El futuro del trabajo para las mujeres


No. No se está hablando de ello lo suficiente. Y es importante. La digitalización intensiva de nuestras economías va a impactar en mayor medida sobre las mujeres trabajadoras. Por desgracia, ese impacto no va a ser positivo si no nos preparamos adecuadamente.

Se dice que la inteligencia artificial es la nueva electricidad. Sus implicaciones transformadoras serán equivalentes a las que ésa tuvo. Igual de transversales. Afectará prácticamente a todo lo que conocemos. De hecho, existe un gran debate sobre los efectos que tendrá el uso masivo de la tecnología sobre el mercado laboral. Hay opiniones para todos los estados de ánimo, desde el apocalipsis robot hasta el mejor de los mundos. Lo que parece estar claro es que se destruirán y cambiarán gran número de empleos. La cantidad, en realidad, no importa tanto. Y sí, seguro que también se crearán nuevos. Dónde se generarán o qué tipo de puestos de trabajo serán son matices relevantes para garantizar que se ponen en marcha las iniciativas necesarias para que nadie se quede atrás. Está previsto que se sigan creando empleos de poca y de alta cualificación. Esto se llama polarización del mercado laboral y es una situación que hace que la clase media tienda a reducirse, generando sociedades desiguales. Hasta aquí, todo más o menos conocido. ¿Pero sabemos cómo afectará a las mujeres?

Señalaré tres razones por las cuales es urgente incorporar la perspectiva de género cuando hablamos del futuro del trabajo.

1) La automatización está llegando a la oficina. En la primera oleada de robotización combinada con globalización, se comprometió gran parte de los empleos de la industria manufacturera. Los hombres de mediana edad y mono azul sufrieron la desindustrialización. Hubo quienes se reconvirtieron al sector servicios y quienes se quedaron por el camino. Fue una época muy dura para algunos países como Estados Unidos, donde se han hecho famosas las muertes de la desesperación. Si la fábrica ya está automatizada, la siguiente parada es la oficina.

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¿Quién hay en una oficina? Pues en general, mujeres. En España, la segregación horizontal es una realidad y son féminas el 70% de las personas ocupadas en empleos contables, de administración, secretariado o de oficina. Tanto ellas como las cajeras, taquilleras y otras ocupaciones similares serán progresivamente reemplazadas por asistentes virtuales, cajas automáticas, dispositivos de reconocimiento facial asociados a cuentas de pago, chatbots o algoritmos. Según el Fondo Monetario Internacional, a nivel global hay 180 millones de mujeres que corren un alto riesgo de ser desplazadas por máquinas. Habrá que crear alternativas.

2) Cuanto más arriba, más seguro. Las ocupaciones que involucran la dirección de personas y la gestión de equipos están entre las menos sustituibles. Precisamente por la complejidad y la cantidad de variables que entran en juego en su desarrollo, son las que están menos expuestas a la automatización. A menor nivel en la escala jerárquica, mayor posibilidad de sustitución. ¿Quién está en la parte inferior de la pirámide jerárquica? Correcto. Debido a la segregación vertical, esto también afecta principalmente a las mujeres. Según el INE, más del 75% de las ocupadas son empleadas (con jefes y sin subordinados) y sólo un 0,3% son directoras de empresa grande o mediana.

3) El sector tecnológico está masculinizado. En todos los ámbitos. Directivos, empleados e inversores son mayoritariamente hombres. Aun siendo España una excepción (con mujeres a la cabeza de las grandes tecnológicas), el sector a nivel global está liderado por hombres y emplea prácticamente sólo a éstos. Tres de cada cuatro empleados lo son. Las que son parte del sector han tenido que enfrentarse a muchos obstáculos. Y no me refiero sólo al escandaloso 20% de brecha salarial por ser mujer. Recuerdo la historia de una directiva que tenía que cambiarse de edificio para usar el baño porque, debido a la falta de usuarias, el de mujeres se había reconvertido en cuarto de la limpieza. Más allá de lo anecdótico, la tecnología va a condicionar tanto nuestro futuro que es tremendamente negativo para la sociedad que no haya una presencia equilibrada de hombres y mujeres en su construcción.

Si eres emprendedora, prepárate. En Estados Unidos, el 80% de los inversores son hombres. Y en el mercado del ‘venture capital’ o capital riesgo, que mueve más de 85 billones de dólares, las mujeres emprendedoras sólo consiguen un 2%.

Las generaciones que vienen no lo tienen más fácil. A nivel mundial, la matrícula de estudiantes femeninas en tecnologías de la información y las comunicaciones es particularmente baja (3%) Esto supone una enorme pérdida de oportunidades para las mujeres. El mercado tecnológico es el único que crece sin cesar -se espera que el mercado genere el 20% de los nuevos empleos en los próximos cinco años- y, por tanto, es alarmante que la mitad de la población no sea una parte activa en el mismo. Por desgracia, viendo la participación en carreras STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics), no parece que la cosa vaya a dar un vuelco en el medio plazo.

Las habilidades es otro de los grandes focos de atención. En cuanto a las competencias digitales fundamentales, no se aprecian diferencias de género hasta los 55 años. Donde sí existen desde temprano es en el nuevo básico del mundo digital: la programación. Los chicos pre-universitarios van más a clases de código. Lo hacen el 85% de ellos, mientras que sólo el 68% de ellas. Aquí ya empezamos a distanciarnos.

Por último, algo de lo que no se habla tanto: ¿quién digitaliza a las nuevas generaciones? Tan sólo el 20%-25% de los estudiantes en Europa son enseñados por profesores con competencias digitales, y aunque se aprecia un conocimiento digital similar entre ambos sexos, la confianza en el uso de estas habilidades es menor entre las chicas.

La digitalización de nuestras economías tiene un enorme potencial para mejorar la vida de la ciudadanía, la productividad y la desigualdad. La tecnología es el futuro, estará presente en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida y su manejo condicionará nuestra carrera laboral. Las mujeres somos el 52% de la población europea, pero sólo el 17% trabaja en empleos relacionados con la tecnología.

Debemos desbloquear completamente el potencial femenino para impulsar la economía digital. Para ello es necesario que (1) Las mujeres estén presentes en las discusiones académicas y paneles especializados (2) Priorizar el diseño de políticas públicas que apoyen a la mujer en el ámbito digital (3) Combatir los estereotipos de género y los sesgos inconscientes relacionados con la tecnología (4) Fomentar la inversión en startups fundadas por mujeres y tecnología desarrollada para mujeres –femtech– (5) Modificar lo que sea necesario para que ellas participen en mayor medida en las carreras tecnológicas (6) Establecer itinerarios de re-cualificación laboral dirigidos a mujeres para aquellas ocupaciones que vayan a ser automatizadas (7) Incorporar obligatoriamente la neutralidad de género en el desarrollo tecnológico (8) Promover el liderazgo femenino y la visibilidad (9) Eliminar la brecha de género en las compañías tecnológicas (10) Asegurar que todos los análisis del futuro del trabajo, incluidas las necesidades educativas y las demandas de nuevas habilidades, se realicen con perspectiva de género.

Hablemos más de ello si no queremos ser las próximas perdedoras de esta revolución. Nos jugamos mucho.

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