Crisis y regímenes políticos: no es oro todo lo que reluce

Las redes sociales en general abarcan por igual conocimiento e ignorancia, ciencia y ciencia ficción. Uno de los mantras que vemos circular mucho estos días sobre la pandemia de Covid-19 para explicar la diferencia entre la aparente rotundidad y celeridad de la actuación en China y la más dilatada reacción en Europa, es el convencimiento de que las dictaduras están mejor equipadas para dar respuestas contundentes sin preocuparse por las consideraciones que impone vivir en democracia. Pero, ¿es eso cierto? ¿Es un régimen autoritario más capaz de gestionar con eficacia una crisis como la actual que otro democrático? En otras palabras, ¿es la democracia el problema?

La discusión no es nueva en absoluto. De hecho, numerosos estudios en política económica se han preguntado, en repetidas ocasiones, si una dictadura puede ofrecer un desarrollo económico superior al de una democracia. La conclusión es clara y meridiana. Como nos explica Przeworski (2004), las dictaduras muestran un incremento del PIB per cápita y una esperanza de vida inferior que las democracias. Además, añade el autor, las dictaduras sólo pueden ser prósperas económicamente si son estables, lo que se consigue minando cualquier indicio de crítica a través del uso de la fuerza. Przeworksi subraya también que debido a que las dictaduras dependen, casi en exclusiva, de la voluntad (y a veces el capricho) de sus líderes, las políticas que desarrollan pueden generar milagros y desastres a partes iguales. Resumiendo, no es difícil imaginar que los regímenes políticos afectan a los derechos fundamentales, y esto es trasladable, evidentemente, al bienestar material.

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A lo largo de toda la historia, los gobiernos, independientemente del régimen político, han tenido que hacer frente a crisis no previstas, de gran alcance y con carácter urgente; desde catástrofes naturales a revoluciones violentas o ataques terroristas. No existe Gobierno inmune a estas crisis, y de su capacidad de gestión dependerá no sólo su mitigación, sino también la legitimidad y confianza que le otorgue la ciudadanía una vez todo haya pasado. La pregunta entonces es: ¿cómo se debe actuar para solventar adecuadamente el problema sin minar la legitimidad del Gobierno? La literatura existente en Administración Pública sugiere que decretar el estado de emergencia es un método viable para hacer frente a estas crisis (McCormick, 2000). No obstante, es necesario saber qué decisiones se toman con tales poderes o facultades.

En un análisis crítico con la gestión hecha por parte del Gobierno estadounidense durante la crisis del huracán Katrina, Farazmand (2007) ofrece varias claves para gestionar adecuadamente futuras crisis. La búsqueda de rédito político o electoral en momentos así es, comprensiblemente, un ingrediente que resta, en lugar de sumar. En cambio, la capacidad de liderazgo y coordinación entre los diferentes agentes, la flexibilidad en la aplicación de las medidas, la capacidad de aprendizajes de actuaciones previas y la de involucrar a la ciudadanía en la propia gestión de la crisis, son todos ellos elementos que terminan por inclinar la balanza en una dirección u en otra. Son claves que nos ofrecen un marco para analizar la gestión que hacen los diferentes gobiernos del mundo de la crisis sanitaria provocada por esta pandemia global. Al estar inmersos de lleno en ella es difícil, ahora mismo, puntuar a cada Gobierno en función de si actúan siguiendo o no estas claves. No obstante, de forma inicial y muy cautelosa sí que podemos centrarnos en imitar las buenas prácticas y ver cómo se sitúan en ella varios países.

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China se convierte, inevitablemente, en el estándar de comparación. Este país optó, muy rápidamente, por el confinamiento y el distanciamiento social, aunque aquí tampoco existe un consenso unánime sobre la celeridad de su actuación. Es un país socio-económicamente poderoso para tomar esta decisión y nutrirla de los recursos necesarios para que sea efectiva. Además, su población tiene obediencia (que no fe) ciega en su Gobierno.

¿Qué han hecho o están haciendo los gobiernos de otros países? Japón y Corea del Sur adoptaron medidas similares con gran rapidez y los resultados iniciales son esperanzadores. Italia, Irán y España se sumaron a estas decisiones, pero todo apunta a que lo hicieron excesivamente tarde; intuimos que algo similar ocurrirá con países como Alemania, Francia, Estados Unidos o Rusia. A ritmos diferentes según progresa la enfermedad, todos los países se mueven dentro de las recomendaciones que establece la Organización Mundial de la Salud: realizar pruebas masivamente, monitorizar a los contagiados, imponer la cuarentena y la distancia social.

El Reino Unido, como tantas otras veces, sigue su propio camino buscando inmunizar a la sociedad con un contagio masivo, a pesar de que conforme pasan los días cada vez está menos claro que la estrategia británica sea tan diferente a la del resto. Muchos otros países están decidiendo, o van a decidir, sus planes de acción en los próximos días. En definitiva, para responder a la pregunta de qué explica una gestión más o menos eficaz vamos a necesitar tiempo, datos, análisis y paciencia. Empecemos por alejarnos de las respuestas simples y cortadas a medida.

Autoría

2 Comentarios

  1. Guillermo Pacheco
    Guillermo Pacheco 03-20-2020

    De acuerdo con la ventaja de la democracias vrs el autoritarismo, pero si solo comparas a China como «autoritario» y te olvidas lo que hicieron democracias como Corea del Sur y Singapur, no tiene sentido…

  2. Carmen
    Carmen 03-21-2020

    Buen análisis con el que coincido a priori. En efecto, las redes sociales, por lo que yo conozco de los comentarios, videos, tuits, memes y otros utensilios digitales que me llegan, parece que se ha instalado la “creencia”, sin pruebas, de que en lo que respecta a esta crisis ESPAÑA (ergo, su Gobierno) lo está haciendo rematadamente mal, incluso no está haciendo nada, al contrario de lo que han hecho en China o en Corea, paradigma de la eficacia. De nuevo, la gente deriva su responsabilidad individual en “el gobierno”, o “el sistema”, al que critica ferozmente, mientras incumple frívolamente sus obligaciones. La inmadurez democrática de alguna gente es lamentable. Me gustaría pensar que van a aprender de esta CRISIS, Pero….lo dudo. Gracias y. Un saludo.

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