Cuenta atrás para el ‘Designed in China’

Ser independiente de la tecnología extranjera: así es cómo China ha diseñado su estrategia para satisfacer el ambicioso objetivo de convertirse en líder tecnológico y ser referente, por primera vez en la historia, de la construcción de la Cuarta Revolución Industrial. Es una iniciativa centrada en la inversión en innovación que no se limita al desarrollo de plataformas digitales, sino que incorpora la digitalización de la industria.

Todo parte de una geopolítica de la tecnología en la que los países que dispongan de un ecosistema digital con tecnologías de vanguardia gozarán de una ventaja competitiva diferencial, similar a la que en su momento permitió consolidar nuevas potencias mundiales, convirtiéndolas en el epicentro de la disrupción industrial y económica. De ahí que, al convertirse en productor con alto contenido tecnológico, China pasará a formar parte del grupo de economías de élite, propiciando profundos cambios geopolíticos.

Para China, convertirse en un país de innovación es una prioridad para poder consolidar su transición hacia una economía avanzada. La modernización de la industria es el medio para asegurar un desarrollo de alta calidad y sostenible, que permita al gigante asiático superar la denominada ‘trampa del ingreso medio’, consolidándose así en el grupo de economías desarrolladas. Quedaría atrás una economía basada en la manufactura para avanzar hacia otra guiada por la innovación, con fechas bien definidas para su cumplimiento. En una década, China aspira a situarse como líder de la innovación internacional, y estima que será en 2050 cuando alcanzará la categoría de potencia mundial en este campo.

La guerra comercial ha situado en primera línea la creciente rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, y revertir esta situación de desgaste pasa por rebajar el protagonismo alcanzado por la ambición del gigante asiático de posicionarse como referente en la generación de estándares. Se impone un cambio de retórica, y las referencias a la iniciativa Made in China 2025 (MIC2025), piedra angular sobre la que pivota la transformación económica del país, se han visto desplazadas a un nivel menos relevante en los discursos oficiales, sin que esto suponga modificar los objetivos estratégicos de modernizar la industria a través de la inversión en innovación. Con la referencia renovada de nuevas infraestructuras se persigue reducir la desconfianza internacional mientras se va consolidando la transformación tecnológica del tejido empresarial chino, que abarca tanto a empresas públicas como privadas.

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Inspirado en el modelo de fábricas inteligentes Industria 4.0 impulsado por Alemania, el MIC2025 se focaliza en el desarrollo de 10 industrias; apenas ningún sector queda fuera del plan. Renovables, robótica, vehículos inteligentes y de energías alternativas, transporte ferroviario y la nueva generación de tecnologías son parte esencial de la iniciativa, que contará con el desarrollo de tecnologías de vanguardia como la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas (IoT) y el cloud computing. Los sectores biofarmacéutico y manufacturero también serán destino de la aplicación de tecnologías inteligentes, junto con el aeroespacial y aeronáutico y el de equipamiento marítimo y agrícola.

En el origen de la concepción del plan figura la industria de los semiconductores, principal desafío para que China comience a contribuir a escala global en la generación de tecnología de alto valor añadido. Partiendo de una producción propia de apenas el 16%, es patente la fragilidad geopolítica que hace a la industria china vulnerable a las decisiones de las potencias tecnológicas que participan en el diseño y fabricación de semiconductores. La adquisición de tecnología extranjera es una vía, pero con el despliegue del plan se persigue generar una producción propia de componentes del 40% en 2020 y del 70% en 2025, permitiendo a China reducir significativamente la dotación presupuestaria para la compra de chips, superior a la que destina al abastecimiento de crudo.

La pandemia no ha supuesto una ralentización del plan, y la recuperación económica se plantea con las nuevas infraestructuras como motor de crecimiento, con inversiones previstas para la proliferación de la economía digital de 2,47 billones de dólares entre 2020-2025. El desarrollo del 5G, estaciones de recarga de vehículos eléctricos, centros de big data, inteligencia artificial y robótica, así como todo lo relacionado con la digitalización de la industria centrarán el foco de la inversión que, solamente en 2020, se espera que alcance 423.000 dólares, según Haitong Securities.

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Sin embargo, la recuperación económica es sólo una parte de la ecuación. La dinámica proliferación de plataformas digitales en China, impulsada con inversión privada, contrasta con la capacidad del Gobierno de generar manufactura avanzada. En sólo dos décadas, el gigante asiático ha sido capaz de impulsar empresas tecnológicas promotoras del gran salto adelante en inteligencia artificial que está abanderando el país, y que participan en el desarrollo de startups con las que China se ha convertido en un país de unicornios. Esta generación de titanes tecnológicos, conocidos como BAT (en referencia a Baidu), Alibaba y Tencent, son el mejor ejemplo de cómo comienza a definirse la nueva era Designed in China. Asimismo, como integrantes destacados de la Ruta de la Seda Digital, el Gobierno chino cuenta con que se sumen a las directrices gubernamentales en el desarrollo de las nuevas infraestructuras, mientras se sigue desplegando diplomacia.

La participación de las tecnológicas chinas (del 28% del gasto global de IoT y del 29% en la inversión total en robótica en 2017, según IDC) refleja el ritmo de fomento de la digitalización industrial, al mismo nivel de competitividad mundial que las empresas norteamericanas y europeas. Un dinámico mercado interno con amplia demanda es un valor añadido para las empresas chinas mientras que para las extranjeras, sin embargo, supone la ventaja estratégica para seguir manteniendo competitividad global.

¿Es momento de un decoupling? El colapso de la fábrica del mundo durante la pandemia ha suscitado incertidumbre sobre la alta dependencia mundial de la producción en China. Propuestas como la de Japón de incentivar la deslocalización de sus empresas están más orientadas a mover la producción al sudeste asiático que a recuperarlas para el país. Un movimiento a imitar por otras economías; no tanto para reducir la dependencia de China como para seguir la tendencia de transformación de las cadenas de valor globales ante la pérdida del atractivo del gigante asiático por la manufactura. La progresiva transformación de China en impulsor de la digitalización industrial diluirá a medio plazo la retórica del ‘decoupling, que irá perdiendo fuerza. Mientras tanto, el gigante asiático mantendrá el foco en seguir creando campeonas globales que mejoren la optimización de recursos y sean promotoras de una nueva generación de puestos de trabajo tecnológicos que aseguren la modernización del país.

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