EE.UU/China: ‘guerra’ por tierra, mar, aire… y Huawei

En una reunión hace ya varios meses, un ex-alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad detalló la importancia de una cuarta dimensión en los conflictos militares del futuro.

El ciberespacio, donde se encuentran las redes digitales que nos conectan, se ha convertido en un pilar fundamental de nuestra sociedad y su importancia no hará sino aumentar en los próximos años. No es de extrañar, por tanto, su entrada en la agenda estratégica y militar de los gobiernos occidentales.

Un ataque a las redes de telecomunicaciones podría, según diferentes análisis de think tanks (y muchas películas de Hollywood), ser más virulento que uno militar tradicional, generando el caos, cortando el acceso a infraestructuras o energía, alterando bases de datos e, incluso, influyendo sobre la opinión pública y modificando el resultado de unas elecciones y, de formar general, afectando al proceso político de un país.  

El debate político surgido en EE.UU. y varios países europeos en torno a la empresa china Huawei es el último ejemplo de la relevancia creciente relevancia de este ámbito. En concreto, el riesgo derivado de usar tecnología extranjera para construir las redes de última generación (5G), que permitirán acelerar de forma muy significativa la conectividad entre personas y dispositivos.

Huawei, una de las principales empresas tecnológicas del mundo, además de móviles, produce los equipos que hacen funcionar las redes de telecomunicaciones, compitiendo con empresas como Nokia y Ericsson, ambas europeas. Como en el caso de otras empresas chinas, Huawei ha logrado convertirse en una compañía extremadamente competitiva y es uno de los principales proveedores de las empresas de telecomunicaciones en todos los continentes. De hecho, se estima que entre el 40% y el 60% de las redes de telecomunicaciones del mundo utilizan equipos de Huawei. Asimismo, para muchos analistas, Huawei es el líder en tecnología 5G.

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La semana pasada, el presidente Donald Trump firmó un decreto presidencial que prohíbe a las compañías de telecomunicaciones estadounidenses instalar equipos producidos fuera del país cuando éstos puedan suponer una amenaza para la seguridad nacional. Si bien la orden ejecutiva no menciona expresamente a ningún país o compañía, ésta se ha entendido como una acción dirigida a restringir la utilización de equipos de telecomunicaciones chinos en Estados Unidos.

En paralelo, en otra orden ejecutiva firmada por el secretario de Comercio, EE.UU. prohibió la venta de material y equipo de telecomunicaciones fabricado en el país a una docena de empresas internacionales, entre las que se incluye Huawei. El objetivo, nuevamente, es la seguridad nacional y la preservación de los intereses americanos en el exterior.

El efecto de esta medida será relevante para un importante número de empresas estadounidenses: en el caso de Huawei, se estima que la compañía compra anualmente tecnología a empresas de EE.UU. por valor de 11.000 millones de dólares. Pero el impacto también será relevante para la compañía china, cuya actividad puede quedar fuertemente restringida sin el acceso a tecnología esencial para sus productos. De hecho, esto no se ha hecho esperar: según han informado diferentes medios en las últimas horas, Google, desarrollador del sistema operativo Android, incorporado en el 85% de los móviles de todos el mundo incluyendo los de Huawei, romperá relaciones comerciales con la compañía, dejando a sus móviles sin algunas de las apps más populares.

Volviendo a la interrelación entre las redes de telecomunicaciones y la geopolítica, la preocupación por el aumento de la influencia tecnológica de la empresas chinas y los vínculos de éstas con su Gobierno no es nueva; de hecho, otros países fueron más rápidos y contundentes: en Japón, Nueva Zelanda y Australia, la compañía ha sido excluida del desarrollo de las redes 5G. En Reino Unido, Huawei solo podrá proveer equipos «no esenciales», si bien ha quedado pendiente mayor definición sobre lo que esto significa. En Francia y Alemania, pese a las presiones estadounidenses, Huawei no será excluida.

Sin embargo, las medidas sí han tomado fuerza debido a una creciente preocupación por el auge de China, que ha sido, en parte, el desencadenante de la mayor guerra comercial de los últimos años y que ha llevado a la imposición de nuevos aranceles a una larga lista de productos del país asiático y represalias por parte de éste por importes económicos similares.

En este contexto, es importante analizar al menos tres aspectos relevantes en lo relativo a una estrategia de defensa y seguridad en el ámbito del ciberespacio.

Primero, se confirma la intención de EE.UU. de aumentar la asertividad de su política en relación a China a la que, de forma clara, se la identifica como una amenaza a la seguridad nacional del país. Es importante mencionar que estas decisiones han recabado apoyo en ambos lados del espectro político.

Segundo, las decisiones en relación con el ciberespacio reflejan la conexión entre lo público y lo privado en materia de seguridad nacional y cómo un política de defensa puede exigir la toma de decisiones de alto impacto económico para las empresas y, por tanto, para la economía de un país. Incluso en el caso de vetos a determinadas empresas, en una economía con cadenas de aprovisionamientos internacionales (y, en gran medida, dependientes de China, especialmente en el ámbito tecnológico), es cuestionable la estrategia puede alcanzar el objetivo deseado. Es altamente improbable que la utilización de equipos de Ericsson o Nokia como alternativa a Huawei haga que ningún equipo chino se utilice en las redes estadounidenses, debido a que ambas se proveen de un gran número de componentes fabricados por empresas chinas. Asimismo, las redes de telecomunicaciones estadounidenses tienen múltiples puntos de interconexión con otras redes; por tanto, siempre podría existir vulnerabilidad ligada a esa inter-conectividad.

Tercero, las implicaciones para la Unión Europea. Como en otros ámbitos, la UE no está respondiendo de forma coordinada al reto que presenta el ciberespacio en materia de defensa y seguridad. En un proceso de redefinición del alcance de la defensa europea y su encaje dentro de la histórica alianza con EE.UU., es necesario que la defensa del ciberespacio tome la relevancia necesaria. Y, en todo caso, evaluar una respuesta única de toda la Unión para proteger sus intereses. En el caso de España, como en otros, sólo en el contexto de la UE nuestro país podría definir una estrategia efectiva.

La defensa y seguridad del ciberespacio genera nuevos retos para los gobiernos. Algunos de ellos son muy complejos, ya que requieren lidiar con sistemas fuertemente interconectados y esenciales en el día a día de los ciudadanos. Las particularidades de esta (relativamente) nueva dimensión, exige un profundo replanteamiento y reasignación de recursos y prioridades en el diseño de las estrategias de seguridad nacional.

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