El complejo reto de la ‘descarbonización’

A mediados del mes de julio, se publicó el avance del inventario de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del año 2019 en España. Éstas se redujeron un 6,2% respecto a 2018, lo que sin duda es una buena noticia, y los medios recogieron las palabras de la vicepresidenta cuarta del Gobierno, Teresa Ribera, que aseguró que “el proceso de descarbonización en España ya ha comenzado”.

El análisis del inventario de emisiones de GEI es muy interesante porque nos permite analizar el presente proceso de descarbonización de forma sectorializada y ver en qué ámbitos conviene hacer los mayores esfuerzos. Lo primero que debemos tener presente es que el 75% de los GEI se producen en procesos energéticos, mientras que el 25% restante los genera la agricultura, las emisiones producidas por los residuos que desechamos y los gases de procesos industriales y productos que no están relacionados directamente con procesos energéticos. La obtención de energía es, por tanto, la clave de la descarbonización en España y, en general, de cualquier país, y consecuentemente la transición energética es el proceso esencial que la impulsará.

Este 75% de GEI generados en los procesos energéticos son consecuencia de las emisiones de diferentes sectores. El principal es el transporte, que representa el 29% del total, seguido por la industria (20,6% de las emisiones), la generación de electricidad (13,5%) y las producidas por el consumo de combustibles fósiles en el sector residencial, comercial e institucional (8,8%).

Lo primero que sorprende es el bajo porcentaje de las emisiones que representa la generación de electricidad. Éste ha caído mucho en los dos últimos años, ya que en 2017 representaba el 21% de las emisiones con casi 75 millones de toneladas de CO2 producidas frente a las menos de 50 millones de toneladas de 2019. Esta enorme caída en este sector se debe a dos razones: a una mayor penetración de las energías renovables, por un lado, pero sobre todo la sustitución de la generación con carbón por generación con gas natural, que emite alrededor de la mitad de CO2 por MWh generado. El carbón, que representaba el 17% del mix eléctrico en 2017, supuso menos del 5% de la generación en 2019 y, casi con toda seguridad, este porcentaje será todavía menor a partir de este año.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

La generación eléctrica es, por tanto, el tercer sector en importancia respecto a las emisiones de GEI y en poco tiempo será, probablemente, el cuarto, por detrás de la agricultura. Así pues, conseguir un ‘mix’ eléctrico 100% renovable o ‘descarbonizado’ supondría un indudable avance, pero tan sólo nos permitiría reducir un 13,5% las emisiones, manteniéndose inalterado más del 85% de las totales del país. Resulta un poco deprimente pensar que, si pudiésemos eliminar todas las centrales térmicas españolas e incluso todas las co-generaciones, quedaría por hacer todavía la inmensa mayoría del proceso de descarbonización. Hoy por hoy, y en España, descarbonizar el transporte o la industria tendría más efecto en la reducción de GEI que una generación eléctrica 100% renovable.

A pesar de esta realidad, el papel de la generación de electricidad sigue siendo central, ya que es la piedra angular sobre la que se edificará la descarbonización de todo el sistema energético. Para descarbonizar nuestros consumos energéticos tenemos dos vías fundamentales: una es electrificarlos, es decir, sustituir el consumo directo de combustibles fósiles por electricidad. Ejemplos de esta electrificación sería la sustitución de vehículos de combustión por otros eléctricos, o el cambio de calderas de gas o gasóleo por bombas de calor que funcionen con electricidad. La segunda vía, a la que recurrimos cuando no tenemos alternativas electrificadas económicamente viables, es la generación de gases (o combustibles) renovables que sustituyan a los combustibles fósiles. Algunos de ellos se pueden generar por procesos naturales, como el biometano, pero principalmente obtendremos estos gases fabricándolos con electricidad de origen renovable. La producción de hidrógeno verde para sustituir al gas natural en un proceso industrial, o de queroseno sintético para su uso en aviones en lugar del queroseno fósil, serían ejemplos paradigmáticos de esta segunda vía. En cierta manera, sería como una electrificación indirecta.

Por tanto, para descarbonizar el resto de los sectores vamos a necesitar aumentar la generación eléctrica de forma muy importante. Necesitamos instalar cantidades ingentes de energías renovables en las próximas décadas; pero no para descarbonizar la actual generación eléctrica, sino para hacer llegar esta energía a otros sectores que actualmente no están electrificados ni directa ni indirectamente. Y para ello no basta con producir electricidad, hay que implantar las tecnologías e infraestructuras adecuadas que permitan este cambio. La generación renovable es el imprescindible inicio de la cadena, pero no tendrá utilidad si no trabajamos el resto de los eslabones.

Además de esta cuestión estructural, hay otro parámetro esencial para poder hacer este cambio. Para que la electrificación sea viable, es muy importante que el precio de la electricidad sea competitivo frente a los combustibles fósiles con los que rivaliza. La generación eólica y solar fotovoltaica ha demostrado ser muy competitivas, pero el precio final de la electricidad está formado por multitud de componentes regulados y técnicos que van mucho más allá del coste de generación de las fuentes de energía. Es importante trabajar para generar una electricidad competitiva y, adicionalmente, imputar adecuadamente las externalidades negativas en el precio de los combustibles fósiles. Si el coste económico de utilizar electricidad es menor al de sus alternativas, la descarbonización será mucho más rápida.

La estrategia en España, trazada en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), en la todavía en trámite hoja de ruta del hidrógeno renovable o en el reciente borrador de la estrategia de descarbonización a largo plazo, analiza bastante bien esta complejidad y marca sendas razonables con las proyecciones y tecnologías de las que disponemos hoy. Los objetivos de electrificación del parque móvil (cinco millones de vehículos para 2030) o de instalación de bombas de calor (que deben multiplicar casi por seis su aporte energético durante esta década) pretenden atacar esas emisiones de los sectores del transporte, residencial y comercial. La hoja de ruta del hidrógeno renovable también incide en el uso de este elemento en procesos térmicos en la industria y en el transporte. La prolífica producción de documentos oficiales no es un capricho, es sencillamente producto de la complejidad y la particularidad de las soluciones de descarbonización en cada uno de los sectores.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

España, probablemente, descarbonizará su sistema de generación eléctrica bastante rápido. En unos años, alcanzaremos porcentajes de generación renovable que superarán ampliamente los actuales y la generación eléctrica probablemente acabará representando menos del 10% de las emisiones de GEI del país. Pero eso es sólo el inicio del camino: el verdadero reto de la ‘descarbonización’ no está ahí, sino en avanzar en el resto de los sectores, donde es mucho más complicado por cuestiones estructurales y de costes relativos. En algunos casos ya existe tecnología competitiva y debemos avanzar rápido, como en el transporte ligero o en la climatización de los sectores residencial, comercial e institucional. En otros no tenemos esa madurez tecnológica, y habrá que trabajar mucho en investigación e innovación, invirtiendo a fondo perdido para ganar esa madurez, como en los casos del transporte de larga distancia o la industria. Pero debemos trabajar en todos los terrenos al mismo tiempo si queremos cumplir los objetivos de neutralidad de carbono para 2050.

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.