación de las diferentes etapas de la enseñanza reglada, y también de la formación permanente, al entorno laboral. El modelo debe dotar de las capacidades necesarias para el acceso al empleo, ofrecer posibilidades de re-cualificación y posibilitar la promoción laboral.

En este sentido, España debe abordar los graves desajustes que existen entre la falta de profesionales de niveles intermedios formados y la alta tasa de desempleo. En 2025, el 49% de los puestos de trabajo requerirá un nivel de cualificación medio, y sólo un 24% de la población activa española cuenta hoy con dicho nivel. Por eso, hay que cualificar y re-cualificar a las personas, lo que pasa por modernizar la formación profesional, incorporando nuevas especialidades en el catálogo de titulaciones que se adapten a las necesidades del mercado laboral, y por implementar programas de políticas activas de formación profesional para el empleo que contribuyan a una inserción real de los parados.

En este ámbito desempeñan un papel fundamental los servicios públicos de empleo, que han de dotarse de los medios adecuados para reconducirse a servicios de atención y orientación personalizada. Según un informe reciente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AiRef), los Servicios Públicos de Empleo en España atienden a seis veces más demandantes de empleo que la media de la Unión Europea. Además de la necesidad de incremento de la plantilla, urge modernizar su gestión y conectarla con las necesidades del tejido empresarial español, ya que el personal dedica su tiempo a tramitar prestaciones económicas de desempleo en lugar de a la intermediación, la orientación laboral y el servicio a empresas.

4) La digitalización de la Educación es prioritaria para una formación acorde con la nueva economía, que implica la digitalización transversal de todos los sectores económicos. La pandemia de la covid-19 ha intensificado la enseñanza on line y ha puesto de manifiesto las necesidades de recursos para que este fenómeno no genere desigualdad de oportunidades. Gran parte de ellos pueden venir de Europa.

En la formación profesional se debe apostar por las titulaciones y contenidos asociados a las tecnologías de nueva generación, donde existe un elevado potencial de generación de empleo. En Europa, según un reciente estudio de McKinsey Global Institute, se espera un elevado crecimiento de las ocupaciones relacionadas con las STEM (Ciencias, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas) y trabajadores sanitarios (Gráfico 6).

5) Finalmente, la formación y re-cualificación continua, a lo largo de toda la vida, es fundamental para mejorar la empleabilidad y productividad del factor trabajo. Es la base para modernizar el sistema productivo y permitir la adaptación y creación de empleo decente.

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