El ‘Green New Deal Global’ o la narrativa de la transición ecológica

Jeremy Rikfin es una rara avis en el mercado de las ideas. Con dos decenas de libros a sus espaldas, que se cuentan como bestsellers, sus campos de estudio han abarcado desde la biotecnología, la sociedad digital, el medio ambiente o el futuro de la Unión Europea. No cuenta con pedigrí académico alguno: sus actividades académicas se circunscriben a las clases que ofrece en calidad de profesor asociado (lecturer) en la escuela de negocios de Warton. La mayoría de sus detractores lo considera un charlatán que escribe libros abusando del cherry picking y extrapolando tendencias generales de evidencia basada en casos concretos. Sus trabajos de consultoría, que publicita abiertamente en sus libros, apenas reúnen una docena de casos acreditados. Pero cuando sus libros salen, se venden por millones y sus conferencias están siempre a reventar.

Conviene no equivocarse con él: ante todo, Rifkin es un activista, un comunicador y un divulgador, que en muchos casos sacrifica el rigor para construir poderosas narrativas sobre la transición ecológica, los impactos de la digitalización en la sociedad o los cambios económicos. Y esta habilidad, combinada con su sentido de la oportunidad (o con su oportunismo, según sus detractores) lo convierten en una verdadera estrella del mundo de las ideas, un auténtico influencer avant la lettre.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Su último libro, El Green New Deal Global, es su última aportación a este debate. No es la primera vez de Rifkin se acerca al mundo de la transición energética y ecológica. Es conocido en Estados Unidos por su vocación ambientalista y su apoyo a los movimientos ecologistas. De alguna manera, el libro es continuación de su obra La Tercera Revolución Industrial, en la que abogaba por una transición económica basada en las energías renovables distribuidas y el poder de las redes descentralizadas. Y, sin embargo, éste es un libro cuya lectura sitúa el debate sobre la transición energética exactamente donde se debe colocar.

Porque mientras otros libros sobre el paso a las energías renovables se centran en los aspectos institucionales, en la modificación de las pautas de consumo o en los avances técnicos, Rifkin pone el dedo en la llaga de esta transición: las infraestructuras. Green New Deal es, sobre todo, un libro sobre la ingente cantidad de activos obsoletos que han soportado la economía basada en combustibles fósiles, desde los vehículos hasta las centrales energéticas o las redes de distribución y comunicación de esta energía, y que él propone lógicamente sustituir por la base de una nueva revolución industrial, las infraestructuras necesarias para una base energética centrada en las energías renovables distribuidas y en el internet de las cosas.

El reto no es menor, pues se trata de cantidades de dinero absolutamente desorbitadas, que deben ser invertidas en un plazo muy intensivo si se quiere lograr la transformación de nuestra economía en un modelo sostenible y neutro en carbono. Éste es el argumento central del libro: necesitamos una inversión masiva en la renovación de las infraestructuras en materia de generación, distribución y almacenamiento de las fuentes de energía renovables, al tiempo que amortizamos aceleradamente las correspondientes a la segunda revolución industrial.

Es de agradecer esta visión de los retos energéticos que tenemos por delante: sin las infraestructuras necesarias, no es posible el cambio de modelo, y esas infraestructuras están todavía por construir, en un momento en el que el Green New Deal está buscando apoyos en Estados Unidos y en la Unión Europea. Para Rifkin, el tiempo apremia: menos de una década nos separa del colapso de la civilización basada en los combustibles fósiles, y ha llegado el momento de actuar con celeridad.

Tras lanzar este mensaje tan movilizador y lleno de sentido de la urgencia, Rifkin flaquea: en un libro pensado específicamente para el caso norteamericano (la versión original se titula Green New Deal, que los editores en España han complementado astutamente con la palabra global), la narrativa de la renovación de las infraestructuras tiene un sentido que conecta con los planteamientos de Larry Summers, su renovación de infraestructuras norteamericanas y su fórmula de lucha contra el estancamiento secular.

Pero para la Unión Europea, el punto de las infraestructuras obsoletas tiene menos peso. De hecho, Rifkin no deja de poner el impulso político de la Unión Europea como ejemplo a seguir en Estados Unidos, lo cual puede motivar a los norteamericanos, pero que a sus lectores europeos nos deja fríos. La UE no es ejemplo de aceleración en la transición ecológica, por mucho que sus ambiciosos planes se aprueben periódicamente en el Consejo de la Unión Europea.

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No es nuevo en el caso del autor. En El Sueño Europeo, Rifkin realizaba una hagiografía de la Unión Europea que se vino completamente abajo pocos años después con la llegada de la crisis del euro. Usar a Europa como ejemplo a seguir por Estados Unidos puede ser movilizador allí, pero visto desde nuestra propia realidad, tiende a exagerar nuestros logros y a obviar nuestras dificultades.

Nada de esto importa a Rifkin porque, como buen activista de su causa, su objetivo no es el rigor ni el conocimiento, sino generar una narrativa política, un relato que permita construir proyectos concretos. Hablar de relato suele irritar a los científicos sociales, que prefieren los datos, los hechos y la evidencia científicamente recolectada. Pero, en política, con eso no se llega. Necesitamos narrativas, o ‘storytelling’, como dirían los profesionales de la comunicación.

La historia nos ha demostrado de las narrativas bien construidas son capaces de fijar la agenda política, como bien acaba de mostrar el premio Nobel Robert Shiller con Narrative economics. La economía de oferta que reinó en Estados Unidos en los 80 y que es la base de eso tan etéreo que hemos llamado ‘neoliberalismo’ no tiene hoy en día ningún sustento científico acreditado; pero ahí la tenemos, conformando nuestra manera de entender la política económica. Quien subestime el poder de las narrativas para configurar la agenda pública se equivoca de plano.

Rifkin lo sabe bien, y con Green New Deal ha ofrecido su contribución para esta batalla en el mercado de las ideas. Es sólo relato, pero es un relato extraordinariamente bien trabado, completo y convincente, y, por lo tanto, muy recomendable para los que buscan conocer algo más de lo que está en juego realmente en la transición hacia una economía baja en carbono.

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