Cuba: más conectada y más aislada

Hay dictaduras que pretenden no serlo. Otros dictadores no tienen problema en aceptarlo y tomar las medidas necesarias para controlar el poder, neutralizar a los opositores, minar la libertad de expresión y violar los derechos humanos. Al norcoreano Kim Jong-un no parece importarle cómo se lo considera en el extranjero, como a los generales de Myanmar o a Daniel Ortega en Nicaragua.

Sin embargo, el Gobierno cubano nunca aceptaría ser considerado una dictadura. La Constitución, reformada en 2018, define al país como una república en la que la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce a través de las asambleas del Poder Popular. El sistema socialista es irrevocable y administrado por un solo partido, el Partido Comunista de Cuba, que gana todas las elecciones.

La revolución cubana desplazó a un dictador y enamoró a muchos ciudadanos de izquierda, liberales y socialdemócratas. Durante décadas, los logros en la salud y en la educación, especialmente en términos de igualdad, sobresalían en un continente americano que se caracteriza por la inequidad en lo económico y lo social. Las denuncias sobre abusos a los derechos humanos de opositores al régimen cubano eran acalladas bajo la excusa que eran provocadas por ciudadanos pagados por el Gobierno norteamericano.

Para la izquierda latinoamericana, ha sido un dilema reconocer los fracasos de la revolución y las penurias que los ciudadanos cubanos sufren desde la caída de la Unión Soviética. El modelo económico cubano sólo pudo sobrevivir, económicamente, mientras un poder externo subvencionaba su economía: primero, la Unión Soviética, y luego Venezuela. Políticamente, sobrevive apoyada por varios mitos: una revolución que ha tenido escasos logros, el bloqueo americano que explica los fracasos, el socialismo que siempre está en construcción y el poder único en los padres de la Revolución, concentrado en una elite cívico-militar.

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Sin embargo, cada vez parece más complejo para el Gobierno mantener la habitual disciplina social. Los disidentes históricos son perseguidos y encarcelados, pero el acceso a internet ha permitido a los periodistas independientes, jóvenes blogueros y tuiteros informar y burlar la censura gubernamental.

Hasta ahora, la única forma que tiene el Ejecutivo de controlar la información que circula por la web es mantener el monopolio de las comunicaciones a través de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba SA (Etecsa). En los últimos días, la empresa presentó nuevos paquetes de oferta. Este artículo explora las razones de los elevados precios de internet en la isla: ¿es una manera de controlar la información a la que puedan acceder los cubanos? ¿Están relacionados a la falta de infraestructura como consecuencia del bloqueo americano, o simplemente tiene que ver con la ineficiencia estructural de la económica cubana?

El coste de la comunicación

La compañía británica Cable publica los costes (en dólares norteamericanos) de 1 gigabyte (1 GB) en 228 países, ofreciendo un ranking en el que India se lleva el primer puesto, con un precio de $0,09, y la isla Santa Elena el último ($52,50). Cuba se sitúa en el lugar 212º de un total de 228 países, con un coste de $13,33 por GB.

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Del informe resalta que los cinco países más caros son islas (Santo Tomé y Príncipe, Bermuda, Nauru, Islas Malvinas y Santa Helena). El informe sostiene que las islas tienen menos posibilidades de tener una infraestructura para fibra y, por lo tanto, necesitan soluciones más onerosas que son trasladadas al consumidor. Esta situación es aplicable a Cuba.

En Cuba, como mencionamos, hay un solo proveedor de servicios de telecomunicaciones: Etecsa. No existe la tarifa plana. Aproximadamente cada 15 días se da la posibilidad de que se realicen descargas desde el exterior. Familiares y amigos exiliados envían entre 20 y 50 dólares a cada línea móvil. Por supuesto, de esto se beneficia sólo una parte de la población: aquellos que tienen familiares o amigos muy cercanos en el extranjero.

Cuba tiene la red 3G en casi todo el país. La 4G se ha ido ampliando, pero no llega a todo el país.

Resaltan los altos precios de Cuba cuando se los compara con los de algunos países latinoamericanos.

A partir del 25 de junio, los nuevos paquetes de Etecsa presentan nuevos precios. Para aquellos que acceden a la red 4G, un GB cuesta cuatro dólares y ocho 2,5 GB. Para quienes tienen sólo 2G o 3G, se mantienen en 10 dólares el gigabyte y el doble para los 2,5 GB.

Esta última oferta lleva a Cuba muy cerca del puesto 158º de la tabla que presenta la compañía británica Cable.

Un dato que permite evaluar cuán difícil es para los ciudadanos cubanos acceder a internet,es comparar estos precios con los salarios estatales. Desde el 1 de julio de 2019, el Gobierno estableció un aumento retributivo que llevó el salario mínimo mensual a 16 dólares y el promedio anual a 42. Por lo tanto, el salario medio mensual alcanza para comprar 10 GB y, por supuesto, casi ningún otro bien básico.

Comparando el coste de internet con el salario medio, este último fue en México de 6.777 dólares al año en 2019, unos 565 al mes, lo que supone que aquél representa un 4,4% por ciento. En Argentina, de acuerdo con los datos de la compañía Claro, el precio de internet equivale al 3,4% del salario medio mensual. En Brasil, sube al 15%; en Panamá, al 7,9%, y en República Dominicana, al 10%.

De todos los países de América Latina y el Caribe, sólo Cuba parece requerir casi el 100% del salario medio mensual para acceder a 10 gigabytes.

#BajenLosPreciosdeInternet

Una y otra vez, los tuiteros más activos en Cuba desarrollan campañas para que Etecsa baje los precios. Sin lugar a dudas, el hecho que el país sea una isla, más el bloqueo americano, impacta en ellos. Existen limitaciones técnicas, ya que Estados Unidas no permite que cables submarinos pasen entre su territorio y el cubano. Esto supone que el país caribeño tiene que conectarse a través del cable óptico Alba 1 desde Venezuela y Jamaica o con conexiones satelitales que encarecen el servicio.

De todas maneras, bajar los precios también significa democratizar el acceso a la información, un paso que está muy lejano de los objetivos del Gobierno cubano. Los viejos revolucionarios del país seguramente han mirado con suma atención las protestas, iniciadas por jóvenes que han volteado las dictaduras del norte de África, Burkina Faso o Georgia (Kendall-Taylor, Andrea et al).

El Gobierno cubano ha regulado el acceso al contenido de la web, siguiendo el ejemplo de China. Hay muchas páginas que no pueden ser vistas, incluso algunas de origen nacional. Sin embargo, picardía mediante, muchos ciudadanos logran traspasar esa censura.

Del seguimiento de las cuentas de Twitter de los miembros del Gobierno y de las instituciones se puede descubrir una estrategia de comunicación que refuerza los pilares de la revolución, que desde 2018 se ha empeñado en demostrar que no pretende implementar cambios ni económicos ni políticos. Su estrategia podría catalogarse como de estancamiento. Hay un simbolismo de modernidad, ciertas pautas que suenan a apertura política, pero ello no significa que se vayan a aplicar reformas estructurales en ningún área.

Respecto de la apertura a las redes sociales, en un principio los ministros seguían a jóvenes tuiteros, pero no contestaban a sus mensajes. Más tarde, dejaron de seguirlos o comenzaron a crear cuentas falsas para desacreditarlos.

Seguir las cuentas de los ministros, de altos funcionarios o la del presidente cubano demuestra una estrategia poco sofisticada por parte de la cúpula gubernamental: suben videos de presentaciones con poca edición, repiten frases de discursos, reproducen la propaganda oficial. No se puede identificar en esos mensajes ninguna intención de seducir a los jóvenes tuiteros que reclaman cambios. En realidad, el hashtag #SomosContinuidad prueba la desconexión del nuevo presidente, Miguel Díaz Canel, con el pueblo que pide cambios, especialmente económicos.

La Revolución Cubana, una superviviente

Esta vieja revolución sobrevivió a la democratización latinoamericana de los años 80 y a la caída de su principal socio económico, la Unión Soviética, a principios de los 90. Se mantuvo ajena a la globalización de la economía, gracias al rescate ofrecido por el presidente venezolano Hugo Chávez.

Por ahora, parece sobrevivir al fiasco del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y a esa corta luna de miel que aumentó la llegada de turistas americanos y la expectativa de futuras inversiones, abortada cuando Donald Trump asumió la Presidencia. Y, a pesar de las terribles carencias cotidianas, sigue sobreviviendo pese a la desaparición de la Venezuela rica y generosa.

La llegada de internet y de la tecnología 4G parecía ofrecer una salida de este letargo. Existía una expectativa, ya abandonada, que combinaba la muerte de Fidel Castro con el surgimiento de un liderazgo novedoso, sobre la cual una generación deseosa de vivir sin carencias cotidianas y, posiblemente, ya sin compromisos sentimentales con la revolución y sus héroes históricos, pensaba en una nueva etapa de la revolución.

Todos esos anhelos se derrumban cotidianamente. Por ahora, internet es un desahogo para protestar, pero no se lo percibe como un arma política para organizarse y sistematizar una alternativa que recupere la esperanza en una mejor calidad de vida.

A manera de conclusión, queremos destacar que los precios de internet responden, en parte, a la ineficiencia estructural de la economía cubana. Sin embargo, es más importante enfatizar que la alianza cívico-militar que sostiene al Gobierno cubano necesita mantener el ‘statu quo’ para conservar el poder. Entendiendo esta premisa, mantener unas tarifas altas de internet y las restricciones de acceso configuran una estrategia para controlar la información, vigilar a la población y asegurarse que nada cambie.

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1 Comentario

  1. Reinaldo Escobar
    Reinaldo Escobar 07-11-2020

    Gracias por difundir la verdad sobre Cuba

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