El impacto del teletrabajo para las mujeres en el sector público

Las administraciones públicas no son ajenas al debate sobre la implantación del teletrabajo. En el caso de la Administración General del Estado (AGE), su Plan de Transformación Digital establece la necesidad de implantar el puesto de trabajo digital, pero hasta la fecha son todavía pocos los organismos que lo han llevado a cabo.

No obstante, con motivo de la crisis de la Covid-19, las administraciones y los empleados y empleadas públicas se han adaptado en un tiempo récord y han empezado a trabajar desde casa, permitiendo probar y analizar las condiciones reales del teletrabajo.

En estas circunstancias, la Asociación de Mujeres en el Sector Público, que tiene entre sus objetivos promover un cambio en la cultura organizativa que permita la igualdad real para las mujeres en las administraciones públicas, decidió lanzar una encuesta.

Se trataba de ver cómo afecta el género y las situaciones personales a diferentes aspectos del teletrabajo, y aportar datos al debate sobre sus consecuencias para la carrera profesional de las mujeres: si pesan más los elementos positivos al permitir la conciliación o si, por el contrario, aumenta las cargas de las mujeres además de apartarlas de la toma de decisiones.

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La encuesta, que se ha realizado en línea, ha recogido 1.134 respuestas, con una mayor proporción de mujeres (89,8%), lo que ya indica una mayor preocupación por el tema. Esta sobre-representación se da en las tres posibles categorías de estructura del hogar que se incluían (familias en las que conviven los dos progenitores con sus hijos/as, personas que conviven sólo con sus hijos/as, o personas sin hijos/as, tanto solas como en pareja). En el caso de la segunda categoría, la proporción de mujeres llega al 96%, por lo que se hablará de ellas como familias monomarentales.

Más de la mitad de personas encuestadas son del Grupo A1 o asimilado (funcionarios con funciones directivas, de control, estudio e inspección), llegando al 60% de A1 en el caso de los hombres. Aunque se partía de una situación previa en la que el teletrabajo estaba poco extendido, es de hecho la pertenencia a este grupo profesional el factor que más favorecía el acceso al mismo.

La valoración de la experiencia es, en general, positiva, y a la mayoría de las personas encuestadas les gustaría seguir teletrabajando en el futuro, con un 48% bastante o muy de acuerdo.

Esto no implica que las personas encuestadas se encuentren en una situación de igualdad para poder teletrabajar, ya que diferentes aspectos se ven influidos por las diferentes situaciones familiares; y para las personas con hijos, a su vez por género.

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Sin embargo, las diferencias por género en el caso de personas sin hijos son menores.

Si nos fijamos en los efectos que ha tenido en el hogar, hombres y mujeres tienen una percepción desigual sobre el reparto de las cargas. El 46,7% manifiesta que los dos miembros se están ocupando por igual de las tareas domésticas, porcentaje que sube al 57% cuando contestan los hombres (aunque, en este sentido, es preciso matizar que no se preguntaba por el género de la pareja). En cambio el 44,7% de las mujeres manifiesta que se están ocupando sobre todo ellas; y el 34,6% de las que tienen hijos, que se ocupan mayoritariamente de ayudarles con el teleaprendizaje.

Estas afirmaciones se ven confirmadas por el número de horas dedicadas: las mujeres tienen más carga tanto en las tareas domésticas como, en caso de tener hijos, con el tiempo que dedican a ayudarles.

Gráfico 1.- Horas destinadas a las tareas domésticas por sexo

En el caso de las tareas domésticas, tiene aún más impacto el hecho de no tener hijos, viéndose reducida la carga horaria: el 65% dedica menos de dos horas.

En las familias monomarentales también ocurre esto, lo que se explica porque es una sola persona la que debe ocuparse de todas las tareas. El 41% destina menos de dos horas a las tareas domésticas, y el 61,2% menos de dos horas a la ayuda a los hijos.

Es mayor el porcentaje de mujeres que considera que la carga mental ha recaído mayoritariamente sobre ellas (el 61% de mujeres, frente al 41,5% de hombres encuestados).

Gráfico 2.- Tiempo dedicado a la ayuda de los hijos, por sexo

En las familias monomarentales, se manifiesta un incremento importante de la carga mental, con un 36% que declara que ha aumentado bastante o mucho.

En todo caso, para la mayoría de las personas encuestadas las tareas domésticas no suponen una distracción a la hora de realizar su trabajo (el 88%, que sube al 91% en el caso de las personas sin hijos).

En cuanto a las posibles renuncias realizadas para poder llegar a todo, las horas de trabajo no se han visto afectadas, llegando al 52,1% el total de personas que no está nada de acuerdo con haber renunciado a ellas. El porcentaje es mayor entre las personas sin hijos.

En el caso de las horas de sueño, es significativo el porcentaje de mujeres con hijos que sí está bastante o muy de acuerdo con que han tenido que renunciar: el 28,9% de las mujeres que conviven con el otro progenitor, el 30,6% en las monomarentales.

Gráfico 3.- Renuncia a horas de sueño en personas que conviven con pareja e hijos/as, por sexo

En cuanto a los efectos sobre el trabajo, también se observan diferencias en función de las situaciones familiares, penalizando sobre todo a las mujeres: las personas sin hijos tienen más facilidad de organización con el teletrabajo y menos problemas de concentración. Para las que tienen descesdencia, les resulta más difícil a ellas cuando conviven también con el otro progenitor.

Gráfico 4.- Mejoría en la capacidad de organización en el teletrabajo, por situaciones familiares

Gráfico 5.- Dificultades en la concentración en el trabajo, por situaciones familiares

Respecto a las eventuales dificultades por tener que compartir los recursos tecnológicos por otras personas de la familia, no es un problema que se esté produciendo en la mayoría de los hogares; con una notable excepción, que es el de las mujeres con hijos. Mientras que la media que está muy de acuerdo con que debe compartir los recursos se sitúa en un 17,4%, en el caso de las familias monomarentales llega al 30,9%, y en las mujeres que conviven con sus hijos/as y pareja al 22,4%.

Hay también diferencia por género en la perspectiva sobre los efectos sobre el trabajo propio, considerándolo los hombres positivo en mayor medida (el 38% de ellos, bastante o muy de acuerdo, frente al 34,3% de mujeres).

En cuanto a la valoración sobre los efectos, las personas encuestadas no consideran que los tenga negativos para la conciliación/corresponsabilidad, aunque en menor medida entre las mujeres.

Gráfico 6.- Valoración sobre efectos negativos en la conciliación/corresponsabilidad, por sexo

La mayoría considera que la implantación del teletrabajo beneficiaría por igual a hombres y mujeres (53%). Se produce una excepción en el caso de las familias monomarentales, donde el 50,6% no está nada de acuerdo con esta afirmación.

Aunque, como se señalaba al principio, la valoración general de la experiencia es favorable y la mayoría quiere que perdure en el tiempo, hombres y mujeres tienen diferente perspectiva sobre los efectos positivos sobre su propio trabajo y sobre su situación personal, siendo más optimistas los hombres; probablemente por haber asumido menos externalidades negativas.

Esto concuerda también con que haya también un mayor porcentaje de varones que quiera seguir teletrabajando cuando finalice esta crisis (el 59%, frente al 47,3% de mujeres, está bastante y muy de acuerdo). Lo mismo ocurre entre las personas sin hijos (51,15%).

Sería, por tanto, necesario reflexionar sobre cómo incorporar esta modalidad de trabajo a las administraciones públicas, pero de manera que contribuya a la igualdad real entre hombres y mujeres y sea, a la vez, beneficioso para la contribución de los objetivos de las organizaciones.

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