El desafío socioeconómico para América Latina en tiempos de Covid-19

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima, en su informe ‘Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe 2020’, que la actual crisis económica generará este año una contracción de la actividad del 5,3% y un incremento del desempleo de 3,4 puntos porcentuales. Se trata de la mayor caída desde la década de 1930 y tendrá un fuerte impacto en los niveles de pobreza y desigualdad. Tal como señala el ‘Informe Especial Covid-19, Nº2’ de la Cepal, en 2020 la pobreza en América Latina aumentará al menos 4,4 puntos porcentuales respecto al año previo, alcanzando a un total de 214,7 millones de personas. Dentro de este grupo, la pobreza extrema subiría 2,6 puntos porcentuales y llegaría a afectar a un total de 83,4 millones de personas.

La pandemia ha provocado, por tanto, que la región latinoamericana se enfrente en estos momentos a grandes desafíos en términos de proteger la salud y garantizar el bienestar de sus ciudadanos. Reactivar la economía y contar con financiación para implementar políticas sociales se ha convertido en una prioridad. La dimensión y duración de los efectos de la actual crisis sanitaria, que ya ha derivado en económica y social, son difíciles de cuantificar debido a la incertidumbre. Sin embargo, ya comienzan a ser percibidos con claridad, y muchos expertos ya la han catalogado como la mayor crisis de la región en décadas. La actuación ágil y eficiente de los estados es fundamental, pero el panorama se presenta adverso y las fuentes tradicionales de financiamiento de los gobiernos latinoamericanos se ven obstaculizadas por el contexto actual.

En primer lugar, porque parten de contextos previos desfavorables. La región cuenta con poco espacio para aumentar su gasto fiscal por el gran endeudamiento acumulado que, según datos de la Cepal para 2018, alcanzaron de media el 44,8% del Producto Interior Bruto (PIB), y el gran pago de intereses. Según fuentes oficiales, este último aumentó del 1,7% del PIB en 2010 al 2,6% del PIB en 2019. Esto ha reducido la capacidad de gasto de los gobiernos en políticas de desarrollo, y en la actualidad el dedicado al pago de intereses es mayor que el empleado en áreas como la educación, la salud y la protección social.

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El segundo obstáculo para hacer frente a los efectos de la pandemia es que la contracción de la actividad económica, junto con la caída de los precios de las materias primas, suponen una reducción significativa en la recaudación de los ingresos fiscales.

Se espera una caída tanto en la recaudación de impuestos directos e indirectos a causa del descenso del consumo privado y el incremento tanto del número de desocupados como de la informalidad laboral; la cual, en 2018 y según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ya alcanzaba el 52,6%. Esta situación, que en muchas ocasiones se ha solventado con la emisión de deuda pública, en esta ocasión es más problemática porque presenta dos problemas: por un lado, como ya se ha señalado, América Latina cuenta con grandes déficits fiscales por deuda acumulada; por otro lado, la volatilidad de los mercados de deuda desde el inicio de la pandemia ha generado una importante aversión al riesgo entre los inversores y ha disminuido la compra de deuda pública. Como consecuencia, la mayor parte de los países latinoamericanos ha buscado financiación multilateral en organizaciones como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

En los próximos meses, los países deberán impulsar medidas de estímulo fiscal para reactivar la economía y financiar el gasto público. Esto requiere instrumentos que impulsen diferentes sectores y actividades económicas, así como políticas de gasto eficientes. Pero, además, para garantizar la sostenibilidad fiscal de los países latinoamericanos cada vez es más necesario abordar una de las asignaturas pendientes de la región: la evasión de impuestos. Según los datos de la Cepal, América Latina perdió 325.000 millones de dólares en 2018 por incumplimiento tributario, lo que equivale al 6,1% de su PIB. Como referencia, destacar que en ese mismo año el gasto en salud, educación y protección social fue del 4% del PIB.

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La pandemia ha hecho aún más visibles las deficiencias de los sistemas de protección social latinoamericanos, tanto en su diseño como en su financiación. Ya antes de la Covid-19, los modelos de protección eran obsoletos e inoperantes, con legislaciones sobre seguridad social, acceso a seguros médicos o pensiones que datan de mediados del siglo pasado. Es necesario que la región transite con urgencia hacia estados de Bienestar que garanticen condiciones de vida dignas para los ciudadanos, favorezcan el desarrollo sostenible, disminuyan la desigualdad y proporcionen servicios de calidad. Para esto es imprescindible una política fiscal que permita una mayor movilización de recursos tanto para la protección social como para la reactivación de la economía, salvaguardando la capacidad productiva y el empleo y evitando la crisis de liquidez y el colapso del sistema.

Para salir de la crisis es necesario repensar el modelo de desarrollo, ocupándose tanto de las limitaciones estructurales en términos económicos como en las insuficiencias de los sistemas de protección y regímenes de bienestar. Combatir la informalidad laboral, la evasión fiscal y promover el acceso universal a los servicios de sanidad, educación y bienestar son condiciones necesarias para combatir los impactos de la actual crisis.

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1 Comentario

  1. Manuel Fernández Vílchez
    Manuel Fernández Vílchez 07-21-2020

    Comentario al margen, no es una crítica del artículo sino del uso equívoco de la categoría «desigualdad» en cuestiones de Economía Latinoamericana. Un término de la retórica oenegera (de la buena fe de la mala conciencia de exalumnos de colegios religiosos, el voluntariado ocioso de ONGs neocolonialistas):

    1. En el análisis de la Sociedad Política opera el concepto de «igualdad jurídica», a efectos de igualdad de derechos y obligaciones ciudadanas. Pero carece de sentido en una sociedad de ciudadanos-individuos el igualitarismo (homogeneidad) de condiciones materiales de existencia. Más bien, el igualitarismo por homogeneidad bajo el paternalismo autoritario, se dió en los movimientos de masas de los Estados Totalitarios del Período de Entreguerras.

    2. El concepto de «igualdad-desigualdad» en el análisis económico, por cuestión de método, queda fuera de la ciencia del cálculo estadístico, cuyo objeto consiste en medir desigualdades en el supuesto de medios sociales heterogéneos. En Ciencias Sociales no existe el principio de homogeneidad de recursos económicos.

    Y si fuera por análisis de Sicología Social, se encontraría en las potencias occidentales, cierto voluntariado neocolonialista de movimientos sociales (de principios ideales-morales-fundamentalistas-excluyentes: intransigentes en su estilo de vida, modas de consumo alimenticio, actitudes subjetivistas de relación con el medio), que están dispuestos al viaje iniciático a decenas de miles de kilómetros para atender a otros pueblos, mientras ignoran la barriada del vecindario.

    Si se parte del fundamentalismo de principios-ideales-excluyentes (ideologías), principios-morales-religiosos (creencias), no se haga estadística. Basta la prédica de la buena fe de la mala conciencia (sentimiento de culpa) o el fariseímo ideológico de «falsa conciencia», de la corporación estamental eclesiástica católica cuya economía caritativa ya ha acumulado en cinco siglos una gran propiedad agraria e inmobiliaria en el colonialismo; o de las nuevas ONGs del voluntariado ocioso, que negocian con Fondos del Gasto Público de las potencias con intereses neocoloniales en Latinoamérica. Pero esto vale más para el análisis ideológico de los occidentales colonialistas y neocolonialistas, y para mostrar su enfoque moralizante-fundamentalista (ver notas en borrador Populismo de Izquierda Unida, ¿de izquierdas?).

    3. Ya fuera de la cuestión estadística y de las publicaciones de Economía: Son los inversionistas locales y de las potencias, dentro de la Libre Circulación de Capitales y libertad de Aranceles por Areas Comerciales, en la internacionalización de la producción y el trabajo, y la mundialización de las relaciones sociales -plataformas- de distribución e intercambio (dinero)… son los partidos de inversionistas locales y extranjeros, y organizaciones de población local, quienes deben hacer frente a la estadística de desigualdad de distribución del ingreso en sociedades, que por definición no son conjuntos homogéneos. Y sus principales desigualdades en Latinoamérica, no son de desigualdad del ingreso, sino la riqueza de formas culturales de reproducción de la vida social. Por ejemplo: la estadística monetarista de distribución del ingreso del Programa de la ONU-PNUD asigna ingresos de dinero a la población mayoritaria en Latinoamérica, que de ser ciertos los indicadores locales de precios IPC, ya estarían todos muertos por inanición. Y en cambio, en Latinoamérica la población se reproduce y se multiplica por 2 cada pocas décadas. ¿No se dan cuenta sus eminencias monetaristas del PNUD, seguidos como dogma por el voluntariado ONGero y por los publicistas de pseudo ciencias sociales, que las formaciones sociales latinoamericanas se rigen por otras formas económicas, que no son las del manual de los sociólogos neocolonialistas de CEPAL-FLACSO-CLACSO y su «Teoría de la Dependencia»? [ver notas en borrador La formación social actual en la Globalización]

    4. La «desigualdad social» ha existido toda la Historia de la Humanidad, menos en las utópicas Distopías de la Doctrina Social de la Iglesia desde la Rerum Novarum (1893) y Quadragessimo Anno (1934). De ahí viene la Acción Católica y las Juventudes Obreras Católicas, que suministraron cuadros al Movimiento Social Italiano de Musolini y al Movimiento Nacional Español. Sólo que ahora, esa ideología de «falsa conciencia» sale de los colegios católicos con el nombre genérico e inespecífico de «Justicia Social», un idealismo moral fundamentalista de la izquierda sentimental populista (seguimiento por partidos políticos de la Transición del 78 y años 80, en: Populismo de Izquierda Unida, ¿de izquierdas?).

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