El espejismo y la realidad: Rajoy gana gracias a la división de la izquierda

DEl espejismo de las encuestas…

Tras un ciclo 2014-2015 trepidante, de importantes realineamientos electorales, parecíamos abocados al cambio electoral perpetuo (elecciones europeas, andaluzas, municipales, autonómicas, catalanas, generales…) y a la ruptura continua de los patrones tradicionales del voto. Las elecciones del 26 de junio marcan, en ese sentido, un primer cambio de tendencia, porque es la primera ocasión en la que vemos un retroceso sustancial de Ciudadanos y Podemos.

Es cierto que la lectura de los resultados del domingo 26 ha estado tan marcada por el error de las encuestas, que el interés inicial ha sido comprender por qué no pasó lo que se esperaba. Un error limitado: acertaron con PSOE y Ciudadanos, pero erraron al identificar el efecto de la polarización. Tiempo habrá para saber qué le pasó a esas encuestas, curiosamente mediante estudios basados en nuevas encuestas.

Todos los que hemos tratado de no distanciarnos de lo que señalaba la mayoría de encuestas nos hemos equivocado al dar credibilidad a escenarios de sorpasso que luego han sido completamente desmentidos. No parece aceptable recurrir a fenómenos de última hora que expliquen el cambio súbito de voto de centenares de miles de votantes: ni efecto Brexit ni votantes volatilizados en el espacio. Más bien la irrupción de la candidatura Podemos-Unidos pareció interferir en la identificación de un electorado que ya venía moviéndose desde enero. Hasta el minuto antes de que se conformara esa coalición, los sondeos señalaban un retroceso sustancial de Podemos. Y el domingo ese retroceso se confirmó: un millón de votantes.

En realidad, no debería sorprendernos excesivamente que los resultados de las elecciones del 26-J sean tan parecidos a los de hace solo seis meses, como argumentaba claramente Fernando Casal-Bértoa. Al fin y al cabo, las encuestas esporádicas hasta mayo señalaban una tendencia general estable, donde ya se apuntaba la caída de Podemos y la recuperación de PP. No había sucedido casi nada que transformara la percepción que cada uno de los electorados respectivos tenía de los partidos a los que habían votado en diciembre, a excepción del acuerdo PSOE-Ciudadanos y del fracaso de la investidura de Pedro Sánchez, que la mayoría de electores atribuyó a Podemos.

Si tratamos de dejar de lado ese miraje demoscópico, los resultados señalan un cambio de tendencia. Era la primera vez,  desde que Podemos y Ciudadanos irrumpieron en las encuestas a nivel estatal, que se repetía el mismo tipo de comicios, aunque fuera por motivos forzados. Y el primer test ha sido negativo: no han logrado mantener el nivel de movilización inicial, mientras que PP y PSOE detienen la sangría electoral y demuestran estar aprendiendo a adaptarse al nuevo contexto. En ese sentido, las elecciones de junio registran el primer cambio ante el período 2014-2015: se recupera la estabilidad a favor de los partidos tradicionales, que juntos suman más porcentaje que en diciembre.

…y el baño de realidad

El período 2014-2015 nos había mostrado la política posmoderna inédita en España: partidos virtuales que escalaban en las encuestas con descaro, emergencia súbita de nuevos votantes que se coordinaban electoralmente mediante liderazgos mediáticos y activismo de calle, redefinición imaginativa de las categorías políticas e ideológicas tradicionales, una moral muy exigente como principio (aparente) de acción política, representación política difusa… Las elecciones de junio han significado un enfriamiento de esa dinámica. La ‘nueva política’ ha topado con la realidad, personificada en tres razones disimuladas por las encuestas.

Por un lado, no hemos sabido valorar acertadamente una obviedad: el PP es el partido con el espacio electoral más sólido a nivel estatal en España (podríamos decir lo mismo del PNV en el País Vasco). No hay alternativa para unos cuantos millones de españoles en el centroderecha y derecha. Ciudadanos no ha abierto boquete en el espacio menos centrado. Por eso, el partido de Rajoy calculó –bien- que sus abstencionistas de diciembre o sus votantes infieles que dudaban de la capacidad de Ciudadanos para detener a la izquierda, solo tendrían una opción en junio: votar al PP. Y ante esa posición de solidez, la división del voto en la izquierda se ha demostrado el correlato principal de la victoria del PP. El retorno de Anguita a los escenarios en esta campaña facilita el paralelismo con la estrategia de IU sobre las dos orillas en los 90s, que culminó con la mayoría absoluta de Aznar. Veinte años después, Rajoy gana gracias a la división de la izquierda.

Muchos votantes de izquierda se preguntan hoy por el impacto nulo de la corrupción, olvidando quizá que ese es uno más de los diversos temas sobre los que los votantes decidirán su voto, y probablemente no es el más importante o fácil de valorar. Ni siquiera los datos (¡de encuestas, por supuesto!) parecen apuntar que ese haya sido un factor distintivo clave en el voto de centro a Ciudadanos, como mostramos en un artículo académico. Sin olvidar que en diciembre de 2015 ya se produjo ese castigo, en buena medida.

Por otro lado, también hemos subestimado la capacidad de resistencia del PSOE, que nos sugiere un elemento importante: que la implantación social y organizativa de los partidos importa, y que los grandes partidos tienen un suelo más resistente –que no eterno- de lo que los nuevos partidos creían. Esto habría evitado la idea de un PSOE convertido en PASOK abruptamente. Esto no significa que se haya detenido el riesgo de sustitución de los partidos del siglo XX en España, pero quizá los más de 100 años de historia del PSOE o los 40 del PP-AP no son tan vulnerables ante estrategias calculadas de movilización política basadas meramente en estados demoscópicos de opinión excepcional.

Desde esa perspectiva, el PSOE quizá ha resistido ante este primer intento de sorpasso porque aún posee fuertes argumentos para ejercer su liderazgo en el centro-izquierda: gobierna en varias autonomías, sus electores no simpatizan mucho con Podemos y tiene mayor capacidad de dialogar con sus adversarios, por muy incómodo que luego esto resulte. Además, ahora posee a un líder fogueado y con cicatrices.

Y, por último, el miraje de la coalición en las encuestas nos ha hecho olvidar, por momentos, algunas lecciones básicas de los estudios electorales: asumir acríticamente que la coalición Unidos Podemos iba a rentabilizar completamente su representación por circunscripciones frente a diciembre, un win-win sin costes. Quizá deberíamos haber tenido más presente lo difícil que resulta que las coaliciones sumen lo mismo que cada partido por separado, sobre todo si suman actores enfrentados, de naturaleza política distinta y que compiten entre sí. No habiendo ocurrido nada exógeno que transformara el escenario de la competición, como dijimos antes, Podemos apostó a que, alterando la oferta electoral –con una nueva candidatura-, podrían provocar que centenares de miles de electores cambiarían drásticamente su voto; pero esa apuesta se ha visto completamente fracasada. Permanece el dilema existencial de los creadores de Podemos: ¿ser IU-2 o un nuevo PSOE? Ambas cosas, Marx y Engels socialdemócratas, Anguita y Zapatero, no ha resultado creíble.

Además, como habíamos mencionado hace algunas semanas, la suma entre Podemos e IU podría tener efectos irrelevantes allí donde Podemos se mostraba más fuerte, y en cambio generaba dudas para rentabilizar la representación allí donde IU, pero también el PSOE, resistía con más fuerza. Al final, a Susana Díaz le ha superado el PP, no Podemos. En Cataluña Ada Colau tiene más motivos para incrementar su autonomía respecto a Podemos.

¿Y ahora qué?

A pesar de todo, las elecciones de junio sí han servido para algo: han clarificado un poco el escenario parlamentario, reforzando algunas opciones y debilitando otras. La apuesta por un gobierno PP-Ciudadanos, que Agenda Pública identificaba como más verosímil desde noviembre en sus notas de prospectiva, tiene más base de apoyo ahora, y queda al alcance de una mayoría parlamentaria con PNV y CC (y la abstención de un diputado del grupo mixto). En cambio, el acuerdo de izquierdas o un tridente PSOE-Podemos-Ciudadanos parece ahora menos viable, porque los tres actores han quedado debilitados.

De ello pueden derivarse otras novedades políticas, en términos de liderazgo y de organización en los partidos, especialmente en los que queden en la oposición. Pedro Sánchez tiene más opciones parta consolidarse como líder de la oposición, e interlocutor privilegiado en caso de reformas políticas y constitucionales. De esta forma, su partido salva el riesgo, sugerido por las encuestas, de encontrarse descabezado y arrodillado en la oposición nada más comenzar la legislatura. En cambio, Pablo Iglesias aparece, por primera vez, como un político vulnerable. Su apuesta ha sido derrotada, y él mismo puede aparecer como una de las causas de ese fracaso. En ese contexto, Iglesias podría iniciar el declive de su estrella carismática.

Más allá de su líder, Podemos encara, a partir de ahora, su proceso de afianzamiento organizativo (lo que los politólogos denominan su institucinalización) en peores condiciones de lo que esperaba. Recordemos que la candidatura Unidos Podemos aglomeraba a casi una veintena de partidos. Y que los mejores resultados de Podemos los obtiene en algunas regiones donde son otros, y no Podemos, quienes llevan el timón. A favor, tiene altas expectativas de cara a consolidar el anclaje generacional de su voto y tratar de rentabilizar un contexto de austeridad que puede mantenerse en la próxima legislatura.

El primer dilema de Podemos surgirá en pocos días: ¿apoyará un presidente del Congreso del PSOE?

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3 Comentarios

  1. Alain Cuenca
    Alain Cuenca 06-28-2016

    Muy buen articulo, pero me ha sorprendido la pregunta final, porque Podemos no apoyó a Patxi López como presidente de la mesa el 13 de enero, votó a Carolina Bescansa. Debería corregir ese «de nuevo».

  2. Juan R.T.
    Juan R.T. 06-29-2016

    Gracia, Alain. Sin duda. Fue un gazapo del ‘corta y pega’ que se nos escapó en la revisión. Rectificamos ipso facto!

  3. Ignacio Casillas Saiz
    Ignacio Casillas Saiz 08-15-2016

    No lo había leído hasta hoy, me parece un análisis muy acertado de lo que pasó el 26 J y lo que puede pasar a partir de ahora. De paso, nunca viene mal la autocrítica a nuestras previsiones y análisis en las Ciencias Sociales.

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