Cuba: crisis, pandemia y el negocio de los médicos

Cuba, como el resto del mundo, está afrontando la Covid-19. Antes de la pandemia, la isla estaba ya en crisis debido a la estatización de la economía, la ausencia de libertades y la concentración del poder. Sin embargo, el Gobierno había sorteado las dificultades y exhibido algunos resultados en los campos de la salud, la educación y el deporte, hasta que la pérdida de las subvenciones soviéticas, en 1989, provocó una caída brusca del Producto Interior Bruto que aún no se ha podido recuperar.

La introducción de algunas reformas entre 1993 y 1994 detuvieron la caída, pero resultaron insuficientes para recuperar lo perdido. La falta de voluntad política para introducir cambios más audaces condujo a la dependencia de rubros como el alquiler de profesionales, la remesas familiares y el turismo. Ante la agudización de la crisis, a finales de 2019, el Gobierno decidió parasitar con las remesas familiares. Comenzó a vender a la población equipos electrodomésticos sólo mediante tarjetas magnéticas para poder disponer de divisas. Ya en 2020, se ha informado de una disminución en el gas para cocinar, en los combustibles y en otros productos. En esta situación, agravada por las medidas de la actual Administración estadounidense, entró al país la Covid-19.

La ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz, ha reconocido que no hay «la cantidad suficiente para poner un jabón per cápita, y asegurar que este llegue según los ciclos establecidos a la población». El viceprimer ministro, Roberto Morales, ha explicado que, «aun cuando existiera disponibilidad, no se podría importar el número de nasobucos desechables necesarios debido a la situación económica del país». Y el presidente, Miguel Díaz-Canel, ha dicho: «Hay un grupo de productos que nosotros podemos vender de manera controlada o de manera regulada, pero hay otros que no alcanzan (…); por lo tanto, no lo podemos vender de esa manera que la gente está pidiendo, sencillamente porque no existen las cantidades necesarias».

La pandemia

La epidemia debutó en China el 31 de diciembre de 2019, y el 16 de enero de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la alerta epidemiológica. En Cuba (por su condición de isla, por contar con las experiencias de lo ocurrido en otros países y por las preocupaciones expresadas en las redes sociales) se imponía el cierre inmediato de las fronteras y de los centros docentes.

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Antes de la pandemia, el Gobierno cubano se había propuesto llegar a 2020 a los 4,5 millones de visitantes, pero ya en 2019 había disminuido un 9,26% respecto a 2018. Entonces, el primer ministro, Manuel Marrero, anunció un plan de 56 medidas para su recuperación. Ese hecho podría explicar que el 11 de marzo, cuando la pandemia se había extendido a 114 países y había provocado más de 4.000 muertos, la prensa oficial ofrecía seguridad al turismo. Las imágenes de los viajeros que llegan por la Terminal 3, decía el Granma, «se reflejan en las pantallas con la medición de la temperatura corporal. En el caso de que supere los 37 grados Celsius, una señal de alarma indica a las autoridades de control sanitario la adopción de medidas». Sin embargo, entraron al país, por esa misma terminal aérea, cuatro turistas italianos, tres de los cuales presentaron síntomas que resultaron positivos.

Unos días más tarde, el 15 de marzo, Grisel López, directora de Calidad del Ministerio de Turismo, aseguró que «pese a la existencia de la Covid-19, el país sigue siendo un destino seguro para los turistas». Luisa Pérez, subdirectora de Operaciones y Calidad de ese Ministerio, reiteró que «los clientes que decidan venir a Cuba serán bien recibidos, pues el país está listo para detener y controlar ese flagelo al contar con un sistema de salud competente»Y el jefe de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, Francisco Durán, dijo: «El Estado cubano no ha tomado la decisión hasta este momento de cerrar las fronteras con ningún país, pero se ha establecido un seguimiento cuidadoso a todos los pasajeros, especialmente a los procedentes de países de riesgo».

No fue hasta el 21 de marzo que, en la página 1 del Suplemento Especial de Granma, se anunció la regulación de la entrada por las fronteras del país.

De forma similar ocurrió con los centros docentes. La ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, según le edición de Juventud Rebelde del 13 de marzo, dijo: «No hay ninguna indicación de cerrar una escuela ni tampoco [de] que los estudiantes tengan que llevar nasobuco para entrar a clases». Y puntualizó: «El nasobuco debe cambiarse cada tres horas, según la OMS se considera innecesario que se usen en la escuela, pues son otras las medidas que garantizan evitar un posible contagio». Francisco Durán, por su parte, expresó que «tampoco es prudente el cierre de escuelas o centros de trabajo hasta que no haya transmisión en el país».

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El 24 de marzo se informó de la activación de los consejos de Defensa, con el objetivo de realizar acciones de prevención y control. El 28 de marzo se hizo público el primer caso de transmisión local de la Covid-19. Y el 7 de abril, Cuba entró en la etapa de trasmisión autóctona y se estableció la medida de cuarentena.

El cierre de las fronteras, de las escuelas y otras medidas posteriores, como la paralización del transporte público urbano estatal y privado, fueron acertadas pero tardías. El 19 de abril, la cifra de contagiados era de 1.035, 34 muertos y 16 pacientes críticos y graves.

El negocio de los médicos

El Gobierno decidió aprovechar la presencia de la Covid-19 para retomar el envío de misiones médicas al exterior, las cuales proyectan una imagen positiva ante el mundo y permiten al Estado exhibir una elevada dosis de solidaridad.

Resulta que las misiones médicas, que suplen parcialmente la ineficiencia productiva, han devenido en una fuente de ingresos superior al turismo; pero esos profesionales no viajan cuando su conciencia se lo pide, sino cuando el Estado los envía. Y si, por cualquier razón, deciden abandonar la misión, se les califica de desertores y se les castiga, lo que significa que carecen de autonomía y que forman parte de un Ejército. Con ese fin, hasta el 17 de abril, 21 brigadas habían partido a 20 países latinoamericanos, caribeños y europeos.

La Covid-19 es un fenómeno grave, pero coyuntural; la crisis es más grave, permanente, y empeorará. Los ingresos por el alquiler de los médicos, a pesar del empeño del Gobierno (por muchas razones, entre ellas las acusaciones de esclavitud moderna), no podrán recuperar el nivel que tuvieron antes del cierre de los convenios con Brasil, Ecuador y Bolivia.

Después de la pandemia

El presidente cubano ha dicho: «Los problemas financieros del país se agravan, los problemas de disponibilidad de divisas también y nosotros estamos enfrentando esta situación con las enormes limitaciones que nos impone el bloqueo… Van a existir colas porque no tenemos el aseguramiento para resolver los problemas de desabastecimiento».

El ministro de Economía ha explicado: «Cuba ha sufrido afectaciones en el ingreso por las exportaciones, en especial del turismo; posibles dificultades en la importación de productos por los problemas que genera la pandemia en los países productores… Por lo tanto, se requiere más planificación, más control de las medidas, más rigor en su cumplimiento y más disciplina en los actores económicos». Mientras la titular de Comercio Interior ha informado de que «algunos productos liberados (…) empezarán a venderse mediante el sistema de la libreta de abastecimiento y la red de bodegas, pero ahora con un sistema controlado (…) se incrementará un libra per cápita de pollo por la venta controlada, lo que se conoce como el pollo de 20 pesos. También se incorporan a este sistema las viandas y hortalizas que se venden en los mercados estatales y bodegas».1

Esas medidas van acompañadas con procesos judiciales contra personas por incumplir con el aislamiento social, la especulación y el acaparamiento de productos deficitarios, tanto alimenticios como de higiene; la presencia en las calles de tropas especiales y las críticas gubernamentales a lo que el presidente ha calificado como «enjambre anexionista (…) que como siempre está en las redes sociales tratando de sembrar incertidumbre y pánico». Por todo ello, ha ordenado a las fuerzas del orden interior «pasar de la persuasión a la actuación con rigor».

La pandemia pasará, pero la crisis continuará. La salida exige las transformaciones estructurales que el país demanda. En este sentido, a los que están solicitando el levantamiento del embargo estadounidense, si quieren que su reclamo sea efectivo tendrían que acompañarlo con la petición a las autoridades de Cuba para que suspendan el bloqueo interno, donde radica la causa fundamental de la crisis.

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