El coste social del desempleo: los perdedores

A la hora de medir el desempleo habitualmente se utiliza únicamente su incidencia, es decir, la tasa de paro (el porcentaje de personas desempleadas sobre el total de la población activa). Sin embargo, para tener un indicador más completo de su coste social conviene tener en cuenta también su severidad (asociada a la duración y la renta perdida) y la probabilidad de continuar en dicha situación (lo que se conoce como histéresis).

En un trabajo anterior se planteaba esta forma de medir el coste social del desempleo para comparar la situación de las diferentes comunidades autónomas españolas. En un nuevo estudio se realiza un análisis del impacto del desempleo sobre distintos tipos de personas, usando los datos mensuales del Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe) que describen tanto el número de personas desempleadas como sus características, prestaciones que reciben, duración en el desempleo, etc. Combinando esta información con la que proporciona la Encuesta de Estructura Salarial, se puede estimar la renta perdida por los desempleados (diferencia entre el salario que cobrarían si estuvieran trabajando y el importe de la ayuda que reciben como desempleados) y la probabilidad de permanecer en desempleado.

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De la intersección de estos criterios obtenemos un total de 162 tipos de personas desempleadas (2 x 3 x 3 x 3 x 3). Un ejemplo de uno de estos tipos sería el caso de mujeres jóvenes, con estudios terciarios, desempleadas durante menos de un año y que reciben la prestación contributiva por desempleo. Dado que muchos de estos grupos resultan muy pequeños el estudio, centramos la atención en aquellos que soportan un mayor coste social del desempleo, lo que informalmente llamamos los perdedores de la crisis. Si imponemos como requisito que el coste asumido por cada colectivo represente al menos un 0,5% del coste social total del desempleo, esos 162 tipos quedan reducidos a 18, tal y como describe la Tabla 1. En concreto, soportan más del 90% del coste social total del desempleo y suponen en torno al 30% de personas en paro. Este dato pone de manifiesto la asimetría en el impacto del desempleo según las características de los trabajadores.

En este nuevo estudio hemos dividido a las personas desempleadas en diferentes tipos en función de los siguientes criterios:

  • El género (hombres y mujeres)
  • La edad (de 16 a 25 años, de 26 a 45 y de 46 a 65)
  • La educación (primaria, secundaria y terciaria)
  • La duración del desempleo (menos de un año, de uno a dos años, más de dos años)
  • La prestación recibida (contributiva, asistencial o nada)

Hay varios aspectos en estos datos que llaman poderosamente la atención. El primero y más destacado es que todos los tipos de personas desempleadas que sufren mayores costes por desempleo, excepto uno, llevan en desempleo más de dos años. El segundo, también evidente, es el papel de amortiguador de las prestaciones por desempleo: ninguno de los grupos de personas que perciben prestaciones contributivas por desempleo figura entre los grupos más castigados. El tercero se refiere a la edad: 12 de los 18 subgrupos seleccionados están formados por personas mayores de 45 años, sin que figure entre los restantes ningún grupo de desempleados jóvenes.

Hay ciertas diferencias por razón de género y por nivel educativo entre los 18 tipos de personas desempleadas que recoge la tabla, pero su magnitud es menor comparada con la de las variables anteriores. En este sentido, ser mujer y tener menor nivel educativo supone un coste social adicional. Señalemos, por último, que los primeros cinco subgrupos representan más del 50% del coste total y alrededor del 13% del total de desempleados.

Esos datos muestran claramente que quienes sufren más las consecuencias del desempleo son personas paradas de larga duración, de 45 años o más, sin prestaciones de desempleo, con peores resultados, en general, para las mujeres y quienes tienen bajo nivel educativo. La identificación de estos grupos es importante a la hora de diseñar políticas de empleo, especialmente si tenemos en cuenta que, como sucede con la pobreza, las personas que sufren largas duraciones de desempleo tienden a perder influencia social y a volverse invisibles.

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