El liderazgo de la UE en la acción climática

El secretario general de las Naciones Unidas pidió a los países que acudieran a la Cumbre del Clima celebrada esta semana con planes concretos y no con discursos. La Unión Europea, cuyas emisiones de CO2 representan en la actualidad en torno al 9% del total mundial, ha llevado un ambicioso paquete de la mano de su presidente, Donald Tusk, y de los jefes de gobierno de muchos estados miembros, como Emmanuel Macron o Pedro Sánchez.

En primer lugar, no se puede soslayar que la UE ha logrado su objetivo de reducción de emisiones de gases de ‘efecto invernadero’ (GEI) para 2020. Antes de la firma del Acuerdo de París, se comprometió a recortar esas emisiones un 40% para 2030 (respecto a las de 1990). A través de la Unión de la Energía (concretamente, su Reglamento de Gobernanza), los estados miembros están a punto de finalizar sus planes nacionales integrados de energía y clima cuyas medidas, en conjunto, pueden permitir que las emisiones se reduzcan en un 45% cuando se apliquen plenamente. Asimismo, la mayoría de los estados miembros ha suscrito el objetivo de la neutralidad climática para 2050, algo a lo que se han comprometido 77 países (la mayoría, industrializados), junto con 10 regiones y 100 ciudades durante la Cumbre del Clima.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Ahora, la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a través del pacto verde europeo que debe presentar Frans Timmermans, el vicepresidente ejecutivo, en los primeros 100 días de su mandato, se propone ir más allá en el objetivo de reducción de 2030, hasta como mínimo un 50%. Asimismo, también deberá presentar una propuesta de ley europea contra el cambio climático para introducir en la legislación europea el objetivo de neutralidad climática para 2050. Como parte de ese pacto, también se deberá asegurar de que las políticas fiscales hacen posible alcanzar la ambición climática, para lo que se tendrá que revisar la Directiva sobre la Imposición a la Energía y trabajar para establecer un arancel al carbono.

En su discurso an la Cumbre del Clima, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, recordó que se pretende que al menos una cuarta parte del próximo Presupuesto de la UE a largo plazo se dedicará a actividades relacionadas con el clima; concretamente, a la adaptación al cambio climático, incluyendo el presupuesto para la cooperación internacional y al desarrollo. Por ejemplo, las contribuciones de la UE y de sus estados miembros, que aportan más del 40% de la financiación pública mundial para el clima, se han más que doblado desde 2013, superando los 20.000 millones de euros anuales. Asimismo, la presidenta de la Comisión se propone convertir algunas áreas del Banco Europeo de Inversiones en un banco para el clima, facilitando un billón de euros para invertir en la próxima década en este campo.

Todas estas medidas son muy ambiciosas, pero no todos los estados miembros parecen estar de acuerdo con ellas. En el Consejo de la UE de Transporte, Telecomunicaciones y Energía, celebrado el 24 de septiembre, Polonia advirtió de que no puede subir su compromiso para 2030. Este país, junto con Hungría y la República Checa, han bloqueado hasta ahora el objetivo de neutralidad climática para 2050. Veamos si se produce algún cambio por parte de Hungría tras su anuncio en la Cumbre del Clima de cerrar el carbón en 2030.

Pero, además, Von der Leyen se propone asegurar el cumplimiento de estos objetivos, pues le ha pedido a Timmermans que se concentre en monitorizar la aplicación, cumplimiento y ejecución de la legislación sobre clima, energía, medio ambiente y otras políticas relevantes. Esto incluye asegurarse de que se aplican correctamente instrumentos como las directivas sobre el Comercio de Emisiones y sobre el Reparto de Esfuerzo y el Reglamento sobre uso del suelo, cambio de uso del suelo y silvicultura.

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Este elemento del programa de la presidenta es fundamental. Se pueden presentar muchos planes, pero si no se cumplen seguiremos avanzando hacia la crisis climática y ecológica sin poder dar marcha atrás. El sistema de gobernanza de la Unión Europea cuenta con ciertos mecanismos dirigidos a asegurar el cumplimiento de las medidas adoptadas por ella, aunque padece aún de algunas debilidades en este sentido, por lo que debe fortalecerse. Sin embargo, las Naciones Unidas, donde los miembros de la comunidad internacional acaban de presentar medidas de gran calado para hacer frente al cambio climático, carecen de un sistema robusto para garantizar el cumplimiento de las medidas presentadas.

Desde la publicación del primer informe del Panel de Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y la posterior firma del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Río, se tenía información y un marco para adoptar medidas que evitaran la situación de emergencia climática actual. Sin embargo, la comunidad internacional y gran parte de la ciudadanía han tardado mucho en reaccionar. Esperemos que permee el liderazgo que ha caracterizado a la Unión Europea en la lucha contra el cambio climático y que la ambición de los estados y la ciudadanía de este planeta sea tal que evite la catástrofe de la que nos vienen advirtiendo los científicos hace ya tres décadas. Como apuntaba Macron en su discurso en la apertura de la 74ª Asamblea General de las Naciones Unidas, ya no es tiempo de denuncia; debemos actuar.

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