El gran colapso comercial de 2020: lecciones de 2008 y 2009

En 2008, el comercio internacional experimentó un colapso repentino, grave y sincronizado. Se trató del descenso más pronunciado que se había registrado en la historia y de la caída más profunda desde la Gran Depresión. En 2020 habrá un colapso comercial aún mayor, debido a que la conmoción por la Covid-19 es un golpe tanto para la demanda como para la oferta, mientras que en 2008 y 2009 el colapso se derivó, principalmente, de un shock de demanda. Se pueden extraer grandes aprendizajes del último gran colapso comercial, que se resaltan a continuación.

El futuro es incierto, pero también inevitable. Debemos anticiparnos, pero no podemos estar completamente seguros de nuestras predicciones. La complejidad de este dilema nos lleva, justamente, a alejarnos de él. Por educación y temperamento, nos sentimos más cómodos con los datos históricos y los modelos tradicionales. Pero, esta vez, eso no funcionará.

La Covid-19 está cambiando el mundo más rápido de lo que se esperaba y de una forma que muy pocos habían anticipado. El ‘Pandemic Influenza Plan: 2017 Update’ estadounidense cubre todos los asuntos médicos y legales, pero la palabra economía sólo se menciona cinco veces a lo largo de 53 páginas. La ‘National Strategy for pandemic influenza’) de 2005 la menciona en seis ocasiones en 17 páginas, y casi siempre en el contexto de una frase vaga como “impactos sanitarios, sociales y económicos”. La idea de que Estados Unidos podía necesitar dos billones de dólares en una primera respuesta a una pandemia no se había pensado con antelación.

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Este artículo reflexiona sobre el futuro incierto que, a mi juicio, es inevitable: el gran colapso comercial de 2020. Pero cuando nos transportamos mentalmente hacia el futuro, lo mejor es empezar con un breve recorrido por el pasado.

El gran colapso comercial de 2008 y 2009

El gran colapso comercial, que se evidenció entre el cuarto trimestre de 2008 y el cuarto trimestre de 2009, fue ampliamente documentado en un libro electrónico de VoxEU.org, que edité en noviembre de 2009 (Baldwin 2009). Hay tres hechos que sugieren por qué se denominó gran colapso comercial.

Hecho #1: Fue inesperado e intenso.- El comercio internacional se había adentrado en un territorio negativo sólo en tres ocasiones desde la Segunda Guerra Mundial hasta 2008: el shock petrolero de 1974-1975, la recesión para eliminar la inflación en 1982-1983, y la caída de las acciones de las empresas tecnológicas en 2001 y 2002. Por eso, los sucesos de 2008 fueron inesperados. El crecimiento del comercio internacional ha llegado a los números rojos dos veces desde 2009, pero nunca por más de un trimestre (Gráfico 1).

La caída de 2008-2009 fue realmente grande. No fue tan profunda como la de la Gran Depresión, pero sí mucho más pronunciada (Eichengreen y O’Rourke, 2009). Durante la Gran Depresión, tuvieron que pasar 24 meses para que el comercio internacional cayera como lo hizo en sólo nueve desde noviembre de 2008.

Fuente: ‘Baldwin y Tomiura (2020)’, con base en datos en línea de la Organización Mundial del Comercio.

Hecho #2: Fue repentino, sincronizado y generalizado.- A finales de 2008, todos los países que enviaron sus datos a la Organización Mundial del Comercio (OMC) experimentaron un desplome de sus importaciones y exportaciones. El Gráfico 2 se muestra como una cascada: las importaciones y exportaciones cayeron en los 27 miembros de la Unión Europea y en otros 10 países que, en conjunto, representan tres cuartos del comercio internacional. Cada uno de estos flujos disminuyó más del 20% desde el segundo trimestre de 2008 hasta el segundo trimestre de 2009. Muchos se redujeron un 30% o más.

La caída fue generalizada: resultaron afectados desde los sectores alimentario farmacéutico hasta el de las joyas y las armas. El Gráfico 3 muestra que las tasas de crecimiento del comercio internacional fueron positivas en el segundo trimestre de 2008 para la mayoría de los productos. En el primer trimestre de 2009, fueron todas negativas. Se registraron grandes caídas en las categorías de bienes con las cadenas de valor mundiales más importantes de ese momento: maquinaria mecánica y eléctrica, instrumentos de precisión y vehículos. El gráfico, sin embargo, indica que las bajadas en estos sectores no fueron extraordinariamente mayores que en otros. Veremos más adelante que las cosas son muy distintas en 2020.

Hecho #3: Las ‘commodities’ fueron los más afectadas.- Este sector de los productos básicos se vio afectado doblemente, en vista de que los precios y los volúmenes cayeron de manera simultánea. Empezando por el fin del super-ciclo de las commodities, el valor del comercio de minerales y petróleo cayó más rápido que el total, porque los precios bajaron junto a los volúmenes (Gráfico 4). El precio de las manufacturas, por el contrario, se mantuvo estable en este periodo, incluso cuando los volúmenes se desplomaron.

Un elemento clave del gran colapso comercial fue el shock sincronizado de las expectativas. Los psicólogos nos dicen que la gente muestra una gran aversión al riesgo cuando se siente atrapada por el miedo a lo desconocido. Ese temor fue característico de la caída de 2008. Y el golpe fue contundente.

Cómo la crisis ‘subprime’ se convirtió en una crisis global

La crisis subprime surgió en agosto de 2007. Durante 13 meses, fue vista como una crisis financiera que afectaba a esos países del Atlántico Norte que no habían manejado correctamente sus regulaciones. Pero después vino el golpe: hizo metástasis, y el 15 de septiembre de 2008 se convirtió en una crisis global. El mundo financiero se quedó atónito. Los demás estábamos desconcertados.

Cuando el Tesoro de Estados Unidos dejó que Lehman Brothers se hundiera, todo se fue a pique. Debido al entrelazamiento de los riesgos de contraparte, algunas instituciones financieras quebraron de la noche a la mañana. Pero nadie sabía realmente cuáles eran esas instituciones. Para quedarse a salvo, todos dejaron de prestar dinero. Los mercados crediticios se congelaron, pero los pasivos no. Por eso, lo que empezó en algunas instituciones se convirtió en algo generalizado.

Ése fue apenas uno de la media docena de eventos insólitos que sucedieron en otoño de 2008. Ésta es mi lista favorita de acontecimientos. Todos los grandes bancos de inversión desaparecieron. La Reserva Federal de Estados Unidos le prestó 85.000 millones de dólares a una empresa de seguros (AIG) y tuvo que pedir dinero al Tesoro para cubrir esa cantidad. Un fondo del mercado monetario de Estados Unidos perdió tanto que no pudo reponer el capital a sus depositantes. Henry Paulson, secretario del Tesoro, pidió al Congreso de Estados Unidos un paquete de rescate por 750.000 millones de dólares, basándose en una propuesta de tres páginas sobre la que no fue capaz de responder a preguntas directas; el Congreso se negó, al menos al principio. Muchos bancos europeos, que eran demasiado grandes como para quebrar, se convirtieron en demasiado grandes para prestarles auxilio. Entonces, se les permitió que sus bienes crecieran en múltiplos del PIB de sus países. En un intento de rescatar a sus bancos, países como Irlanda e Islandia se arruinaron.

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Si alguna vez hubo un momento de expectación, ése fue justamente en otoño de 2008. Todo el mundo fue testigo del comportamiento inestable e incomprensible del Gobierno de Estados Unidos. Surgió una gran sensación de inseguridad y ansiedad. Nada de esto es bueno para la actividad económica, especialmente para el comercio. Dos tercios de su actividad se compone de productos manufacturados, cuyas compras pueden posponerse.

Causas del gran colapso comercial de 2008-2009

El colapso se generó, en mayor medida, por un fuerte shock de demanda que, a su vez, se originó por la actitud a la expectativa. Al principio, la oferta de la mayoría de los países quedó indemne. Ésa es una gran diferencia con la crisis actual, y por eso vale la pena analizar los detalles.

La crisis global empezó como un paro cardíaco financiero. La oferta se vio afectada, pero de una forma bastante limitada. Eso ocurrió de dos maneras.

  • Sólo el sector financiero recibió el golpe (al menos, al comienzo).
    La caída de Lehman causó un infarto económico y eso, a su vez, produjo un daño enorme en la economía real. Así lo explicó Ricardo Caballero, profesor del MIT, en su famoso artículo del 17 de noviembre de 2009, publicado en VoxEU: “Un paro cardíaco súbito (PCS) es una condición que detiene el latido del corazón de manera repentina e inesperada. Cuando esto ocurre, la sangre deja de fluir al cerebro y a otros órganos vitales. Por lo general, el PCS produce la muerte si no se trata inmediatamente”. Caballero consideró que la crisis financiera global había sido un paro financiero súbito (PFS).
  • Los aspectos financieros de la crisis global se concentraron en un ámbito geográfico limitado. En ese momento, los sectores financieros de la mayoría de los países no eran lo suficientemente sofisticados como para establecer la banca en la sombra, para involucrarse en jugadas de alto riesgo o para emitir hipotecas a inversores ninja (en Estados Unidos, ninja significa “sin ingresos, sin trabajo y sin bienes”). Todo eso fue competencia exclusiva de innovadores financieros en las economías más avanzadas.

Durante los primeros meses, se pensó que la crisis era financiera y que se limitaba a las economías del G-7. Si usamos una analogía militar, podríamos decir que, al principio, la crisis fue una mina terrestre sobre la que habían pisado, trágicamente, las economías de Estados Unidos y Europa. Como los mercados financieros de ambos también habían sembrado esta mina, Brasil, India, China, Sudáfrica y otros países emergentes estaban desconcertados y pensaron que les afectaría de una manera indirecta. Pero, más tarde, la crisis se propagó a la velocidad del miedo: empresas y clientes abandonaron los planes de inversión y gasto. La crisis de la mina se convirtió en una crisis de bombas de racimo: se empezaron a lanzar proyectiles de recesión en todas las direcciones. Las bombas diezmaron, de manera simultánea, todos los flujos comerciales del mundo.

El gran colapso comercial de 2020

En la actual crisis por la Covid-19, tenemos todos los elementos del ‘shock’ de demanda de 2008 y 2009, pero, principalmente, tenemos ‘shocks’ del lado de la oferta en la mayoría de los sectores de las grandes economías. Si contamos a Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia, podemos decir que las economías afectadas representan 60% de la demanda y la oferta mundial (PIB), 65% de la manufactura mundial y 41% de las exportaciones de manufacturas.

El colapso comercial de 2020 será enorme, repentino, sincronizado y generalizado. Pero no será inesperado. El mundo está experimentando un golpe fuerte, que es muy difícil de entender y que ha producido temor en los consumidores y ha dejado a la expectativa a los inversores. Pero no es exactamente igual que en 2009. La Reina no preguntará: “¿Por qué nadie lo vio venir?”. Y eso es así porque en los análisis de los escenarios de la pandemia ya se habían hecho estas previsiones; el problema es que la magnitud, la rapidez y la naturaleza de la pandemia sorprendió a la mayoría de los actores económicos. El problema es que ya se acaba el tiempo.

La crisis también viene acompañada de un gran shock de oferta. Este golpe no está limitado a un sector ni a una zona geográfica. El virus (o, mejor dicho, las políticas gubernamentales para hacer frente a la Covid-19) está impidiendo a los empleados acudir a sus puestos de trabajo, y está alejando a la gente del consumo de una forma directa, repentina y sincronizada. La producción en casi todos los sectores se ha detenido o se ha restringido de una forma importante. Es cierto que la manufactura en China está empezando a mejorar, pero reducir las presiones sobre la oferta se contrapone con el shock del lado de la demanda.

Además de todo esto (aunque quizás no sea una coincidencia), los precios del petróleo se han desplomado: Arabia Saudí ha decidido, justo ahora, intentar apartar a los productores estadounidenses de petróleo y gas de esquisto (compañías de fracking), al bajar los precios más allá de los límites que pueden soportar los recién llegados. Un abaratamiento, junto a una bajada predecible de la demanda, puede llevar a que los productores estadounidenses de esquisto se tambaleen en unos pocos meses. Si bien la historia detrás de la caída de los precios del petróleo es única, los precios de los productos básicos se están flexibilizando durante la crisis de la Covid-19, como siempre ocurre en momentos de recesión. Eso sin contar con algunos cultivos de alimentos, que muchas personas y países están almacenando/ acaparando (Terazono, 2020).

El contagio en la cadena de suministros no intensificó la catástrofe comercial de 2008-2009, porque el shock de demanda en ese momento estaba sincronizado en todo el mundo. Los productores se detuvieron al mismo tiempo. En esta ocasión, el hecho de que la pandemia haya golpeado la fábrica de Asia, luego la fábrica de Europa y, más tarde, la fábrica de América del Norte está conformando causas distintas del colapso (Baldwin, 2020). Los sectores manufactureros en los países menos afectados están encontrando dificultades y/o más costes para adquirir los insumos importados que provienen de esos países golpeados por la crisis y, en consecuencia, de todos los demás. Como se muestra en el Gráfico 5, que representa a los tres centros mundiales de manufactura (China, Alemania y Estados Unidos), la interdependencia de la cadena de suministros se ha incrementado sustancialmente en Alemania, pero mucho menos en Estados Unidos y especialmente en China.

La creciente dependencia ha aumentado la interdependencia. Como señalé en mi artículo más reciente, publicado en Vox, las manufacturas de todo el mundo dependen de los insumos chinos, pero las manufacturas de China dependen de los insumos de Estados Unidos y Alemania. Esto sugiere que el gran colapso comercial de 2020 podría tener comportamientos ondulatorios, muy parecidos a los patrones de la propia pandemia, como han explicado algunos epidemiólogos. Mientras China se prepara para dejar atrás la primera ola de la pandemia, el aumento de los casos en otros gigantes manufactureros como Alemania y Estados Unidos probablemente genere un contagio inverso en la cadena de suministros. Algo así como el equivalente a la reinfección en el sector industrial.

Conclusiones

¿Cuáles son las lecciones del gran colapso comercial? Todos los países experimentarán una bajada en sus exportaciones e importaciones, como ocurrió en 2009. La caída del valor del dólar afectará a la mayoría de los sectores de forma simultánea, pero probablemente causará más impacto en los productos básicos que en los bienes manufacturados, debido a que los precios y las cantidades disminuirán. En vista de que las disminuciones en los niveles de importaciones y exportaciones reducirán su diferencia, las balanzas comerciales se inclinarán hacia cero (Baldwin y Taglioni, 2009).

La crisis comercial, con su efecto dominó, producirá probablemente otras crisis en los mercados emergentes. Es posible que la evaporación de las ganancias por las exportaciones en dólares desencadene una crisis de deuda soberana en las economías emergentes más vulnerables. Eso, a su vez, podrá ser un problema para los líderes que les concedieron préstamos. Por último, los instintos proteccionistas pueden ganar terreno, como consecuencia de la inminente desintegración del crecimiento comercial en el mundo.

Una gran diferencia entre ambos colapsos la podemos encontrar en la falta de liderazgo. En 2009, líderes como Gordon Brown, Barack Obama, Angela Merkel, Manmohan Singh y otros celebraron la primera Cumbre del G-20 (un grupo formado después de la crisis asiática financiera de 1999, para impulsar las reuniones entre ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales). Los líderes nacionales acordaron que había que evitar el proteccionismo para que la primera Gran Recesión no se convirtiera en una segunda Gran Depresión. En la actualidad, Estados Unidos (liderado por un Gobierno irresponsable y sin conocimientos, con una aversión a la cooperación multilateral y una guerra en marcha contra el comercio internacional) no conformará el comité para salvar al mundo. Los líderes mundiales deberán crearlo con un integrante menos para garantizar que el inminente colapso comercial de 2020 no se transforme en una crisis multiplicadora, que llevaría a que la caída económica sea mayor que la crisis médica.

(Este análisis se publicó originalmente en VOX CEPR Policy Portal)

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