El escenario electoral ecuatoriano

Ecuador conocerá próximamente las candidaturas finales de los binomios presidenciales para el proceso eleccionario de 2021. De acuerdo con el calendario electoral, las y los precandidatos tienen hasta el 7 de octubre para inscribirse a las diferentes dignidades de elección popular: Presidencia, Vicepresidencia, asambleístas nacionales, asambleístas provinciales y del exterior, y Parlamento Andino. A medida que ese calendario avanza, el tablero electoral se va definiendo. Se prevé un escenario complejo para la primera vuelta, que se llevará a cabo el 7 de febrero de 2021, debido principalmente a tres elementos: 1) el electorado experimenta hartazgo por la política en general, a lo que suma una alta desconfianza en la credibilidad institucional; 2) existe una dispersión en las candidaturas presidenciales (16 pre-candidaturas); y 3) la pandemia hace prever que la campaña será diferente y con muchas restricciones.

A diferencia de 2017, se considera que el debate central no versará entre ‘correísmo’ y ‘anti-correísmo’, aunque ambos bandos apuestan por reeditar el antagonismo del escenario político electoral; es decir, la narrativa de dos polos opuestos. Existe un alto porcentaje, entre el 45% y el 50% del electorado, que aún no encuentra un candidato idóneo. Al menos tres candidaturas tienen la mayor parte de los apoyos, de acuerdo con varios sondeos.

El tándem Guillermo Lasso/Alfredo Borreo, auto-ubicados en el centro-derecha, competirán respaldados por la alianza Creo y el Partido Social Cristiano (PSC). Ésta es la tercera vez que Lasso opta a ser candidato a la Presidencia. En 2017 obtuvo un importante apoyo, pero el dilema central era correísmo/ anti-correísmo. Es decir, un alto porcentaje del electorado no votó por el candidato Lasso o su plan de gobierno, sino por la opción que no representaba al oficialismo. Ahora, varias encuestadoras lo colocan como el de mayores posibilidades, con un 18%-23% aproximadamente. Tras la alianza con el PSC, ha recibido un considerable apoyo por parte del electorado de la región costa.

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El binomio Andrés Arauz/Carlos Rabascall, autodenominados de izquierda y respaldados por el partido Centro Democrático, cuentan con un respaldo de entre el 18% al 22% del electorado. Se debe mencionar que este porcentaje es muy marcado y votarían por la candidatura correísta, indistintamente de quien sea el candidato. Por su parte, el exmandatario Rafael Correa, que no podrá optar a la Vicepresidencia puesto que pesa sobre él la inhabilitación de sus derechos políticos por haber sido condenado por cohecho en el ‘caso sobornos 2012-2016’, ha sabido capitalizar a su favor la supuesta persecución política. De todas formas, asegura que rescatará al país de la compleja situación económica en que se encuentra y donde la credibilidad de Lenín Moreno ha caído al 8%. En cuanto a la candidatura de Arauz, si bien es cierto que tiene experiencia en el sector público, ha sorprendido que se haya elegido a un personaje poco conocido. Esto puede deberse a que varios de los fieles al correísmo están atravesando procesos judiciales y/o se encuentran prófugos, por lo que quedaron descartados.

Yaku Pérez/Virna Cedeño, con ideología de izquierdas y respaldados por Pachakutik, ha despuntado en las encuestas con un apoyo aproximado que llegaría al 20% del electorado. En octubre de 2019, el movimiento indígena tuvo un importante rol en las manifestaciones y concentró la atención hacia una potencial candidatura. En Ecuador existe un alto porcentaje de la población que no se identifica ni con la derecha ni con la izquierda, y que para estas elecciones no votaría ni por Lasso ni por Arauz. Mientras tanto, Yaku Pérez estaría capitalizando el respaldo del electorado de centro y de quienes aún no han definido su voto. Cabe mencionar que en el seno del movimiento indígena han existido algunas disputas con la dirigencia de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).

El resto de candidaturas tendría un porcentaje inferior al 10% y, por tanto, con pocas probabilidades de pasar a una segunda vuelta.

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Cabe recordar que en Ecuador existe un descrédito marcado de los partidos políticos, lo que tiene como consecuencia que un significativo porcentaje del electorado no se haya decantado aún por un binomio o simplemente lo haga cuando tenga en sus manos la papeleta. Este panorama genera un interrogante: ¿qué busca el electorado? Según Pacto Ético, una iniciativa de la Corporación Participación Ciudadana (2020), existen algunas cuestiones que la población tendrá en cuenta a la hora de votar, entre las que destacan las siguientes:

Corrupción y desconfianza en las instituciones.- Después de los escándalos de corrupción en el caso sobornos 2012-2016 y en aquellos descubiertos durante la pandemia, la ciudadanía está realmente preocupada por este asunto. A ello se suma la poca credibilidad de varias instituciones. Por ejemplo, según Cedatos, la aprobación de la Asamblea Nacional es del 4,5%, mientras que la credibilidad de los asambleístas es del 2% (El Mercurio, 2020). La Fiscalía y la Contraloría General del Estado se encuentran investigando varias denuncias por supuestos delitos de enriquecimiento injustificado, concusión, delincuencia organizada y tráfico de influencias por parte de los legisladores.

Pobreza y desempleo.- Los últimos años han sido muy duros económicamente para Ecuador: un alto porcentaje de la población no tiene un empleo adecuado y, como consecuencia de la pandemia, los ingresos familiares han bajado considerablemente y muchas pequeñas y medianas empresas han quebrado. Por ello, los ciudadanos consideran vital la economía y el empleo.

Impunidad y acceso a la Justicia.- El caso sobornos 2012-2016 ha dado esperanzas para que la población vuelva a confiar en la Justicia y se valore su servicio público. No se pueden tapar u olvidar casos de corrupción que han hecho tanto daño al país. Lo que ha revelado el citado caso es que la Ley es para todas y todos, y que no hay nadie por encima de ella, ni siquiera un expresidente.

Violencia e inseguridad.- Es un problema endémico en Ecuador, pero se ha intensificado con la pandemia. La violencia abarca varios ámbitos preocupantes para la población: la cometida contra la mujer en sus diferentes tipos (psicológica, física y sexual) y la ligada a la inseguridad (se contabilizan asesinatos y robos a diario).

Conclusiones

Los partidos políticos en Ecuador están en crisis, lo que genera que muchas personas con excelentes competencias prefieran no involucrarse en ella y que el electorado no se sienta identificado con los partidos o las propuestas. Esta sensación, unida a los problemas de corrupción y a la poca credibilidad institucional, podrían dejar hueco para una candidatura no convencional o para que alguien que se presente como el mesías o redentor político (candidatura anti-sistema).

El electorado debe ser consciente de su voto y acudir a las urnas con responsabilidad y de manera razonada e informada. No podemos tener gobiernos alejados de la ciudadanía, sino que éstos deben responder a las necesidades de la población. Ecuador se encuentra en un punto de inflexión, y la próxima Presidencia marcará un punto de quiebre o continuidad de la situación socioeconómica del país. Por eso, quienes tomen las riendas no deben trabajar por intereses o vendettas personales, sino por mejorar la situación general del país.

De igual forma, de las 16 pre-candidaturas a la Presidencia, 15 están encabezadas por hombres. Esto refleja la desigualdad de género marcada desde los partidos políticos y la ausencia de políticas con este enfoque. Frente a esto, se requiere fortalecer la democracia y la gobernabilidad para la construcción de sociedades más justas e igualitarias. Urge promover la participación y representación política de las mujeres. Los partidos deben formarlas y capacitarlas para que puedan asumir estos liderazgos. Constituimos el 50% de la población y, a pesar de la legislación, aún no hemos logrado una participación efectiva y menos aún una representación paritaria. Sin la participación y representación plena de las mujeres no hay espacio posible para una democracia efectiva, plural e igualitaria (Garzón, 2020).

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