El ‘Brexit’ entra en ‘zona Cesarini’

En 2016, se produjeron tres acontecimientos inesperados, en los que lo que parecía ser verdad resultó que no lo era y que nos ha modificado la visión del poder, el periodismo y las relaciones entre ambos, a saber: el resultado del referéndum de salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE); la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos; y el resultado del primer referéndum para el proceso de paz en Colombia.

Se ha argüido que dichos resultados se anclaron en la confluencia del desarrollo de las tecnologías (redes sociales) y el de las modernas estrategias políticas de comunicación por establecer lo verdadero y lo falso. Es por ello que últimamente han ganado una inusitada notoriedad conceptos como posverdad y noticias falsas –desinformación–, revisiones modernizadas, avanzadas y actualizadas a los tiempos modernos de las tradicionales propaganda política y desinformación política. Mucho de ello hemos podido advertir durante los últimos ejercicios en el marco de las negociaciones de la salida del RU de la UE; que parece abocarse, tras muchas intrigas, a su desenlace.

Llevamos más de tres años jugando el ‘partido del Brexit’, desde que a inicios de 2016 el antiguo primer ministro David Cameron arrancase un mejor acuerdo para la ubicación del Reino Unido en la Unión Europea, que sometió a referéndum el 23 de junio de aquel año, con los resultados que todos conocemos. Decía Arman Basurto en Agenda Pública hace apenas dos días que nos hallábamos ante el «principio del comienzo del fin», y añadimos hoy que debemos encontrarnos ya en la zona Cesarini (expresión de origen italiano con la que se indica la fase final y decisiva de un partido de fútbol y, de manera más amplia, de cualquier evento deportivo).

Camino de la resolución de este largo partido de negociaciones, faroles, propaganda y desinformación, el Parlamento británico, en su tercera votación semanal, accedió anoche formalmente a que la primera ministra, Theresa May, pueda pedir a la UE una prórroga hasta el 30 de junio, para la resolución de la contienda (todo ello, y para complicar aún más la situación, si dicha posibilidad es ratificada otra vez por el Parlamento británico la próxima semana y antes del Consejo Europeo de final de semana).

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Es decir, cabe la posibilidad de que el mismísimo espíritu o fantasma (según se vea) del capitán de la selección española de fútbol, Sergio Ramos, baje al campo de juego del Brexit y nos regale un tiempo extra; no sabemos todavía si para una victoria pírrica de alguna de las partes o para el desastre más o menos calculado de ambas.

Continuando con el símil, la pelota está ahora en el tejado de la UE y, más concretamente, de sus estados miembros, que en el marco del próximo Consejo Europeo a celebrarse en Bruselas a finales de la semana próxima deben acordar (o no) por unanimidad la aceptación del alargue del partido.

Durante esta semana, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya había sugerido no sólo la posibilidad de la prórroga para reponer fuerzas con motivo de la intensidad de los minutos finales del partido, sino también una mayor duración de la misma, que podría llegar hasta un año.

No se trata de la propuesta británica: prórroga sí, pero sólo de tres meses, hasta el 30 de junio y para no tener que celebrar elecciones europeas en el terreno de juego británico. Unas elecciones europeas que suponen un embrollo a toda esta cuestión y respecto a lo cual los abogados de la UE pueden estar tentados de mirar para otra parte. Más allá de la incongruencia de celebrar unas elecciones europeas en un país que no sólo decidió por referéndum su salida, sino que esta misma semana ha renunciado en su Parlamento a la posibilidad de un segundo referéndum, dicha opción implicaría serias disfuncionalidades para el funcionamiento de la institución comunitaria. A modo de ejemplo, España elige 59 eurodiputados sin elecciones en el RU y sólo 54 de celebrarse las mismas en terreno británico.

Los 27 deben decidir acerca de la propuesta de prórroga británica que tienen sobre la mesa. Por mucho que entremos en el campo de la elucubración, al menos tres escenarios parecen posibles: sí, no o contrapropuesta:

  1. Es decir, podrían decidir en el Consejo Europeo aceptar la prórroga británica; opción que, recordemos, necesita de la siempre compleja unanimidad y que lleva aparejada la seria duda de por qué se iba a arreglar en la prórroga de tres meses lo que no ha sido posible acordar durante los últimos dos años de partido.
  2. Podrían rechazarla, abocando (en principio) tanto al RU como a la propia UE a un Brexit duro, despiadado y desordenado, en lo que supondría un divorcio caro para la Unión y carísimo para el Reino Unido, lo que no parece del todo recomendable. Posiblemente, aquí podría haber un resquicio: un no europeo que devolviese la posesión de la pelota al RU y forzase al Parlamento británico a volver a votar la próxima semana sobre el texto ya acordado, sabiendo que esa (ya sí) sería una pelota de partido: acuerdo cerrado o salida por la puerta trasera de la UE.
  3. Cabría una tercera vía derivada de una eventual contrapropuesta, que podría tener que ver con una prórroga más larga que terminase por desdibujar el Brexit e, incluso, que incluyese la celebración de comicios en el Reino Unido y posiblemente otro equipo negociador enfrente; o incluso una revisión exprés del acuerdo a propuesta de cualquiera de ambas partes durante este fin semana y la próxima semana antes del Consejo Europeo, que pudiera ser aceptada y aceptable para ambos equipos negociadores. Siempre se ha argüido en el argot comunitario que quien puede lo más, puede lo menos, motivo por el que son conocidas las maratonianas jornadas de negociación hasta bien entrada la madrugada, en el descuento de los partidos y con el reloj parado, para cerrar acuerdos inviables pocas horas antes. Sin embargo, aquello era posible entre socios más o menos bien avenidos y de cara al porvenir conjunto de todos ellos en el marco de la UE, una situación radicalmente diferente a la actual. ¿Qué sentido tendrían concesiones de última hora a quien te quiere dejar o del que te quieres alejar?

De cualquiera de las maneras, con prórroga o sin ella, el partido del Brexit parece abocarse a su final. Entramos en la zona Cesarini, en el momento decisivo en el que se resuelven las finales de los campeonatos, con el resultado aún por decidir. No parece que vayamos a tener, en esta ocasión, ni un solo minuto de la basura.

Autoría

1 Comentario

  1. Luis Moreno Fernández
    Luis Moreno Fernández 03-16-2019

    Estupenda disección, Jorge

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