El cambio de clima impulsa a los verdes en Suiza

Suiza fue uno de los primeros países de Europa Occidental en ver emerger un partido verde; incluso dos: hoy conviven uno de centroizquierda y otro de corte liberal. También fue uno de los primeros países en el que una formación de derecha populista se estableció como principal fuerza. Salvo sorpresas, las elecciones del próximo domingo tendrán un sabor agridulce para los populistas, que verán reducirse algo sus apoyos. Los verdes, en cambio, se alzarán como los principales vencedores. ¿La razón primordial? La principal preocupación de la ciudadanía ya no es la inmigración o la integración europea, sino la emergencia climática. Un cambio que se da hoy en Suiza, pero que pudiera replicarse a futuro en otros países vecinos.

A lo largo de las últimas décadas, Suiza se ha anticipado a la mayoría de cambios que han experimentado los sistemas de partidos en otros países de Europa Occidental. El temprano auge de movimientos sociales como el ecologismo tuvo como resultado el surgimiento de los verdes suizos como alternativa a los partidos hegemónicos surgidos tras la Segunda Guerra Mundial. También la derecha populista apareció pronto, en parte como reacción a la nueva izquierda pero, sobre todo, por el auge de la  inmigración en la emergente Unión Europea.

Con las elecciones nacionales legislativas de este domingo, Suiza podría adelantar, de nuevo, una nueva tendencia europea. Si las predicciones electorales no se equivocan estrepitosamente, el voto hacia el Partido Popular Suizo (PPS, derecha populista) bajará alrededor del (aún alto) 27%, mientras que los dos partidos verdes crecerán, llegando a sumar conjuntamente un porcentaje de voto del entorno del 18%.

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Hasta los últimas comicios generales de 2015, la perspectiva de evolución del Partido Popular Suizo conocía solamente una dirección. Desde los 90, ganó prácticamente todas las elecciones, erigiéndose como el primer partido del país con una media de voto del 29,4%. En contraposición, el Partido Verde y su ramificación liberal se mantuvieron en un discreto 7,1% para el primero, que figuraba como socio minoritario del dominante Partido Socialdemócrata, y un 4,6% para la segunda. Una razón fundamental para explicar el crecimiento desigual de los populistas de derechas y los verdes durante este periodo es la importancia decisiva atribuida a temas como la inmigración o la integración europea. Ambos se convirtieron en una plataforma de promoción exitosa para el PPS, principal adalid de posiciones anti-inmigración y anti-europeas, a la vez que minaban las posibilidades de los partidos verdes para diferenciarse de los aventajados socialdemócratas.

No obstante, al menos desde 2018 la emergencia climática ha irrumpido como uno de los principales temas de la agenda política y mediática. Este asunto favorece claramente a los partidos verdes que, en detrimento del resto, se arrogan el liderazgo sobre cuestiones ecológicas. El Partido Popular Suizo se ha dividido en cuanto a la estrategia para afrontar esta agenda. Mientras algunos han intentado movilizarse en contra de lo que han denominado despectivamente pánico climático, otros segmentos del partido han intentado ignorar el asunto, intentando redirigir la atención hacia la inmigración y las relaciones bilaterales con la Unión Europea. Ninguna de las dos estrategias parece haber surtido el efecto esperado.

La creciente preocupación por la emergencia climática y su impacto en las elecciones puede propagarse por la mayoría de países de Europa Occidental. Lo que es especial del contexto suizo es el papel secundario que cumplen las campañas; la actual incluida. Las predicciones para estas elecciones (incluyendo el auge de los verdes y el debilitamiento de los populistas de derechas) se han mantenido prácticamente inmóviles desde la primavera.

El escaso impacto de las campañas en el país alpino tiene que ver con su particular sistema de democracia directa, que permite a los ciudadanos decidir sobre las propuestas legislativas polémicas de una manera mucho más directa. Muchos suizos simplemente no participan en las elecciones nacionales porque no las consideran cruciales. Los que sí lo hacen son ciudadanos con preferencias ideológicas sólidas, difícilmente influibles por los reclamos de campaña. El buen desempeño en los debates de televisión o anuncios segmentados en las redes sociales son insuficientes para hacer cambiar de opinión a los votantes convencidos o para movilizar a los abstencionistas. Para que los votantes suizos reconsideren la decisión de ir a votar (y, en su caso, a quién), se necesita un asunto de la magnitud de la emergencia climática. El domingo comprobaremos su impacto.

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