Cuatro principios para contribuir a ‘desescalar’ la situación en Cataluña

El Tribunal Supremo ha considerado por unanimidad, en la sentencia emitida el pasado 14 de octubre, que nueve de los líderes políticos acusados en el juicio por el caso procés cometieron un delito de sedición al pretender alcanzar la independencia de Cataluña de manera unilateral. El Alto Tribunal ha interpretado así que la responsabilidad de los condenados arrancó a comienzos de septiembre de 2017 y se extendió hasta finales de octubre. Durante ese periodo, fueron claves en la adopción de diferentes decisiones, incluyendo la aprobación de las leyes de desconexión, la organización del referéndum del 1 de octubre o la Declaración Unilateral de Independencia (DUI).

La publicación de la sentencia pone fin a más de dos años de proceso judicial, aunque el conflicto está todavía lejos de haberse solucionado. En teoría de resolución de conflictos siempre existe una tensión entre la necesidad de impartir justicia ante una disputa y los movimientos encaminados a su posible resolución. Así, en términos generales, la vía judicial consiste en que una tercera parte que se presupone neutral e imparcial emita un laudo en el que se identifican a inocentes y culpables, imponiendo las penas correspondientes. En un Estado de derecho, el sistema judicial garantiza nuestros derechos y libertades, aunque no necesariamente contribuye siempre a la construcción de la paz social. Una sentencia establece ganadores y perdedores, lo que puede enconar aún más las posiciones.

Pero el objetivo de este artículo no consiste en analizar la decisión judicial adoptada por el Supremo, ni tampoco en valorar la actuación de cada una de las partes durante los hechos que se han reconstruido durante el juicio. Nuestro propósito pasa por interpretar qué principios de resolución de conflictos podrían ser de utilidad a la hora de contribuir a desinflamar la situación de crisis actual y promover el contexto adecuado para que pueda restablecerse el diálogo entre nuestros representantes públicos, sin mayor pretensión que enriquecer el debate.

1. Reconocer los sesgos de cada una de las partes: cualquiera de nosotros, como seres humanos, incurrimos en sesgos cognitivos que nos pueden llevar a emitir juicios en virtud de percepciones altamente influenciadas por nuestras emociones y entorno social; tal y como recoge el psicólogo y premio Nobel de Economía Daniel Kanheman en su libro Thinking, Fast and Slow (2011). Tenemos una obsesión por establecer coherencia en nuestras vidas y, con este fin, intentamos llevar al extremo nuestra ideología para justificar cada una de nuestras decisiones. Esta actitud puede derivar, en ocasiones, en extremismos o fundamentalismos.

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Por ello, es esencial que nuestra clase política reconozca sus propios sesgos a la hora de abordar este conflicto. Por ejemplo, la posibilidad de que los condenados puedan acceder al tercer grado a partir del año que viene en función de la gravedad de sus penas (unos beneficios penitenciarios recogidos en la ley, que la Generalitat puede adoptar mediante una decisión administrativa por tener transferidas las competencias en materia de prisiones) es criticada desde las formaciones conservadoras.

Sin embargo, esos mismos partidos son los que más insisten en el cumplimiento escrupuloso de la ley y los que promovieron la judicialización del conflicto. No parece coherente, por tanto, defender al mismo tiempo la condena de los líderes independentistas por delitos contra el orden público de acuerdo al Código Penal, pero no entender que puedan aplicarse los mecanismos de reducción de la condena contemplados en la Ley Orgánica General Penitenciaria.

2. Evitar un enconamiento del conflicto: para evitar la escalada o el enquistamiento de las posturas, se deben controlar las tensiones crecientes, las amenazas y los movimientos provocativos. La conocida como política ibuprofeno que ha practicado el Gobierno de Pedro Sánchez desde su llegada a La Moncloa es un buen ejemplo de ello. Decisiones como la reactivación de la Comisión Bilateral Generalitat-Estado después de siete años; la celebración de un Consejo de Ministros en Barcelona donde se aprobó la restitución de la “plena dignidad” del ex president Companys; o la retirada de los dos recursos que el Estado tenía interpuestos contra las leyes de emergencia habitacional aprobadas por el Parlament han contribuido a reducir la presión.

En contraposición a este tipo de gestos, asistimos a un aumento de la polarización entre las partes. La publicación de la sentencia a las puertas de la campaña electoral ha generado unos incentivos perversos que contribuyen a que tanto el nacionalismo catalán como el nacionalismo español extremen sus posiciones para movilizar a sus votantes potenciales.

3. Superar la mentalidad ‘nosotros’ contra ‘ellos’: la dinámica intrínseca de los conflictos fomenta la agrupación de dos posturas enfrentadas perfectamente definidas. Cualquier posición equidistante que emerja como tercera vía o no se encuadre en ninguna de las dos corrientes contrapuestas es ampliamente criticada. Existen varios ejemplos recientes de experiencias moderadas de este tipo que han fracasado: la Unió Democràtica de Catalunya de Duran i Lleida (expulsada finalmente de CIU, que consolidó su deriva hacia posiciones más extremistas); el rol de mediación de Santi Vila dentro del Govern para promover la convocatoria de elecciones y evitar la DUI; o los movimientos de Miquel Roca como relator.

La construcción de capital social puente, como lo denomina Robert Putnam, combate la polarización y reconstruye la relación entre las partes a través de los bridging agents o agentes puente: personalidades respetadas o reconocidas a ambos lados del tablero. Sin embargo, nuestra sociedad los percibe como tibios, lo que imposibilita su impronta en el debate público.

Para superar esta mentalidad es necesario fomentar planteamientos intermedios, diversificando la escala de grises y enriqueciendo ese debate público. Por ello, la decisión de Roger Torrent de celebrar un Pleno monográfico en el Parlament para discutir el fallo de la sentencia (cuando, tan sólo unos días antes, en el debate de la moción de censura registrada por Ciudadanos, ya habían quedado claras las discrepancias de una y otra partes), sólo contribuye a reforzar la identidad de grupo a partir del rechazo hacia la postura contraria.

4. Analizar las causas-raíz del conflicto y aislar las líneas rojas:en un panorama político dominado por la infoxicación, con una sucesión continua de declaraciones y de noticias de parte, se puede terminar perdiendo el foco sobre los verdaderos motivos que han originado el conflicto. En estos casos, resulta clave bucear a partir de la realidad más superficial e identificar los problemas más profundos, para ser capaces de proponer soluciones estructurales. En este sentido, las movilizaciones que se han producido en Cataluña como reacción a la publicación de la sentencia concentran la atención de todas las miradas por los graves problemas de orden público que han desencadenado, pero alejan el foco de las verdaderas causas que han generado el recrudecimiento del conflicto.

En ese contexto, también resulta útil relativizar y reducir al máximo las cuestiones insalvables, para abrir la búsqueda de puntos en común y transar en relación con otros temas que no resulten críticos. Para ello, cualquier conversación entre el Gobierno de España y el Govern de la Generalitat debiera arrancar abordando cuestiones como el modelo de financiación, la política social o los planes para la mejora de las infraestructuras en Cataluña, en lugar de enrocarse en el debate sobre la autodeterminación, que despierta posiciones inamovibles en ambas partes.

En cualquier caso, la complejidad del problema hace que, aun poniendo en marcha éstas y otras estrategias de resolución de conflictos, sigamos muy lejos de poder dar una solución que aborde el encaje de Cataluña en España y que rebaje todas las tensiones que se han creado en torno al proceso secesionista. Esta aproximación sólo pretende sugerir elementos que contribuyan a acercar posturas tras el efecto divergente generado por la sentencia. Creemos que poner foco en el dialogo, no sólo como algo necesario para resolver la disputa sino como un mecanismo previo para la humanización de los actores implicados, puede contribuir a la generación de respeto y comprensión entre las partes; siendo capaces, así, de reconstruir esa confianza necesaria, vital para aspirar realmente a tender puentes y explorar posibles soluciones de calado.

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