Cumbre UE-China: tres líneas de acción

Este martes tiene lugar en Bruselas la cumbre UE-China, con la asistencia del premier chino Li Keqiang.

La cumbre viene precedida por una actividad frenética de Xi Jinping en el sur de Europa, que ha visitado en los últimos dos meses España, Portugal, Italia y Francia.

Como en otras ocasiones, la estrategia de China está cuidadosamente diseñada, priorizando el diálogo país a país para aumentar la asimetría de fuerzas y favoreciendo la creación de un núcleo que impida la formación de consensos contrarios a los intereses chinos.

El preparatorio, por tanto, empezó hace unos meses y, sin que la cumbre haya tenido lugar todavía, ha dado ya frutos importantes para China: entre ellos, legitimar el Belt and Road Initiative (BRI) entre varios países europeos y fortalecer el perfil de Xi Jinping como líder internacional entre sus ciudadanos. La clave doméstica de los viajes del presidente chino, frecuentemente olvidada, es un elemento fundamental de su política internacional.

El entusiasmo inicial en Europa respecto a encontrar en China un aliado para contrarrestar a los EE.UU. de Trump ha disminuido considerablemente. Por un lado, no se ha producido la esperada transición hacia un sistema político más abierto. Al contrario, Xi ha sido capaz de concentrar más poder. En el exterior, su influencia política también ha aumentado, pero no de la manera que la UE esperaba. Un informe reciente de la Comisión Europea, por ejemplo, identifica el creciente riesgo global de China por su papel en la promoción de «modelos alternativos de gobernanza».

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Por otro, el rápido crecimiento de la actividad comercial e inversora entre los dos bloques (la UE es el mayor socio comercial de China y China es el segundo mayor socio comercial europeo) ha disparado las alarmas. La inversión china en la UE empieza a identificarse con una creciente pérdida de control del sector industrial, particularmente en Alemania. Esto ha generado propuestas para implantar medidas proteccionistas, similares a las que protegen a las empresas chinas.

La imposición de barreras para la inversión en empresas europeas (más allá de las grandes corporaciones que, en cualquier caso, no son objetivo de las compañías chinas, conscientes de la imposibilidad de obtener su control) no sería sostenible en el marco regulatorio europeo actual. Además, tendría un impacto negativo en la capitalización del tejido empresarial de la UE.

En un creciente clima de desconfianza, la UE debe retomar la iniciativa e insistir en tres líneas de acción donde convergen, a medio y largo plazo, los intereses políticos y económicos de ambos bloques:

Energía y medioambiente. En Europa, la transición hacia fuentes de generación de energía renovable y la lucha contra el cambio climático son objetivos políticos fundamentales.

China es, en la actualidad, el único socio de envergadura en esta área: la contaminación se ha convertido en un problema político que genera inestabilidad social debido a su impacto en la salud de una clase media cada vez de mayor relevancia y altamente preocupada por su salud y la de sus familias.

Si bien ha existido un diálogo productivo entre ambas potencias, ha habido poca colaboración empresarial. El sector de la energía renovable destaca por la fortaleza de las empresas europeas y chinas frente a las de EE.UU., y por la existencia de importantes sinergias y colaboraciones industriales. Hay una importante complementariedad, ya que la UE lidera en industrias como la eólica, el ciclo combinado y el automóvil, mientras que las empresas chinas son líderes en solar fotovoltaico y baterías, además de tener el mayor mercado para el coche eléctrico.

Tecnología e internet. Las empresas de internet chinas son frecuentemente subestimadas en Europa. Alibaba y Tencent, las dos principales de este sector, son definidas respectivamente como el Amazon y el Facebook chinos. Sin embargo, ambas superan en número de usuarios y tecnología a las dos grandes compañías estadounidenses.

Aun así, las dos han tenido poco éxito en Europa. El interés de las tecnológicas chinas por internacionalizarse y el conocimiento de las compañías europeas de sus mercados crean una fuerte complementariedad que pudiera servir para crear alianzas en formato joint venture que beneficiarían a ambos. Estas alianzas reducirían la oposición de los gobiernos a la inversión china en Europa y permitirían un mayor control de los datos y la tecnología.

África. El futuro de este continente y un flujo migratorio sostenible hacia la UE pasa por su desarrollo económico.

China ha sido el principal inversor en la región y nada indica que esto vaya a cambiar en los próximos años, debido a la relevancia de este continente como fuente de materias primas para su propio mercado.

La inversión externa continuará siendo durante varios años el motor del crecimiento africano y la UE debe tener un papel en su desarrollo, en particular en la creación de infraestructuras y el desarrollo de los servicios; y, en paralelo, contribuyendo de forma decisiva al fortalecimiento de las instituciones.

China continúa en la senda para convertirse en la primera potencia económica del mundo. En este contexto, un fortalecimiento de las relaciones con la Unión Europea parece inevitable y, manejado con inteligencia, podría ser muy beneficioso para la UE. Esperemos que esta cumbre sea un paso en esta dirección.

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