El (mayor) esfuerzo fiscal de los inmigrantes

Con la aparición de Vox en el panorama político español, ha vuelto a aparecer en la mesa el eterno debate sobre el impacto de la inmigración en las cuentas públicas. Como todos sabemos, la formación que lidera Santiago Abascal defiende que este saldo es claramente negativo, lo que constituye otra razón más que, según ellos, obliga a poner en marcha una política de inmigración mucho más restrictiva.

Sobre esta cuestión, sin embargo, ya hay trabajos que han tratado de evaluar realmente el coste neto de la inmigración, como es el caso de éste de la OCDE, en el que se intenta dar respuesta a esta pregunta para el conjunto de países que forman la organización. Sin embargo, este trabajo publicado en 2013 se refiere a los últimos años de la época de bonanza económica previos a la crisis y los primeros de recesión, por lo que sus conclusiones para España podrían ser hoy diferentes. Y por ello es necesario revisar algunos datos.

El principal argumento que emplean aquellos que defienden que el saldo fiscal de los inmigrantes es negativo es que éstos apenas pagan impuestos, ya sea porque muchos de ellos no están trabajando o porque quienes lo hacen están en la economía sumergida o simplemente porque cobran salarios muy bajos, por lo que o no tienen obligación de contribuir (no llegan al mínimo) o, si lo hacen, es por una cantidad irrisoria. La cuestión que debemos plantearnos es si este argumento tiene visos de realidad o es, simplemente, demagogia aplicada a un discurso político interesado.

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Para comprobar si esto es cierto, y con ello empezar a arrojar alguna luz sobre la cuestión de fondo, he aquí varios gráficos a partir de los micro-datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2017. Concretamente, he calculado el tipo efectivo de IRPF y cotizaciones sociales (incluidas las derivadas de los subsidios de desempleo) que pagaron los hogares por deciles de renta como porcentaje de su renta bruta en 2016 (datos del año previo). Para ello, he deducido de los impuestos pagados en 2016 la cuota diferencial del IRPF de 2015 que fue abonada a los hogares al año siguiente y que, inicialmente, se incluye en la ECV para evitar valores negativos. Además, he excluido del análisis los hogares que presentaban rentas brutas negativas (principalmente, autónomos) por la misma razón. La inclusión de estos últimos no altera el análisis ni las conclusiones de este artículo.

Con estas modificaciones obtengo un resultado que es el que se observa en la siguiente figura. Como ejemplo para interpretar el gráfico, decir que las personas mayores de 16 años nacidas en España que formaban parte del 10% que menos gana (decil 1) vivían en hogares que pagaron en IRPF y cotizaciones sociales, de media, un 8,7% de la renta bruta de su hogar. Los mayores de 16 nacidos fuera de España (pero en la UE-28) que se situaban en el decil 5 de renta pagaron un 13,5% de media, mientras que los nacidos fuera de España y de la UE 28 que se situaban en el 10% que más ganan (decil 10) presentaron un tipo efectivo, en media, del 19,4%.

Como se puede observar, los mayores de 16 años nacidos en la UE o en el resto del mundo soportan un tipo efectivo mayor que los nacidos en España incluso estando en el mismo decil de renta; es decir, ingresando una cantidad similar, pagan más impuestos directos. Esto es una constante para los cinco primeros deciles de renta, en los cuales los nacidos en el extranjero pagan más que los nacidos en España. De hecho, los inmigrantes que nacieron fuera de la UE-28 son los que soportan un tipo mayor en la parte inferior de la distribución. Esta evidencia se diluye en la parte superior (deciles 6-10): en los deciles 6, 7 y 8, los nacidos fuera de la UE fueron el grupo que más pagó,  mientras que en el 9 y el 10 lo fueron los inmigrantes nacidos en la UE 28. En todos ellos, salvo el 7, los nacidos en España ocupaban la segunda posición.

Una posible duda que puede surgir cuando se trata de analizar estos resultados es el hecho de que en estas cifras están incluidas las cotizaciones sociales derivadas de las prestaciones por desempleo. Por desgracia, no es posible desagregar tales cifras sin hacer uso de un complicado proceso de estimación. La ECV ofrece ambos impuestos en una sola cifra, por lo que no es posible conocer cada uno por separado.

Sin embargo, es poco razonable considerar como una hipótesis factible que la inclusión de estas cotizaciones expliquen la diferencia en el tipo efectivo por deciles y por origen del encuestado. Si éste fuera el caso, es decir, que la diferencia se explicara por estas cotizaciones, veríamos las mayores diferencias en el decil 1 (donde hay más desempleados), cuando se observan en tipo efectivo entre los deciles 1 a 5, manteniéndose incluso entre los superiores, como son singularmente el 7 o el 8.

¿Cómo es posible que, estando en un mismo nivel de rentas, los extranjeros no UE paguen más que el resto de los colectivos? Una de las posibles explicaciones puede ser el desconocimiento del sistema fiscal español, que hace que los inmigrantes tengan menos capacidad de optimizar su factura. Esto los llevaría a no aprovechar en su totalidad las bonificaciones o descuentos. Otra posibilidad es el menor acceso a la vivienda en propiedad, lo que les hubiera permitido acceder a las bonificaciones fiscales que ésta les ofrece. También, obviamente, pueden existir multitud de razones que merecerían un estudio y análisis en mayor profundidad.

Un segundo ejercicio interesante sería calcular el tipo medio por lugar de nacimiento. En este caso, se obtiene que para los mayores de 16 años nacidos en España éste se eleva al 12,9% sobre la renta bruta de sus hogares, mientras que para los originarios de la UE-28 es un 12,2% y para los nacidos fuera de los Veintiocho es un 11,6%.

Esta diferencia entre un ejercicio y otro se explica por cómo se reparte cada colectivo en la distribución de la renta. Es decir, dado que la mayoría de los nacidos en el extranjero se ubica en los deciles 1-5, su tipo medio es menor que el del resto de los colectivos, aunque éste sea superior en la mayor parte de la distribución de rentas. En este caso, el efecto composición reduce la media aunque, a igualdad de rentas, los extranjeros tengan un tipo efectivo superior.

Es necesario más trabajo para seguir arrojando luz sobre esta cuestión y enriqueciendo el debate, pero una cosa parece estar clara: quien afirme que los inmigrantes no aportan a las arcas públicas (o que lo hacen mucho menos que los nacidos en España) está equivocado. Como parece observarse por estos resultados iniciales, los nacidos en el extranjero aportan en impuestos directos un porcentaje muy similar de su renta bruta respecto a los nacidos en España pese a que su renta media es mucho menor, lo que les lleva a situarse en los deciles inferiores de la distribución de la renta.

Tratar de menospreciar el esfuerzo fiscal de los inmigrantes no sólo no se ajusta a la realidad (puesto que soportan un tipo efectivo similar), sino que pasa por alto que, precisamente para pagar lo mismo, los hogares compuestos por inmigrantes deben hacer un mayor esfuerzo que los formados por nacidos en España, o lo que es lo mismo, deben pagar más que estos últimos pese a ganar cantidades similares. Con todo ello, el argumento de que los inmigrantes vienen a nuestro país para vivir de las ayudas públicas sin intención de compensar a la sociedad que les ha acogido mediante impuestos falla, al menos, en uno de sus puntos clave. Espero en posteriores análisis poder dilucidar qué parte de verdad hay en el otro punto.

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