El EJAtlas y el movimiento global de justicia ambiental

¿Existe un movimiento global de justicia ambiental?

Usamos aquí movimiento social en el mismo sentido con que se hablaba del movimiento obrero en Europa hasta 1914; o de los pacifistas en el mundo, como el estudiantil en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam en la década de 1960; o los movimientos campesinos o agraristas en América Latina desde el del mexicano Emiliano Zapata en 1910; o el triunfante movimiento anti-colonial después de 1945, particularmente en África; o el de derechos civiles en Estados Unidos, de Martin Luther King y otros. Y, desde luego, el creciente y exitoso movimiento feminista de los últimos 100 años.

Tales movimientos sociales no suelen generar una única organización. La cronología va de la denuncia de los agravios a la presentación de reclamos, y de ahí a la formación de movimientos. Primero se pidió tierra en distintos lugares y momentos, luego se usaron consignas colectivas como la tierra para el que la trabaja y tierra y libertad, que viajaron por el mundo en diversas lenguas, y todo eso ocurrió mucho antes de que se fundara la Vía Campesina a finales del siglo XX.

Los dispersos colectivos obreros hicieron ya huelgas y boicots, arremetiendo contra los rompe-huelgas y esquiroles, antes que esas palabras se difundieran y que se formaran los sindicatos. Lo mismo ocurre en el movimiento de justicia ambiental: se difunden internacionalmente consignas, como por ejemplo, en América Latina, el agua vale más que el oro; se plasman en pancartas en las manifestaciones, se pintan en murales, se ponen en camisetas. En EnvJustice estamos coleccionando no sólo fichas con descripciones de conflictos, sino también sus numerosas expresiones culturales en muchas lenguas distintas.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

No hay aquí espacio para entrar en detalle pero escuchen, por ejemplo, la canción ‘Poramboke’ de T. M. Krishna, nacida en Ennore Creek al norte de Chennai en la India. Resume en pocos versos ese conflicto sobre la destrucción de manglares y de la pesca en un bello estuario por la terrible contaminación de centrales térmicas de carbón. Y canta que esa tierra y ese agua eran bienes comunales, eran un Poramboke. La palabra en tamil hoy se emplea mal, como tierra de nadie, tierra baldía. No es así, canta T. M. Krishna: Poramboke son Los Comunes.

El Atlas de Justicia Ambiental

El Atlas de Justicia Ambiental es un esfuerzo de enormes dimensiones que apunta a responder a la cuestión planteada y a muchas otras. Lo codirijo con Leah Temper y es coordinado por Daniela del Bene. Está financiado por el European Research Council para el proyecto ‘EnvJustice’, en el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (Icta) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha alcanzado este mes la cifra de más de 3.000 fichas, permitiendo grandes avances en el estudio de la Ecología Política Comparada. Empezamos en 2014 con 920 casos. Más de 100 personas (remuneradas y voluntarias) han contribuido con fichas que, antes de ser publicadas, son chequeadas cuidadosamente.

Esas 3.000 fichas suponen una muestra bastante grande, aportada por universitarios o activistas, dentro de un total de conflictos socio-ambientales de número incierto, decenas de miles alrededor del mundo. Todas ellas están en acceso abierto. Cada una tiene cinco o seis páginas con una descripción del conflicto, las fuentes de información y diversas variables codificadas: los impactos visibles o potenciales del proyecto controvertido, los actores sociales, sus formas de movilización, los resultados del conflicto, y algunos enlaces a fotos y vídeos).

El EJAtlas clasifica los conflictos en 10 categorías: energía nuclear, biomasa y tierras, combustibles fósiles y cambio climático, minería, infraestructuras, industria, conservación de biodiversidad, agua, residuos, turismo. Dentro de cada categoría principal hay numerosas secundarias.

Uno puede hacer análisis por países o regiones, como Raquel Neyra, en su tesis doctoral de 2019 en la Universidad de Zaragoza, sobre 80 conflictos ambientales en Perú; o el análisis detallado del metabolismo social de los países andinos y su relación con 300 conflictos ambientales, de Mario Pérez Rincón y otros; o un artículo en preparación con 50 conflictos en el Ártico, que es una nueva frontera de la extracción de commodities (desde Alaska a Siberia oriental); o los artículos de Brototi Roy, una panorámica de los conflictos ambientales en la India, y de Juan Liu sobre China.

También hacemos análisis transversales alrededor del mundo sobre asuntos como la minería y la fundición de cobre, la minería de arenas y gravas para construcción o de arenas para metales (ilmenita para titanio), plantaciones de palma de aceite o de eucaliptos, represas hidroeléctricas, incineradoras (con muchos casos en China), centrales eléctricas de carbón, fracking de gas, minería de uranio o centrales nucleares, molinos de viento.

Hemos publicado un mapa con el título Blockadia (movimientos locales para dejar combustibles fósiles en tierra, como la iniciativa Yasuní ITT en Ecuador y Ende Gelände en Alemania) y otros sobre conflictos de las compañías Vale y Chevron. Otro mapa especial recoge conflictos que involucran poblaciones romaníes en el sudeste de Europa. Analizamos casos de mujeres activistas asesinadas (decenas de Bertas Cáceres); casos de ecologismo obrero y, por supuesto, muchos de ecologismo campesino. También analizamos los altos porcentajes de participación indígena en conflictos ambientales y, asimismo, la presencia de grupos religiosos (católicos en Sudamérica y Filipinas, budistas en Asia). Contrastamos casos de conservación biológica militarizada en la India y África con supuestos de conservación convivial.

Usando la función de filtro en el atlas, como cualquier lector puede hacer, comprobamos (en los 3.000 casos) que en unos 375 se reporta la muerte de uno o más defensores ambientales y en otros 500 un éxito en la justicia ambiental; por lo general, que los proyectos sean cancelados. Si no hubiera un éxito de vez en cuando, no podríamos hablar de un movimiento global de justicia ambiental.

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En el EJAtlas hemos recopilado centenares de fotos de pancartas, canciones, documentales, murales. Haciendo análisis de redes (network analysis), intentaremos demostrar que hay no solamente eslogans compartidos sino también, a veces, conexiones entre los protagonistas sociales de muchos de esos conflictos. En los ambientales, primero nace la conciencia de agravios y hay reclamaciones (pliegos de reclamos, como se dice en lenguaje sindical latinoamericano), luego hay manifestaciones, pancartas, cortes de ruta, etc. Tras el movimiento, tal vez aparezca una organización o varias con nombre y siglas. Pero para que exista lo primero no hacen falta las segundas. Sería un error buscar la presencia del movimiento global de justicia ambiental primordialmente en los nombres de las organizaciones más que en las acciones locales, con sus diversas formas y en sus expresiones culturales.

¿Por qué hay un movimiento por la justicia ambiental?

En el proyecto EnvJustice somos materialistas. Buscamos las causas de los conflictos de minería, represas, infraestructuras públicas, extracción de biomasa y de combustibles fósiles, o evacuación de residuos, en sus causas materiales: a saber, el crecimiento y cambios en el metabolismo social. Esos flujos de energía y materiales son concomitantes con el crecimiento económico y la acumulación de capital.

Concluimos que la economía industrial capitalista no es circular, sino entrópica. Es cada vez más entrópica al concluir la economía mundial en Asia del Sur y África la transición hacia el predominio de los combustibles fósiles que empezó en Europa hace 200 años. La economía industrial usa los combustibles fósiles como el carbón, petróleo y gas, los quema como fuentes de energía que se disipa y, además, produce residuos como el dióxido de carbono en cantidades excesivas, aumentando el efecto invernadero. La curva de Keeling, que mide la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, continúa su marcha imperturbable desde las 320 ppm (partes por millón) en la década de 1950 a las 410 ppm ahora, a las 450 ppm hacia 2050 y, probablemente, las 500 ppm en 2100. Para entonces, el decrecimiento de la población humana y de la economía mundial, los movimientos de Blockadia y los cambios tecnológicos tal vez reviertan la tendencia.

La economía no sólo consume los combustibles fósiles, también agota los fondos que en principio son permanentes, como las pesquerías y la fertilidad de los suelos, la biodiversidad, el ciclo natural del agua (que convierte en un ciclo hidro-social). La economía industrial tiene un apetito voraz de nuevos suministros de materiales y energía que vienen de las fronteras de la extracción. Y deposita los residuos en la atmósfera, los océanos, los ríos y los suelos. Incluso una economía industrial sin crecimiento necesitaría suministros frescos de materiales y energía porque la energía se disipa y los materiales se reciclan sólo en pequeña parte. Los datos (de Willi Haas y otros) indican una tasa de reciclaje de los insumos que entran en la economía mundial inferior al 6%.

La economía neoliberal triunfa desde la década de 1970 en gran parte del mundo. Pienso que ese fundamentalismo de mercado es enemigo del medio ambiente. Pero supongamos que la economía mundial no fuera neoliberal, sino keynesiana, socialdemócrata o del estilo ruso anterior a 1990. O supongamos que el capitalismo de estado chino triunfe en todo lugar. No por eso se iban a reducir los conflictos ambientales causados por el crecimiento y los cambios del metabolismo social de la economía industrial, conflictos que registramos en el EJAtlas y de los cuales nace un movimiento mundial de justicia ambiental.

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