El 28A valenciano: ¿arma de doble filo para la izquierda o la derecha?

El President de la Generalitat Valenciana ha decidido, por primera vez, hacer uso de la potestad que le confiere el Estatuto de Autonomía y avanzar las elecciones autonómicas para hacerlas coincidir con las generales. Dado que se trata de una jugada política inaudita en la política valenciana es difícil prever cuales pueden ser sus potenciales consecuencias en ambas elecciones. A juzgar por las reacciones de los distintos candidatos a la noticia, los principales partidos nacionales esperan que la coincidencia electoral les beneficie, mientras que Compromís aparecería como el principal damnificado de esta operación.

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En clave autonómica, uno de los aspectos que más parecen haber pesado en la decisión del presidente es el aumento de la participación electoral que cabe esperar por el hecho de unir ambas convocatorias. Como muestra la figura 1, y es habitual también en buena parte de las CCAA, las elecciones generales han tenido mayores tasas de participación que las elecciones autonómicas. Desde los años 2000, la participación en las generales ha oscilado alrededor del 75% mientras que en las autonómicas se ha mantenido bastante estable alrededor del 70%. A juzgar por la experiencia en otros comicios como los andaluces, es más que razonable pensar que el gap de cinco puntos que tradicionalmente ha separado a ambos tipos de elecciones va a desaparecer. También es probable, aunque esto ya es más incierto, que la participación en el 28A esté mas cerca de la pauta histórica de las generales que de las autonómicas.  Esto dependerá, posiblemente, de lo reñida que se presente la elección y de la voluntad de los valencianos de sacrificar parte de su Semana Santa (o de que no se pierdan en el tedioso proceso del voto por correo).

Siguiendo con la clave autonómica, la principal incógnita de estas elecciones es a quien va a beneficiar el aumento de participación. Los cálculos del presidente Puig probablemente se basan en que la gestión de su gobierno no ha despertado muchos recelos y en las pautas de comportamiento electoral de comicios parecidos. En este sentido, el ejemplo más inmediato es el de Andalucía, donde el PSOE consiguió mantenerse en el poder más de tres décadas gracias a su gestión y a la habilidad para hacer coincidir (o no) las autonómicas y generales en función del apoyo o castigo que intuían se produciría en la arena nacional. Susana Díaz ha sido la primera a la que le fallaron el instinto o las encuestas y avanzó cuando no tocaba. Quizás esto, y que no termina de fiarse de los réditos de su gestión, es lo que ha terminado de decantar la opinión del presidente Puig, que ha apostado por unir su destino con el de Pedro Sánchez. Como han señalado varios analistas, Puig también confía en que la nacionalización de la campaña le permita consolidar su posición sobre Oltra, su socia de gobierno y principal competidora por la izquierda.

La gestión de los gobiernos Rajoy y el legado de escándalos de su larga etapa en el gobierno autonómico amenazaron la primera posición del PPCV en el bloque de la derecha. Aunque ya está claro que el resultado de los populares será mucho peor que el conseguido en 2015, los realineamientos producidos en el electorado de derechas después de las primarias de Casado y la aparición de VOX no parecen cuestionar, por el momento, la primera posición del PPCV. Además, los populares seguramente confían en que la reducción de la abstención diferencial juegue una vez más en su favor. Como muestra la figura 2, en 2011 y 2015 el PP obtuvo casi 200.000 votos más en las generales que en las autonómicas. Es posible que estos votos no vayan en exclusiva al PPCV, pero sumados a los más de 100.000 de diferencia que en 2015 también obtuvo Ciudadanos, podría ser suficiente para decantar la gobernabilidad para el bloque de la derecha. De ser así, Bonig tendría muchos números para ser presidenta. De ahí que algún comentarista y alguna encuesta ya ha señalado que el adelanto podría ser un arma de doble filo para la izquierda. La figura 2 también nos muestra, sin embargo, que no todo es tan fácil. El surplus de votos al PPCV entre las generales y autonómicas de 2011 y 2015 parece vinculado con las mejores expectativas de voto al PP en España. Pero si miramos más atrás en el tiempo, es fácil de observar que en 2004 y 2008 el PSPV fue el gran beneficiado por las mayores expectativas de voto del PSOE. En esos ciclos electorales, con una participación mayor que en 2011 y 2015, el PSPV llegó a conseguir hasta casi 300.000 votos más. Si esta es la pauta de comportamiento que se impone, el arma de doble filo podría serlo entonces para la derecha.

Lo interesante del 28A valenciano es que la recomposición del sistema de partidos y las dudas de los electores han extendido la competición a la lucha por el segundo o tercer puesto de cada bloque ideológico. En la derecha, el pinchazo del momento Ciudadanos parece que incluso podría llegar amenazar su posición de segundo partido en las autonómicas y generales. En la izquierda, la segunda posición de Compromís parece claramente consolidada en las elecciones autonómicas, pero es muy probable que no lo esté en las generales, pese a la desmovilización de Unidas Podemos. Los resultados en una y otra elección dirán si la apuesta por la competición (en vez de la coordinación electoral) a la izquierda del PSPV ha merecido la pena o debe considerarse un error estratégico. Por ahora parece claro que si Oltra no consigue sumar (de uno u otro modo) a EUPV y Podemos, difícilmente llegará a ser presidenta.

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