El empleo verde para las mujeres

Las políticas de transición energética hacia modos de producción limpia pueden ser grandes generadoras de empleo. También lo son las medidas de uso eficiente de la energía en sectores como la industria, el transporte o la construcción. De acuerdo a las últimas estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se estima que se pueden crear al menos 24 millones de nuevos empleos «a través de la adopción de prácticas sostenibles en el sector de la energía, incluyendo cambios en la combinación de fuentes de energía, la promoción del uso de vehículos eléctricos y la mejora de la eficiencia energética de los edificios».

No todo serán ganancias de empleo: también se espera que los sectores más contaminantes y emisores de gases de efecto invernadero tengan que afrontar pérdidas de empleo si no se adaptan. Se calcula que la pérdida de puestos de trabajo se centrará, en especial, en el sector de los combustibles fósiles y podría llegar a los millones en todo el mundo. Los más perjudicados serán los países y las regiones productores de petróleo, carbón y gas.

Hablamos de una transición que ya ha comenzado. Sólo el sector de las energías renovables ya emplea más de 10 millones de personas en todo el mundo (Irena, 2018). Se calcula que este número puede multiplicarse por cuatro en 2050, hasta alcanzar los 40 millones de personas trabajando en el sector de las renovables y la eficiencia energética (Irena, 2018) en un escenario ambicioso de descarbonización de la economía.

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Sin embargo, esta transición no está tratando por igual a hombres y mujeres. A nivel global, se calcula que las mujeres sólo representan el 32% del total de los empleos del sector de las energías limpias que, si bien es un valor por encima de su participación en el sector del gas y el petróleo (22%) está muy por debajo del 48% de la participación en el mercado laboral global.

Con la colaboración de Red Eléctrica de España

La desigualdad entre hombres y mujeres en el sector de la producción de energías limpias no sólo se da en términos cuantitativos, también cualitativos. Casi la mitad de las mujeres trabajadoras del sector tiene puestos administrativos, mientras que sólo un 28% del total se desarrolla en puestos de trabajo que requieren de formación en ciencias, tecnologías, ingeniería o matemáticas. Estos últimos son los que, generalmente, disfrutan de mejores salarios y condiciones de trabajo. Las mujeres son minoría también los puestos de gerencia y de toma de decisiones, lo que implica que sus voces y perspectivas no son consideradas.

La desigualdad de género se repite en otros sectores generadores de empleo verde. Las mujeres son también minoría en el sector de la construcción sostenible, en la industria del reciclaje, en el nuevo sector de la producción de vehículos eléctricos y en la agricultura orgánica, por nombrar sólo algunos ejemplos. También en estos sectores se reproducen los patrones de desigualdad laboral descritos en el sector renovable: las pocas mujeres que trabajan en estos sectores lo hacen en departamentos administrativos: recursos humanos, contabilidad y labores comerciales. Muy pocas tienen puestos de responsabilidad y gestión.

En otras palabras, nos enfrentamos a un modelo de desarrollo que tiene el potencial de ser mucho mejor en términos ambientales y conseguir, eventualmente, controlar problemas globales como el cambio climático o la contaminación; pero que, sin embargo, no está funcionando en términos de igualdad de género. Se replican las desigualdades del modelo de desarrollo anterior: las mujeres no acceden a las nuevas oportunidades de empleo que ofrece la economía verde.

El desafío consiste, pues, en situar la igualdad de género en el centro del modelo. Según el informe que hoy publica la OIT, las diferencias de género relacionadas con el trabajo no han experimentado una mejora significativa durante los últimos 20 años. Se repiten las brechas en salarios, en acceso a puestos de gerencia y en las labores de cuidados. La base para un mundo del trabajo más equitativo es el respeto de los derechos de las mujeres: a la igualdad de oportunidades, a estar protegidas contra la discriminación, la violencia y el acoso, y a un salario igual por un trabajo de igual valor.

¿Cómo hacer que la transición energética no sólo sea limpia, sino incluyente? El único camino es asegurar que la base del proceso de transición energética sea la justicia social. Es decir, trabajar en el marco de una transición justa a modos de producción y consumo de energía limpia, tomando medidas específicas que aseguran la participación equitativa de hombres y mujeres. Las políticas energéticas deben ser diseñadas e implementadas con una clara dimensión de género. Así lo recomiendan las directrices de la OIT sobre transición justa a economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos, acordadas por organizaciones de trabajadores, empleadores y gobiernos de todo el mundo en 2015.

Es clave poner en marcha medidas específicas que aceleren la equidad en el mercado de trabajo del empleo verde. Algunas recomendaciones para lograrlo tienen que ver con el fomento de la participación de las mujeres en carreras de ciencias (STEM, por sus siglas en inglés). A nivel global, sólo el 35% de las personas matriculadas en estudios universitarios vinculados a carreras STEM son mujeres (Unesco, 2017).

Esta desigualdad se repite también en España: las féminas sólo son el 24% de los matriculados en carreras de ingeniería, producción industrial y construcción. En cambio, son mayoría en carreras relacionadas con el sector educativo (79%) y en salud y bienestar, el 72% (L. Daniele y J. G. Stegmann, 2017). Estas medidas no sólo fomentarán la equidad de género en el sector de la energía, sino también en otros sectores como la construcción o la industria, que son también fuente potencial de empleo verde. No podemos olvidar que también es necesario mejorar la visibilidad y la calidad del empleo del trabajo administrativo y del resto de roles donde las mujeres son mayoría.

Mejorar la participación de la mujer en el sector de las energías renovables pasa por visibilizar y reforzar su trabajo en el sector y por asegurar que forman parte de la toma de decisiones.

Un ejemplo de este acercamiento pudiera ser el trabajo que está realizando la Red de Mujeres en Energías Renovables y Eficiencia Energética de México, donde se está visibilizando el trabajo de las mujeres en el sector de las renovables. Se están desarrollando iniciativas de formación, de fomento de creación de más vacantes y espacios para mujeres calificadas dentro del sector, de mejora de la calidad del empleo y el trabajo por una igualdad salarial y de promoción del talento de las mujeres en los ámbitos de decisión del sector público y privado y en la innovación e investigación. Se identifica el desarrollo de políticas de género específicas en el sector de las energías como elemento importante para avanzar en esta agenda.

Otra recomendación es la promoción de la participación de las mujeres en el emprendimiento y gestión empresarial dentro de una lógica de producción y consumo sostenible de servicios. Aunque muchas de las nuevas empresas sostenibles son lideradas por mujeres, éstas aún deben enfrentarse a desafíos particulares: menor acceso a financiación; mayor tiempo dedicado a los cuidados en el entorno familiar, lo que reduce el tiempo disponible para dedicar al desarrollo profesional; menor apoyo institucional para las mujeres emprendedoras y empresarias; y, en muchas partes del mundo, menor nivel de educación (a nivel global, el 68% de las personas analfabetas en el mundo son mujeres).

Algunas de estas ideas están recogidas en la reciente estrategia de transición justa aprobada en España que, siguiendo las recomendaciones de la OIT, tiene entre otros objetivos «garantizar que las mujeres puedan aprovechar las oportunidades que brinda la transformación ecológica de la economía» (Mineco, 2019) . De este modo, España se ha puesto a la cabeza de los países que apuestan por la equidad de género como base del cambio en el modelo económico y social hacia la sostenibilidad ambiental.

Reducir las aún enormes brechas de género del empleo verde es necesario, posible y alcanzable. Y lo más importante: tenemos herramientas y conocimientos suficientes para hacerlo en un plazo corto. No hay tiempo que perder.

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